Demandas contra grandes bancos continúan

Las querellas legales contra bancos pueden llevar a una mayor regulación, dice Paul R. La Monica; los grandes bancos se han convertido en un blanco fácil en la política.
demandas bancos  (Foto: Cortesía CNNMoney)

Ha sido un gran año para las acciones bancarias. El índice bancario KBW ha subido más de 30%, superando fácilmente al mercado en general. Y Bank of America ha escalado casi 70%, convirtiéndose de lejos en el título que mejor desempeño ha tenido en el índice industrial Dow Jones.

A primera vista, tiene sentido que los inversionistas bancarios están entusiasmados. Aunque la actividad de fusiones y el mercado de las OPI se mantienen todavía flojos, los bancos seguramente reportarán sólidas ganancias para el tercer trimestre.

El mercado de la vivienda finalmente parece estar mejorando; la calidad del préstamo al consumo parece ser buena; la morosidad de tarjetas de crédito está en su punto más bajo en 11 años.

Además, la Reserva Federal (Fed) estadounidense y el Banco Central Europeo (BCE) podrían seguir con su política de flexibilización monetaria por mucho tiempo (si me permiten el cálculo, hasta que Daniel Radcliffe -Harry Potter- tenga la edad suficiente para personificar a James Bond en la gran pantalla).

Entonces, ¿por qué los grandes bancos deberían mantenerse como fuente de nerviosismo para los inversionistas? Porque los riesgos legales siguen siendo un oscuro nubarrón que se cierne sobre la industria. Y no se disipará pronto.

La demanda que interpuso el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Wells Fargo, uno de los títulos bursátiles favoritos de Berkshire Hathaway, la firma de Warren Buffett, y que por mucho tiempo se consideró entre los "mejores" bancos del sistema, es el último ejemplo de cómo las autoridades reguladoras de todo el mundo siguen buscando (y al parecer hallando) pecados graves cometidos por los grandes bancos durante el período previo y al comienzo de la crisis financiera.

El Departamento de Justicia alega que Wells Fargo aprobó de manera fraudulenta miles de hipotecas de la Administración de Vivienda Federal entre los años 2002 a 2010. Esta demanda sigue a otras similares presentadas en contra de Citigroup y Deutsche Bank a principios de este año. Ambos bancos terminaron resolviendo los cargos en un acuerdo extrajudicial.

Los gobiernos estatales y locales también están en esa búsqueda agresiva de ‘esqueletos en el armario'. La semana pasada, el fiscal general de Nueva York demandó a JPMorgan Chase a causa de titulizaciones hipotecarias creadas por Bear Stearns, hoy propiedad de JPMorgan Chase. El fiscal Eric Schneiderman dio a entender que se preparaban más demandas.

El Departamento de Servicios Financieros del estado de Nueva York también hizo olas este verano, cuando demandó el banco británico Standard Chartered, alegando que la institución lavaba dinero proveniente de Irán a pesar de que existen sanciones económicas contra el país.

De igual forma, la fiscalía de Los Ángeles ha acusado a la firma estadounidense Bancorp, otro de los favoritos Buffett que era bien visto entre los inversionistas por no ser como las grandes firmas de Wall Street, de ser un slumlord; un casero absentista, por la forma en la que el banco ha ejecutado embargos para después dejar las casas abandonadas a su suerte, incumpliendo la obligación de darles mantenimiento.

Al otro lado del charco, las medidas enérgicas contra Barclays sobre el escándalo por la manipulación del Libor muestran que el mayor escrutinio sobre los gigantes de la banca no es un fenómeno exclusivamente estadounidense.

Claro, ninguno de los grandes bancos parecen correr el riesgo de que estos problemas jurídicos afecten sus balances. Hay que reconocer que casi todas las principales instituciones financieras del mundo se encuentran ahora en una mejor situación, en términos de capital, que la que tenían hace cuatro años.

Pero tampoco hay que desconocer que estas querellas legales son, como mínimo, una distracción. Cuanto más tiempo pasen los bancos combatiendo a los reguladores y sopesando acuerdos extrajudiciales, menos tiempo dedican a centrarse en su negocio principal y en cuestiones operativas.

Más importante aún, el hecho de que los bancos sigan bajo la lupa por sus transgresiones pasadas aumenta las posibilidades de que se establezcan reglas aún más estrictas por parte de las autoridades de todo el mundo. Y eso podría limitar el crecimiento de sus ganancias futuras.

No importa si pensamos que los gobiernos están excediéndose en su esfuerzo por regular a los bancos. Ése es otro debate. La realidad es que los bancos aún tienen una enorme diana dibujada en sus espaldas, son un blanco claro.

Cuando el propio candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos acusa a su rival demócrata de haberle dado a la banca de Nueva York el "beso más grande" que ha visto, es una señal clarísima para que las grandes firmas financieras comiencen a preocuparse.

Romney está tratando de pintar a Obama como un amigo de Wall Street, algo risible si tenemos en cuenta cuánto se han quejado esos grandes bancos por la ley Dodd-Frank que reforma el sistema financiero.

Los grandes bancos son un blanco político muy conveniente. Hay pocas desventajas cuando se atacan a los BofAs, JPMorgans y Citis del mundo. Lo que es más, exhibir el mal comportamiento de los grandes bancos es a menudo una forma de generar buena prensa para litigantes que aspiran a puestos más altos.

Si consideramos todo eso, puedo imaginar durante los próximos años un entorno donde los grandes bancos sigan bajo constante ataque legal. Y eso, lo sabemos, no serán buenas noticias para sus ganancias o sus acciones.

*La Monica es editor adjunto en CNNMoney.

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