OPINIÓN: La cultura, el elemento olvidado de la educación en México

El país necesita elaborar un plan integral que impulse a las nuevas generaciones a estar más interesados en su riqueza cultural
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María Teresa Uriarte
Autor: María Teresa Uriarte | Otra fuente: 1
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Nota del editor: María Teresa Uriarte es coordinadora del departamento de difusión cultura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

(CNNMéxico)— Debatir sobre los temas de difusión cultural, apoyo a la creatividad, orquestas juveniles, apoyo a la danza, vinculación con la educación y un sinfín de cuestiones análogas, son, en nuestro tiempo, materia de una debida y necesaria reflexión a profundidad. Son temas ricos y complejos, llenos de aristas interesantes.

¿Qué hacer en cultura en un país que tiene 6 millones de analfabetas? ¿Llevar cultura a los grupos indígenas de México? O mejor aún, establecer en el sistema educativo de los estados en que se hablan lenguas indígenas la obligatoriedad en los niños de aprender al menos los conceptos básicos de esas lenguas, que son marginadas y no —como debieran— un medio de valoración de la riqueza cultural que tiene nuestro país, de la cual hacemos gala continuamente y que en realidad no han sido más que un instrumento de discriminación.

Hay numerosos escritos sobre la necesidad de vincular a la cultura con la educación.

La experiencia venezolana con las orquestas y coros juveniles de ese país, no solo dio a los jóvenes la oportunidad de integrar la música a su mundo, sino que el programa que inició José Antonio Abreu ha sido reproducido en distintos países latinoamericanos con resultados asombrosos.

¿Cómo perdimos en México esa conexión de la educación con la cultura? ¿Sería utópico pensar que nuestros niños y jóvenes tendrán acceso al mundo maravilloso de las artes desde la edad más temprana?

La estimulación del hemisferio derecho del cerebro está comprobado que genera un incremento de la creatividad que se refleja en todas las facetas de la actividad cerebral, no solo en la relacionada con las artes sino con las matemáticas, las ciencias o la economía. Diferentes universidades en el mundo incorporan al quehacer cultural como parte de su currículo.

Vargas Llosa transmite el concepto de T.S. Eliot —ganador del Premio Nobel de Literatura en 1948— respecto a que la cultura es patrimonio de una élite y que de ello depende su supervivencia, pero si revisamos la experiencia de Alemania veremos que la música y los coros formaban parte de su actividad escolar desde los inicios del siglo XX. Los museos de Berlín poseen desde la misma época un discurso coherente que va desde la prehistoria hasta el arte de vanguardia. ¿Acaso esto es algo tan difícil de alcanzar cien años después en México?

Me parece que la estimulación de la creatividad y la enseñanza de las ciencias no pueden ser actividades disociadas, sino todo lo contrario. En México debemos crear una red de centros de ciencias serios y bien diseñados, no solo ludotecas. Creo que los museos en México están desaprovechados y es necesario tener una red nacional de museos que englobe a los centros de ciencias con los de historia o arqueología para permitir que el visitante tenga una idea más cercana a la realidad de un conocimiento completo y no fragmentado, tal y como lo es en la mente humana.

Estoy convencida de que la enseñanza de las artes como parte integral de la vida escolar es factible con base a los números de egresados de las escuelas de arte que hay en el país. Un sistema nacional de enseñanza de coros y de música es algo que también puede iniciar relativamente pronto.

La cultura no puede estar separada de la educación y los diferentes grupos sociales de México deben formar parte de las enseñanzas más valiosas.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a María Teresa Uriarte.

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