OPINIÓN: El camino hacia la ciudadanía en EU será largo y complicado

La reforma inmigratoria podría no ser la respuesta para que los migrantes alcancen un estatus legal en el país
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Autor: Ruben Navarrette Jr | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Ruben Navarrette es colaborador de CNN y columnista que vende sus escritos a diversas publicaciones nacionales con el Grupo de Escritores del Washington Post. Puedes seguirlo en su cuenta de Twitter: @rubennavarrette

(CNN) — Ser originario de Estados Unidos significa nunca tener que pensar en la ciudadanía. Esas preocupaciones son para los inmigrantes, tanto para los que viven de manera ilegal y quieren la oportunidad de obtener el estatus legal, como para aquellos que ya lo tienen y les gustaría ascender a la ciudadanía y obtener todos los beneficios que vienen con ella, entre ellos votar.

Entre más profundas sean las raíces nativas es menos probable que se piense en la ciudadanía. Mis dos papás, tres de mis cuatro abuelos y la mitad de mis bisabuelos nacieron en Estados Unidos. Así que apenas he pensado en eso.

Hasta ahora. He escrito sobre inmigración durante casi un cuarto de siglo. Quiero que se ponga fin al frenesí de la deportación provocado por el gobierno de Obama y una oportunidad para los cerca de 11 millones de inmigrantes ilegales de adquirir ese estatus.

Las soluciones a estos apremiantes problemas giran alrededor de la ciudadanía y lo que debería costar. Más allá de la seguridad fronteriza, trabajadores temporales, sanciones a los empleadores o reformas al proceso de admisión de los inmigrantes legales, el tema se ha convertido en la pieza clave de la reforma inmigratoria.

Si se reuniera a 100 inmigrantes indocumentados y se les pregunta cómo se sienten en relación a la ciudadanía, probablemente tendremos 100 respuestas distintas. Algunos valoran la oportunidad de establecerse legalmente, mientras que a otros les da lo mismo y se conformarían con una licencia de conducir y el derecho a viajar libremente a través de las fronteras.

Esas opiniones de carácter tan diverso hacen que para los reformadores sea difícil saber lo que deben exigir en las negociaciones, en qué es en lo que deben insistir y si es necesario, y qué es lo que deben estar dispuestos a abandonar para lograr un acuerdo.

Algunos republicanos de la Cámara señalaron que podrían estar dispuestos a tener una opción de punto medio por la cual millones de inmigrantes ilegales obtengan la residencia, aunque no el camino a la ciudadanía, tal y como piden los demócratas. Y las señales parecen indicar hacia todos lados.

En una audiencia del Comité Judicial de la Cámara, la primera que se tiene sobre inmigración durante este periodo, el representante republicano por Idaho, Raúl Labrador, dijo a los demócratas que —si dejan a un lado la política y renuncian a un camino a la ciudadanía— encontrarán "buena voluntad aquí en la Cámara de Representantes para trabajar juntos y de verdad aprobar una solución pragmática al problema actual para resolver y modernizar el sistema de inmigración en los próximos años".

El líder de la mayoría en la Cámara, Eric Cantor, ofreció un discurso en el American Enterprise Institute, que es un centro conservador de especialistas, y en donde se refirió a la reforma inmigratoria integral, aunque afirmó que sin ciudadanía es "hacer lo correcto".

Cantor incluso cambió de parecer sobre la idea de ofrecer un camino hacia la legalización y la ciudadanía a los estudiantes inmigrantes ilegales que llegaron a EU cuando eran niños. Estaba en contra de ello hasta antes de que rectificara y se mostrara a favor de la idea.

Y el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, también mostró un espíritu cooperativo. Al hablar ante la prensa se negó a apoyar la ciudadanía y lo calificó como "una parte muy difícil" de legislar, aunque recalcó la importancia de alcanzar soluciones bipartidistas.

El camino a seguir es una solución "de punto medio". Hacer que los republicanos —y, francamente, los demócratas conservadores y pro trabajo— apoyen un camino a la ciudadanía sería algo bastante difícil. Pero sería peor desaprovechar este momento histórico y quedar con las manos vacías.

Para los republicanos, la política de esto es perder-perder. De cualquier manera encontrarán la ira de los votantes. Pero deben persistir y, o bien hacer que no sea aprobada o, como último recurso, hacer todo lo posible para que no sea algo sencillo de obtener. ¿Por qué no? Porque la ciudadanía estadounidense tiene un gran valor y no hay que regalarla.

Los ciudadanos nacidos en Estados Unidos no lo necesitan. Lo conseguimos sin esfuerzo ni sacrificio. Me las arreglé para nacer —hace 45 años— en un hospital de Fresno, California. Y lo demás fue sencillo.

Warren Buffet utiliza la frase "la lotería de la matriz" para describir el concepto de riqueza heredada. Pero también aplica para esto.

La ciudadanía no tiene precio. Es mucho más que votar. Se trata de convertirse en parte del tejido estadounidense y su comunidad. Conocer su historia y ser lo suficientemente sabio como para aprender de ella.

De saber inglés, incluso mientras nos esforzamos por aprender nuevos idiomas. Es renunciar a la lealtad hacia otro país o bandera, y como el presidente Kennedy dijo: no hay que preguntarse lo que tu país puede hacer por ti sino lo que tú puedes hacer por tu país.

Aceptar que con los derechos llegan las responsabilidades. Se trata de estar orgullosos de ser parte de una narrativa que incluye a personajes de la talla de Thomas Jefferson y Thomas Edison, Martin Luther King y Thurgood Marshall, Robert Kennedy y Robert Frost, César Chávez y Sonia Sotomayor. Sobre todo, debemos reconocer y aceptar que la grandeza de este país hace que, en comparación, todos nos veamos pequeños.

Hay mucho en que pensar. Así que, lo antes posible, otorguemos el estatus legal a los indocumentados para que no puedan ser deportados por un gobierno que ha demostrado ser hábil para las detenciones y expulsiones.

Y sin embargo, también el camino a la ciudadanía ocurrirá y todos aquellos que lo tomen tendrán el tiempo de procesar todo y finalmente, apreciarla.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ruben Navarrette.

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