OPINIÓN: Los errores en los debates presidenciales de EU

Muchas veces la pasión o los nervios hacen que los candidatos presidenciales hablen de más o hagan cosas que pueden dar una imagen confusa
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Autor: Julian Zelizer | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Julian Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos en la Universidad de Princeton. Es autor de Jimmy Carter y de Governing America.

(CNN) – Los comentaristas usualmente hacen mucho 'ruido' con los debates presidenciales. La información de las ciencias sociales muestra que hay muy pocos debates presidenciales que hacen una gran diferencia en la dinámica de una campaña. Solo hay unas cuantas excepciones en donde la contienda estuvo increíblemente reñida, como en 1960 o 2000, y el desempeño de los candidatos tuvo algún impacto.

Independientemente de si cambian el juego o no, los debates presidenciales aún son una parte importante de una narrativa más amplia de cada candidato, y que los electores evalúan cuando se paran frente a una urna.

Más importante que hacer un buen papel es no equivocarse. Particularmente en ésta era de YouTube y la comedia de las noticias políticas, cualquier resbalón puede ser parte de un ciclo de noticias de 24 horas. Lo último que quiere hacer un candidato político es darle material a los escritores de Saturday Night Live, quienes están ansiosos de preparar el siguiente show.

Los errores que han cometido los candidatos presidenciales a través de los años son muchos. Un mal lenguaje corporal ha sido un error garrafal común. Por mucho que los candidatos se enfoquen en perfeccionar la esencia de lo que dicen ante las cámaras, una gran cantidad de estadounidenses están muy interesados en ver cómo lo van a decir.

En 1960, el sudor en la ceja del presidente Richard Nixon, la palidez de su piel y sus ojos desorbitados dieron la imagen de un político en el que no se puede confiar del todo.

En 1992, la decisión del presidente George H. W. Bush de ver el reloj mientras que alguien le estaba haciendo una pregunta durante una reunión de asamblea pública con Bill Clinton dio la impresión que no le interesaba o que tenía poca paciencia con los estadounidenses luchando por salir de la recesión.

Los continuos suspiros del vicepresidente Al Gore durante su debate en 2000 contra George W. Bush lo hizo ver arrogante y así fue más difícil que le gustará a la gente. En otro momento raro, Gore caminó hacia Bush mientras que éste contestaba una pregunta, viéndose como un bully escolar tratando de espantar a su oponente mientras que hablaba.

La apariencia es importante, pero también lo son las palabras. La manera en la que los candidatos empaquetan sus ideas puede importar mucho. Aunque los candidatos siempre están tentados a probar que saben su propio discurso, algunas veces muchas palabras pueden ser mortales.

En 1980, el presidente Jimmy Carter ofreció una respuesta larga y llena de información  cuando le preguntaron acerca del seguro de salud. Ronald Reagan simplemente se volteó a verlo y dijo, "¡Ahí vas otra vez!" Reagan uso solo esas palabras para hacer que la gente se preguntara si Carter, con todo su conocimiento, realmente sabía de lo que estaba hablando y si podía ser de fiar.

En 1984, la respuesta dispersa a una pregunta, en donde parecía tener problemas para poner en orden sus ideas y para contestarla, hizo que la gente se preguntara si no estaba muy viejo para ser presidente.

Sin embargo Reagan, recuperado, dio la vuelta a su oponente, Walter Mondale en el siguiente debate, cuando dijo, "Quiero que sepas que no voy a hacer de la edad un problema para esta campaña. No voy a explotar, con propósitos políticos, la juventud e inexperiencia de mi oponente".

La forma en que los candidatos responden muchas veces le dicen al electorado bastante acerca de la personalidad de un candidato.

En 1988, el gobernador de Massachussetts Michael Dukakis contestó con indiferencia clínica cuando Bernard Shaw de CNN le preguntó si apoyaría la pena de muerte para alguien que violara y matara a su esposa.

"No, no lo haría Bernard, y creo que sabes que me he opuesto a la pena de muerte toda mi vida. No veo ninguna evidencia que sea un freno y creo que hay maneras más efectivas para lidiar con un crimen violento".

Mientras que repetía su oposición por la pena de muerte, Dukakis parecía no ver el hecho de que el panel lo quería ver luchar con su difícil decisión. La fría respuesta dio la imagen de un político a quien le faltaba calor o pasión.

Las metidas de pata verbales también tienen la capacidad de convertir un debate en un dolor de cabeza mayor. Antes de su debate de 1976 en contra de Carter, el presidente Gerald Ford se preparó con muchas ganas para responder a las críticas que vendrían de la derecha y la izquierda, porque su política de distensión con la Unión Soviética  significaba que esencialmente había aceptado la continuación del comunismo. Cuando Ford contestó a una pregunta diciendo que no había "ningún dominio soviético de la Europa del Este, y que nunca la habría durante una administración de Ford", lo que quiso decir es que no aceptaba su legalidad ni que la gente viviera bajo el régimen comunista.

Cuando un reportero impresionado le hizo preguntas, Ford simplemente repitió su declaración. Sin perder un momento, Carter atacó la declaración haciendo que la gente se preguntara si Ford sería capaz de manejar las responsabilidades de la presidencia.

Los debates presidenciales están llenos de minas para los candidatos. Hasta en una época en la que todo en la política está tan encriptado y sobrepreparado, los debates televisados siguen siendo un evento en donde se cometan errores.

Con las cámaras de televisión enfocadas en todo lo que hace un candidato, el complejo análisis industrial y político está listo para atacar cada palabra y movimiento, el presidente Barack Obama y Mitt Romney, particularmente con la carrera todavía tan cerrada, deben entrar con cuidado y ser conscientes de cuántos de sus predecesores han caído en esta arena.

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Para Obama, el reto será  de apariencia, para dar la impresión de liderazgo fuerte que sus críticos dicen que le hace falta y que los independientes todavía están tratando de evaluar. Romney necesitará evitar el tipo de resbalones que lo han metido repetidamente en problemas y mostrar a través de sus respuestas y su conducta que no representa solo al 1% de los estadounidenses.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Julian Zelizer.

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