OPINIÓN: ¿Por qué el 2013 será el año del cambio climático en el mundo?

Incentivar la inversión en energía sustentable y eliminar las barreras de mercado son parte de los retos para planear una agenda climática
Andrew Steer
Autor: Andrew Steer | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Andrew Steer es presidente y CEO del Instituto de Recursos Mundiales, un centro de expertos que trabaja con gobiernos, empresas y sociedad civil para encontrar soluciones sostenibles a desafíos medioambientales y del desarrollo.

(CNN) — Mientras los líderes mundiales se reúnen en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, las señales de esperanza económica planean sobre nosotros. La economía global está en recuperación. En todo el mundo, la clase media se expande en un aproximado de 100 millones de personas por año. Y la calidad de vida de millones de personas en Asia y África crece a un ritmo sin precedentes.

Las amenazas abundan, por supuesto. Uno de los riesgos desatendidos —el cambio climático— parece que por fin se posiciona entre las prioridades más importantes en las agendas de los círculos políticos y de negocios.

Cuando hace poco el Foro Económico Mundial solicitó a 1,000 líderes de la industria, el gobierno, la academia y sociedad civil clasificar las advertencias de la próxima década para el informe de Riesgos Globales 2013, el cambio climático fue colocado entre los tres primeros. Y en su segundo discurso de toma de posesión, el presidente Obama identificó al cambio climático como una prioridad en su gobierno.

Por una buena razón: el año pasado fue el más cálido registrado en Estados Unidos, y los récords de sucesos climáticos extremos fueron rebasados en todo el mundo.

Presenciamos más sequías, incendios forestales y el incremento del nivel de los mares. El actual clima árido en EU acabará con aproximadamente el 1% del PIB estadounidense, y está en camino a ser el desastre natural más costoso en su historia. Los daños provocados por el huracán Sandy costarán otro 0.5%. Y un estudio reciente halló que el costo del cambio climático es de aproximadamente 1.2 mil millones de dólares al año en el mundo, o el 1.6% del PIB mundial.

El cambio a fuentes de energía bajas en carbono es fundamental para mitigar los efectos del cambio climático. La actual combinación de energéticos cambia rápidamente, pero, ¿va en la dirección correcta?

El carbón es el mayor impulsor de las emisiones de dióxido de carbono provenientes de la energía con más del 40% del total mundial. Aunque la demanda de carbón ha disminuido en Estados Unidos tras cerrar 55 plantas que funcionaban con carbón, el sector continúa su crecimiento a nivel mundial.

Hace poco, el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), identificó 1,200 nuevas propuestas de plantas de carbón en todo el mundo. Y el año pasado, Estados Unidos alcanzó un nivel récord en las exportaciones de carbón, es decir, transfiriendo las emisiones estadounidenses hacia el extranjero.

Mientras tanto, el gas de esquisto experimenta un auge. La producción en EU ha aumentado casi diez veces desde 2005, y China, India, Argentina, y muchos otros países tienen enormes reservas potenciales. Este descubrimiento puede ser una bendición económica, debido a que las emisiones de carbono de este gas son aproximadamente la mitad de las derivadas del carbón.

Sin embargo, aunque el gas es un importante puente y un componente para un futuro bajo en carbono, no puede llevarnos a donde necesitamos en su totalidad.

Las emisiones de gases de efecto invernadero en los países industrializados deben reducirse entre un 80% y un 90% para el 2050 si queremos evitar los efectos más catastróficos del cambio climático. Y existen pruebas de que el gas desplaza a las energías renovables.

La energía sustentable —sobre todo la solar y la eólica— son los claros ganadores cuando se trata de reducir las emisiones. Desafortunadamente, a pesar de la caída de precios, los mercados financieros siguen siendo en gran medida reticentes al riesgo. Muchos inversionistas no tienen disposición o simplemente no ven un negocio en energía renovable. Como resultado de esta forma de pensar, junto con la incertidumbre política y la proliferación del gas de bajo costo, la inversión en energías renovables cayó el año pasado 11%, hasta llegar a los 268 mil millones de dólares.

¿Qué necesitamos para encaminarnos correctamente?

Incentivar la inversión en energía renovable.

Actualmente, más de 100 países cuentan con objetivos en materia de energía renovable, más de 40 países en desarrollo han introducido tarifas dirigidas al sector, y países que van desde Arabia Saudita hasta Sudáfrica apuestan por ese mercado en crecimiento.

Muchos países también estudian el comercio de carbono, entre ellos la UE, Corea del Sur y Australia. Este año, China estableció proyectos comerciales piloto en cinco ciudades y dos provincias, con el objetivo de formar un programa nacional para el 2015.

Eliminación de las barreras de mercado

A pesar de la creciente demanda de energía renovable a menudo queda insatisfecha debido a las numerosas barreras regulatorias, financieras y psicológicas en los mercados.

En un esfuerzo por resolver esta situación, el WRI puso en marcha el Grupo de Desarrollo del Mercado de la Energía Verde, en India, el cual reúne a la industria, el gobierno y las organizaciones no gubernamentales para construir un apoyo crucial dentro de este segmento.

Una docena de empresas importantes de diferentes sectores —como Infosys, ACC, Cognizant, IBM, Wipro y otras— se han unido a la iniciativa. Este tipo de asociaciones entre gobierno, industria y servicios públicos, construidas sobre modelos de gran éxito en otros lugares, pueden incentivar el desarrollo de energía limpia hacia otras escalas.

Davos será clave para construir un plan durante las reuniones de la Alianza de Acción para el Crecimiento Verde (G2A2).

Quitar el riesgo a las inversiones          

Por razones técnicas, políticas y financieras, a menudo los riesgos son más altos para las energías renovables que para la de origen fósil. Solucionar estos riesgos es la gran tarea pendiente para producir la necesaria transformación energética.

Aparecieron algunos mecanismos nuevos de financiamiento que pueden ayudar a reducir el riesgo y así hacer uso de las grandes sumas de financiamiento. Por ejemplo, el Fondo Verde para el Clima podría, si se administra de manera correcta, ser un importante centro para recaudar fondos e impulsar nuevas inversiones.

Del mismo modo, el reciente compromiso de los bancos multilaterales de invertir 175 mil millones de dólares para desarrollar un transporte sostenible podría ayudar a movilizar más fondos de los sectores público y privado.

Algunas empresas con miras al futuro buscan crear incentivos internos para las inversiones verdes. Por ejemplo, empresas como Unilever, Johnson & Johnson y UPS han tomado medidas para reducir las tasas internas y cambiar el pensamiento estratégico hacia horizontes a largo plazo.

Davos es el lugar idóneo para la búsqueda de soluciones a estos temas, los cuales requieren liderazgo y formación de coaliciones entre los sectores público y privado. Por ejemplo, el G2A2, una alianza de altos directivos comprometieron a hacer frente a los riesgos climáticos y ambientales, lanzará el Informe sobre las Inversiones Verdes, precisamente con el objetivo de que "el dinero fluya a favor del crecimiento verde".

Dependiendo de lo que suceda en Davos, en otros foros y encuentros parecidos, el 2013 podría ser un cambio de la manera en que se conducen las cosas.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Andrew Steer.

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