OPINIÓN: Por qué Silvio Berlusconi sigue cautivando a los italianos

A pesar de sus defectos, el político italiano tiene mucha demanda y poder de convocatoria en las elecciones de ese país
El primer ministro italiano considera dimitir
Bill Emmott
Autor: Bill Emmott | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Bill Emmott es periodista británico y fue el editor de The Economist entre 1993 y 2006. Su libro Bien Italia, mal Italia (Good Italy, Bad Italy) fue publicado en inglés en 2012, y es el narrador de Novia en coma (Girlfriend In A Coma), un nuevo documental sobre la actual crisis de Italia.

(CNN) — Sobre el tema de Silvio Berlusconi, los italianos y los no italianos parafrasean la famosa frase de George Bernard Shaw acerca de Gran Bretaña y Estados Unidos, divididos por un lenguaje político común.

Creemos compartir la opinión de que en un mundo político dominado por los medios masivos de comunicación queda poco espacio para perdonar los escándalos, fallas personales, o un pobre historial en el cargo. Sin embargo, por esos motivos, Berlusconi debería haber tenido una muerte política desde hace mucho tiempo, en lugar de estar cercano a un segundo lugar en las elecciones italianas.

Quizá los extranjeros siempre quedarán sorprendidos por el éxito que tiene Berlusconi para atraer a los votantes. Pero los italianos, horrorizados por él, aunque muchos de ellos lo apoyen, tienden a estar menos sorprendidos. Esto se debe a que piensan a Berlusconi como parte del contexto, y no de forma aislada. En la política italiana, esto lo es todo.

Lo que esto parece y significó para la destacada hazaña de Berlusconi tras casi duplicar su porcentaje de votos entre lo que marcaban las encuestas de opinión en noviembre de 2012 y la elección, puede ser expuesto en los siguientes indicadores evidentemente engañosos:

Hace promesas inverosímiles. En parte es cierto. Una de las características de Berlusconi es su disposición a decir una cosa hoy y mañana decir lo contrario, para atraer la atención de grupos distintos o en diferentes ocasiones, de una manera totalmente desvergonzada.

Los italianos lo saben, y quienes lo apoyan tienden a ver esto como una parte entrañable de su modo de ser, de su deseo de entretener y complacer. Pero también es un mal entendido: la promesa clave que hizo durante la campaña electoral de 2013 era totalmente verosímil reduciría, incluso, suprimiría un temido impuesto a la propiedad conocido por sus siglas en italiano como IMU.

Su historial lo convierte en alguien de poca confianza. Sí, sobre todo en relación con la política económica. Pero no en los impuestos. Ya antes prometió reducirlos, y por lo menos cumplió algunas de esas promesas.

La de restringir el IMU fue hecha de una manera muy ingeniosa, tal y como se los planteó a los votantes al decir que él les reembolsaría el impuesto de su propio bolsillo, algo que muy pocos habrán creído.

Pero eso no importaba: atrajo la atención de una manera bastante llamativa, y reforzó el único punto importante: reducir el impuesto.

Es irresponsable. Sí, pero también lo son casi todos en la cínica mente política italiana. Su plan acerca de cómo financiar la disminución de impuestos tenía tantos agujeros como un colador, pero eso no era importante.

El financiamiento vendría a través de aplicar impuestos a otras personas, o por recortes en el gasto. Bien dijeron sus votantes: al menos este horrendo impuesto se irá.

Al centrarse la iniciativa demostró que escuchaba la molestia de sus votantes y que los tomaba en serio, en lugar de tratarlos como la mayoría de los demás partidos.

Sus juicios y sus escándalos sexuales lo convierten en una vergüenza nacional. En realidad no, aunque a veces su comportamiento sobrepasó la tolerancia italiana.

Sin embargo, el contexto es importante: mucha gente piensa que el sistema de justicia funciona terriblemente mal en Italia, así que si Berlusconi está inmiscuido —como tantos otros— entonces, ¿qué?

Sus escándalos sexuales realmente son parte de su propio plan de mercadotecnia: se rodea de mujeres jóvenes, vestidas con poca ropa, con el fin de parecer glamuroso, joven, divertido y feliz.

Además, su picardía funciona como una distracción de sus otras debilidades, como una especie de tranquilizante para quienes de otra forma podrían enojarse con él. Muchos italianos, especialmente las mujeres jóvenes, lo odian por eso.

Pero a muchos no les importa o simpatizan lo suficiente con él como para que esto no lo hiera de muerte políticamente hablando.

Sus oponentes son más responsables y diplomáticos. Sí, eso es verdad para Mario Monti, quien desde el año pasado funge como primer ministro provisional y decidió competir en las elecciones con una lista de candidatos centristas.

Pero es particularmente cierto para los grandes oponentes, incluyendo el Partido Democrático de izquierda, el cual tiene sus propios escándalos e intereses egoístas y, durante la campaña electoral, evidenció los abusos del poder político en el caso del tercer banco más grande (y más antiguo) de Italia, Monte dei Paschi di Siena, cuya actividad supuestamente fue dirigida y distorsionada en favor de los intereses políticos del Partido Demócrata en esa región.

Así que el PD (por sus siglas en italiano) también es visto como un partido egoísta por la gente, así que anula la desventaja de Berlusconi en ese ámbito. Dado que tanto el líder del PD, Pier Luigi Bersani como Monti, son unos sosos y simples comunicadores que no pudieron ofrecer algún mensaje positivo y esperanzador para sus votantes, se abrió el camino para Berlusconi.

Solamente un partido representó un cambio real en la elección: el 'Movimiento Cinco' estrellas de Beppe Grillo. Esto significó que el anticuado mensaje de Berlusconi en torno a la reducción de impuestos, dirigido a preservar su propio poder político, tuvo mucho espacio en el cual operar.

Y a pesar de que Berlusconi no representó el cambio, al menos fue alegre, sonriente y entretenido.

Ahora, en la política tiene que haber celebridades, como quedó demostrado con el ascenso de Grillo, aunque él y Berlusconi son opuestos al respecto. Es cierto que la desaprobación de los partidos políticos tradicionales, combinado con la preeminencia de la televisión, ha dado a las celebridades una gran ventaja en la política italiana, aunque ni el PD ni Monti parecieron capaces de comprender esto.

Celebridades e incluso historias personales produjeron atención y lealtad, aunque sean de grupos distintos. Uno de los últimos políticos italianos en comprender y explotar esto fue, desafortunadamente, Benito Mussolini.

Oh, ¿olvidé mencionar que Berlusconi posee tres de los principales canales comerciales de la televisión de Italia y la agencia de ventas de publicidad más grande, y que tiene miles de millones de euros en efectivo para repartir a partidarios y aliados?

Bueno, ese no es un indicador engañoso. Pero es una razón, quizá demasiado evidente, del continuo éxito de Berlusconi a la madura edad de los 76 años.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Bill Emmott.

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