OPINIÓN: Jesús era más 'terrenal' y menos limpio de lo que te imaginas

La imagen clásica de ser una divinidad pulcra está alejada de ese hombre que vivía en una zona rural y era vagabundo
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Autor: Johnnie Moore | Otra fuente: 1

Nota del editor: Johnnie Moore es autor del libro “Dirty God” (#Dirty God). Es profesor de religión y vicepresidente de la Universidad Liberty. Puedes seguirlo en su cuenta de twitter: @johnnieM

(CNN) — Jesús se parecía a ti más de lo que te imaginas, y era menos limpio de lo que representa en esa clásica imagen suya en la que flota alrededor de la cultura.

Conoces la imagen. Es aquella en la que Jesús camina como si flotara en ropas blancas inmaculadas mientras lo siguen unas aves que cantan alguna cancioncilla santa. Está pulcro, con manicura y claramente es... Dios.

Sin embargo, a pesar de que la creencia cristiana indica que Jesús era tanto dios como hombre, Jesús era una divinidad un tanto sucia. Era el hijo "terrenal" de un carpintero; la vida en el primer siglo de nuestra era fue más desagradable y burda de lo que nuestra memoria colectiva religiosa parece recordar.

Para ello, recientemente insinué a varios asombrados colegas que Jesús realmente tenía que ir al baño, incluso a un costado del camino entre Capernaum y Jerusalén, de ser necesario.

Enloquecieron cuando insinué que, al igual que cualquier otro ser humano que vivía en el mundo rural de la época, pudo haber tenido disentería en un par de ocasiones.

Alguien dijo: "¿Quieres decir que Jesús podría haber tenido diarrea severa?".

"Sí", respondí. "Eso es precisamente lo que quiero decir".

Parece una afirmación obvia si crees que Jesús era "totalmente dios" y "totalmente hombre" (como lo creen la mayoría de los evangélicos que lo llaman Encarnación), sin embargo para algunos de nosotros esto parece inapropiado, si no es que un sacrilegio, imaginar a Jesús de esa forma. Podríamos creer que dios también era hombre, pero lo imaginamos con un omnipresente halo sobre su cabeza.

Sin embargo, el Jesús de la biblia era en realidad más humano de lo que la mayoría de las personas piensan.

Lo llamo el lado sucio de Jesús. Era tan rudimentario y parecido a nosotros que esa es una de las razones por las que miles de personas lo siguen. Podían identificarse con él.

Era el maestro de un pequeño pueblo, quien conocía y entendía la inseguridad económica común en el siglo I. Las circunstancias deben haber sido difíciles para Jesús en algunas épocas de su vida, ya que hablaba de no tener casa, de tener que dormir en el piso o de no tener un techo que lo cubriera.

También sabía cómo se sentía que rechazaran su mensaje y ser incomprendido. En su ciudad natal consideraban que Jesús era un individuo tan insignificante que uno de sus críticos alguna vez comentó burlonamente: "¿No es este el hijo del carpintero?" Más tarde, Jesús tuvo que mudarse a otra ciudad (Capernaum) porque sus enseñanzas habían enfurecido tanto a la gente de su ciudad natal que lo expulsaron de Nazaret y hasta intentaron arrojarlo a un barranco.

El verdadero Jesús tenía tierra bajo las uñas y callos en las manos. Probablemente olía mal por sudar copiosamente bajo el sol de Judea durante sus largas caminatas hacia Jerusalén, y sin duda se decía que era un hipócrita o que estaba totalmente loco por el tiempo que pasaba con las prostitutas y los leprosos. Su imagen no era precisamente impecable.

Tenía una reputación un tanto turbia.

Algunas personas pensaban que era un revolucionario. Los líderes religiosos lo llamaron hereje y otros lo acusaron de ser borracho y glotón, en gran parte a causa del grupo vagabundo de discípulos que lo acompañaba. Ningún líder religioso serio de su época habría reclutado a esa gente.

Entre sus 12 discípulos principales, Jesús contaba con un pescador fuerte y grande llamado Pedro; un recaudador de impuestos (la figura popular más odiada de la época) de nombre Mateo; un futuro traidor que robaba de la cesta de los donativos, Judas, un hombre lleno de dudas reconocido como Tomás; dos deportistas apodados 'los Hijos del Trueno', que eran Santiago y Juan, y por último, Simón el Zelote, miembro de un partido político radical que creía en el uso de la violencia para expulsar a los romanos.

Jesús también recurría al sarcasmo. A veces respondía a los fariseos con un tono adecuado para la televisión de media noche y avergonzaba terriblemente a todos los que lo rodeaban. Jesús llegó a llamar a estos respetados maestros religiosos "serpientes", supuestos hijos de "satanás".

Ese no es precisamente el comportamiento de un dulce maestro de autoayuda con un halo sobre su cabeza. Es el comportamiento de un hombre frustrado que podría ser divino, pero que ciertamente sabía lo que se siente que la gente fastidiosa te colme la paciencia.

Los cristianos también creen que Jesús eligió nacer completamente humano, pero, ¿por qué?

Muchos teólogos, a lo largo de los siglos, han tratado de privar a Jesús de su humanidad, al definirla en términos filosóficos. Creo que es más simple que la filosofía, los concilios de la Iglesia y los siglos de discusiones.

La brillantez del cristianismo yace en la imagen de un dios, llamado Jesús, que llegó con las manos sucias.

Él llegó en una época en la que los dioses grecorromanos tenían templos enormes en su honor y se les representaba con poderes y físicos sobrehumanos. Se creía que los dioses estaban muy lejos de la gente, en sus montañas o encerrados en sus santuarios.

Jesús desafió a estas predominantes representaciones.

No llegó arrojando rayos desde la cima de una montaña, ni jugando a la política en Roma. Vivió en una típica aldea de Medio Oriente llamada Nazaret, que albergaba a un par de cientos de personas comunes. No optó por ostentar su poder, sino por pasar la mayor parte de su tiempo con los desvalidos y los marginados. Cuando inició un movimiento religioso que cambió la historia, lo hizo de la forma más profunda y anticlimática: dejó que lo mataran y luego escapó de la tumba.

En Jesús encontramos un salvador que entendía el deseo de dormir unas horas más y que a veces controlaba su temperamento. Nos identificamos con él porque eligió ser uno de nosotros.

Fue el dios que se ensució para que las almas del mundo pudieran limpiarse.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Johnnie Moore.

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