OPINIÓN: El significado político de una eventual reforma inmigratoria

Una verdadera reforma inmigratoria tendría que resultar de un trabajo coordinado entre los gobiernos de EU y México, dice el autor
Autor: Jorge A. Bustamante | Otra fuente: 1

Nota del editor: Jorge A. Bustamante es fundador de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), un instituto de investigación especializado en la problemática de la región mexicana colindante con Estados Unidos. Actualmente se desempeña como investigador del Departamento de Estudios Sociales. Puedes seguir la cuenta de twitter: @elcolef 

(CNNMéxico) — En días pasados apareció como noticia la advertencia que un grupo de legisladores de los partidos Demócrata y Republicano le hicieran al presidente Obama de no seguir con su propuesta personal sobre una reforma migratoria, sino de esperar a que el llamado 'grupo de los ocho' (integrado por ese mismo número de senadores de ambos partidos) que adelantaron una propuesta bipartidista muy general, para una reforma inmigratoria.

La advertencia llevaba la crítica de que una propuesta unilateral (formulada solo por el presidente), "sería un fracaso". Esta ominosa advertencia, me parece, encierra ciertos significados solo descifrables para quien entiende la cultura política de Estados Unidos.

Resulta irónico que un grupo bipartidista de legisladores le llame 'unilateral' a una propuesta solo anunciada por el presidente Obama, sin tomar en cuenta que una propuesta emitida por el Congreso será siempre unilateral, si se considera que el objetivo de tal propuesta se refiere a un fenómeno migratorio que es bilateral por definición, en tanto que quienes lo personifican son nacionales de otro país que interactúan con nacionales (ciudadanos) de Estados Unidos, en un mercado laboral de facto en el que las decisiones que lo afectan son tomadas por una sola de las partes, sin tomar en cuenta al país de donde proviene la otra parte. 

En la medida en que esta descripción encaja en lo que se entiende por una reforma inmigratoria, tal descripción corresponde a un fenómeno que no es  interno, sino internacional, es decir, bilateral, porque involucra a dos países.

Uno, en el que se produce de manera endógena una demanda de la fuerza laboral de los migrantes y otro, en el que origina la oferta de esa fuerza laboral.

Por esta bilateralidad, los problemas asociados o que se perciben como asociados a este fenómeno poblacional, no podrán ser resueltos por una decisión unilateral, sea del presidente o del Congreso, pues esa no es  la vía más racional para resolver un fenómeno bilateral.

Así se ha entendido en la ONU, donde se ha recomendado la vía bilateral o multilateral para resolver las cuestiones ligadas a la internacionalidad de las migraciones laborales.

La lógica de la argumentación anterior no ha sido reconocida por los políticos estadunidenses —yo agregaría, ni por nuestro Embajador en Washington que se refirió a la cuestión migratoria como un 'asunto interno' de Estados Unidos—.

El hecho es que una reforma inmigratoria producida, ya sea por el poder legislativo —que tiene la última palabra en la política migratoria estadunidense— o, como una propuesta legislativa del Poder Ejecutivo, no podrá (unilateralmente) resolver una cuestión migratoria entre los dos países.

Además de las razones ya expuestas, no podrá resolverla, porque una decisión legislativa de Estados Unidos no podrá ponerse en práctica más allá de sus propias fronteras, en tanto que la migración de mexicanos a ese país, en sus causas y en sus consecuencias, va más allá de las fronteras nacionales de Estados Unidos.                                                       

Me parece que la razón principal de tal miopía es de naturaleza ideológica.

La mayor parte de los estadounidenses no están de acuerdo en reconocer la responsabilidad que les corresponde por producir de manera endógena, una demanda de la fuerza de trabajo de los migrantes mexicanos, como una de las causas que han producido la presencia de mas de seis millones de ciudadanos mexicanos que han entrado sin autorización a Estados Unidos pero que, no obstante, son contratados para producir riqueza en ese país. En ultima instancia, esa resistencia está basada en una asimetría de poder entre Mexico y Estados Unidos.

Considero que si la argumentación anterior fuera reconocida como válida por los políticos involucrados en la cuestión migratoria en el país vecino, surgiría la negociación diplomática bilateral como la vía más racional y más lógica para resolver tal cuestión.

Por ahora esto aparece como inaceptable, al grado de que ningún político de aquel país la ha siquiera mencionado.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Jorge A. Bustamante.

Ahora ve
No te pierdas