OPINIÓN: Vivir desde lo más alto de un árbol, en defensa de todo un bosque

La activista ambiental Miranda Gibson lleva meses sobre un eucalipto en un intento por proteger la vida de un bosque en Australia
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miranda, activista, planeta, ambiente, bosque  miranda, activista, planeta, ambiente, bosque  (Foto: )
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Autor: Miranda Gibson | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Durante 10 meses, la activista ambiental Miranda Gibson ha estado viviendo en una plataforma en un árbol de Eucalipto a 60 metros de altura del bosque sureño de Tasmania. Ella prometió quedarse ahí hasta que los bosques reciban mayor protección del estado contra la tala. Gibson escribe un blog desde su Observertree.

Tyenna Valley, Tasmania (CNN) — Como muchos, he esperado con ansiedad el resultados de las "pláticas de paz de los bosques" de Tasmania.

Pero a diferencia de la mayoría, lo he hecho desde una altura de 60 metros, arriba de un árbol, instalada en la copa de un viejo Eucalipto cuyo destino depende de algunos acuerdos. Un árbol al que trepé hace 10 meses y del que prometí no bajarme hasta que los bosques sean protegidos.

Y luego llegó la noticia de que las pláticas habían colapsado.

Los dos años de pláticas entre grupos ambientales, sindicatos y las industrias de madera fallaron para encontrar una solución para sacar a la industria de la crisis y proteger a los bosques de alto valor de conservación de Tasmania. El hecho de que no haya trato significa que la tala de bosques continuará.

El árbol que ha sido mi hogar desde el 14 de diciembre de 2011 es parte de las 572,000 hectáreas en el centro del debate. Verificado por expertos científicos por tener un valor patrimonial, debería de estar en camino a ser protegido formalmente. ¡Y yo debería de estar en camino a bajarme de este árbol y hacia un buen baño caliente!

Desafortunadamente la industria forestal tiene otros planes.

Ni la ciencia ni la economía ganaron. La industria forestal de Tasmania está en crisis y es financiada con fondos de los contribuyentes. Hay algunos que querrán esconder sus cabezas bajo la tiera, pero no podemos seguir ignorando las realidades del mercado de hoy en día, de una tendencia mundial hacia los productos ambientalmente compatibles.

Desde la plataforma de mi árbol, he hablado vía Skype con miles de personas alrededor del mundo. Y el mensaje es claro, la gente no quiere comprar muebles y pisos que provienen de la destrucción del hábitat o de especies en peligro de extinción.

La falta de resultados en las pláticas ha creado un futuro incierto para los bosques de la región. Y en consecuencia, incertidumbre para mí. Sin un final a la vista, ¿quién sabe cuánto tiempo pasará antes de que vuelva a poner un pie en el suelo?

Ya obtuve el récord australiano de la persona que ha pasado más tiempo en un árbol, después de que llegué a los 209 días en julio de 2012. Espero, por el bien de los bosques, no romper el récord mundial de Julia Butterfly Hill, quien se quedó dos años sentada en un bosque de secoya.

En las ramas altas de este árbol de 400 años de edad he resistido vientos, nieve, granizo y condiciones extremas. Ha sido un duro invierno, eso es seguro. Y el clima no es el único reto.

Vivir en una plataforma de un metro suspendida en las copas de los árboles le suma dificultad a las tareas diarias que alguna vez fueron sencillas, como no abrir la llave del agua caliente o ir de compras si se te acaba la leche. Me tengo que bañar en una cubeta chiquita. Y subo todo lo que necesito con una cuerda, confiando en el apoyo de la comunidad, con sus donaciones de comida y provisiones.

Afortunadamente el apoyo ha llegado por montones. Todas las personas que han llegado a la base del árbol para agradecerme han sido abrumadoramente inspiradoras. Y me ha ayudado a superar la parte más difícil de esta experiencia: la soledad de estar separada de mis seres queridos.

Sin embargo, sin importar el reto, hay muchos momentos en los que me quedo maravillada por la belleza de este bosque. La nieve en el bosque durante el invierno, los cielos estrellados en las noches de verano o ver a las águilas que están en peligro de extinción elevarse hacia el cielo.

He visto las estaciones llegar e irse. Y con ellas la nueva vida en el bosque. Los conservacionistas colocaron cámaras escondidas en el bosque de abajo, capturando video de una madre de demonio de Tasmania un día antes de que empezara la tala. Esta especie icónica australiana está en el listado de especies en peligro de extinción.

Afortunadamente, gracias al impacto de mis acciones en el bosque a través de la difusión de los medios, los taladores se fueron una semana después, concediéndole a estos jóvenes demonios una oportunidad de sobrevivir. En febrero de 2012, para nuestro deleite, se les tomó video para explorar su mundo. Tristemente, con la caída de las pláticas, la tala de su hábitat podría continuar cualquier día.

Mucha gente me pregunta por qué estoy dispuesta a sacrificar todo en mi vida y renunciar a mi oportunidad de pasar tiempo con mi familia y amigos, y poner en pausa mi carrera como maestra de escuela, para sentarme en un árbol.

Pero cuando veo a mi alrededor, desde este único e irremplazable ecosistema, la respuesta es simple: me siento en este árbol porque desde aquí creo que es posible salvar a este bosque de una vez por todas.

Claro, eso requiere de algo más que una mujer sentada a 60 metros del piso. Se necesita de la comunidad internacional. Y he podido compartir mi historia con el mundo.

Espero que mis esfuerzos sean un catalizador, inspirando a otros a decir no a los productos de madera que vienen de prácticas forestales no sustentables. Y le digan sí a la protección de los bosques que son importante a nivel mundial.

A pesar de la nube de incertidumbre que planea ahora sobre el futuro de estos bosques, estoy cien por ciento comprometida con quedarme en este árbol durante el tiempo que sea necesario para asegurarme de que reciba la protección que merece.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Miranda Gibson.

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