OPINIÓN: El regreso de David Bowie, ¿por qué es tan emocionante?

El músico marcó un parámetro para las futuras generaciones y es símbolo de talento e innovación en el rock
Dorian Lynskey
Autor: Dorian Lynskey | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Dorian Lynskey escribe sobre música para The Guardian , The Observer y Q. E s el autor de  33 Revolutions Per Minute: A History of Protest Songs .

(CNN) — El trabajo artístico para The Next Day, el primer álbum de David Bowie en 10 años y un disco que nadie más allá de su círculo interno sospechaba que iba a salir, es un vandalismo ingenioso de la portada de Heroes de 1977.

Como su diseñador, Jonathan Barnbrook, explica: La portada de Heroes oscurecida por el cuadrado blanco trata sobre el espíritu grandioso de la música pop o rock que es "del momento", olvidando o borrando el pasado. Sin embargo, todos sabemos que ese no es el caso, sin importar cuánto nos esforcemos, no podemos escapar del pasado.

En ese sentido es una imagen inmejorable. La reputación brillante de Bowie descansa en su determinación, durante su racha extraordinaria de álbumes en la década de 1970, para escapar del pasado y adoptar el futuro, pero también fue lo suficientemente inteligente de percatarse que no existe algo como una pizarra totalmente en blanco, y la tensión era el motor de su genialidad.

La emoción que rodea a su regreso sorpresa, después de una década de un supuesto retiro, nos recuerda que es un innovador sin rival en el rock.

Sus primeras reinvenciones quizá podrían ser explicadas por pura ambición. Es por eso que David Jones de los suburbios de Bromley, en las afueras al sur de Londres, se convirtió en David Bowie (rima con Zoe, no Maui) y después Bowie, al temer que Space Oddity de 1969 lo convirtiera en una persona de un solo éxito, se volvió Ziggy Stardust, la primera estrella de rock postmoderna.

Si la fama era todo lo que buscaba, hubiera estado feliz con eso, pero su apetito por el cambio excedió esa hambre de celebridad. Mató a Ziggy después de solo 18 meses y reveló una serie de identidades nuevas, cada una con su propio sonido.

Escuchar todos los álbumes de la década de 1970 de Bowie en secuencia aún es una experiencia vertiginosa, debido a que cada uno intenta eclipsar a su predecesor.

En Aladdin Sane, exploró la relación entre el espectáculo y las enfermedades mentales. Diamond Dogs era una visión apocalíptica que hiló los temores más oscuros de mediados de la década 1970 en una especie de ópera glam-rock.

El "soul plástico" de Young Americans fue su extraña respuesta al sonido de la parte negra de Estados Unidos y Station to Station grabado en una reclusión enloquecida por la cocaína en Los Ángeles, Estados Unidos, bajo el disfraz del personaje Thin White Duke, presagiaron su regreso a Europa.

Lo más sobresaliente es que estos álbumes emergieron a un ritmo acelerado de alrededor de un año. La única comparación posible en términos de impulso creativo es con los Beatles, y había cuatro de ellos.

Más allá de los álbumes en sí, la visión inquieta de Bowie para nuevos estímulos, provenientes de los mundos del cine, teatro, moda y artes visuales, lo hicieron el estilista más imaginativo del pop.

El museo V&A de Londres exhibirá una retrospectiva importante de su trabajo visual esta primavera; un honor extraño para una estrella de pop.

Como sugieren el arte de The Next Day y las letras de la canción de regreso Where Are We Now?, la mística de Bowie reside con mayor fuerza en los tres álbumes que grabó en Berlín a finales de 1970: Low, Heroes y Lodger. De todos sus renacimientos, éste fue el más radical, influyente y multifacético.

Las grabaciones de Berlín están preparados perfectamente entre el arte y el pop con enigmas avant-garde como Warszawa y canciones gloriosas y fascinantes como Heroes, que para nada sonó fuera de lugar, 35 años después, como el himno del equipo olímpico de Gran Bretaña.

Brian Eno, quien trabajó en la trilogía de Berlín, alguna vez comparó la música rock con una hoja de papel en blanco que fue rápidamente llenada y Bowie hizo más que cualquier otra persona en la década de 1970 para colonizar ese espacio sin llenar.

Cada álbum fue, para citar el título de una canción, un viaje fantástico, alertaba a otros músicos sobre las nuevas posibilidades y trazaba el camino para escenas enteras.

Por ejemplo, es imposible imaginar el panorama de la música pop a principios de 1980 sin la influencia de Bowie, y puedes detectar su ADN en numerosos artistas, desde los Pet Shop Boys hasta Lady Gaga, desde U2 hasta Blur, desde Joy Divison hasta Nine Inch Nails, desde Franz Ferdinand hasta LCD Soundsystem.

Para cualquier músico que se preocupa por conciliar la integridad artística con el éxito comercial, o la innovación sónica con la verdad emocional, el trabajo de Bowie es prueba de que, con suficiente talento y juicio, puedes tenerlo todo.

Por supuesto que álbumes así de buenos influyen demasiado y, parafraseando a Barnbrook, sin importar cuánto lo intentemos, Bowie no podrá liberarse del pasado.

Aunque sus álbumes malos en décadas siguientes fueron criticados justamente, también los buenos fueron subestimados injustamente. Sin embargo permaneció curioso, entusiasta y dispuesto a tomar riesgos como en Reality de 2003, el cual fue reprimido por no reinventarse más con cada lanzamiento.

Mientras Bowie grababa con regularidad, todos, menos sus fanáticos más devotos lo subestimaban. No volverán a cometer ese error de nuevo.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Dorian Lynskey.

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