OPINIÓN: Los entrenadores agresivos son parte de una práctica heredada

Este tipo de comportamiento ha sido justificado a través de los años como algo establecido de generación en generación
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Autor: John Amaechi, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: John Ameachi fue jugador de la NBA y escribió el libro Man in the Middle. Es consultor de distintas organizaciones y entrenador de ejecutivos de alto nivel; dirige un centro comunitario y deportivo en Reino Unido.

(CNN) — Con demasiada frecuencia es tentador ver los deportes a través de un cristal de color rosa. Creemos que los entrenadores siempre se interesan en lo que es mejor para nuestros jóvenes y que todo lo que hacen junto a la cancha, alberca o pista es para su beneficio integral a largo plazo.

Incluso racionalizamos que esa interacción entre el entrenador y el jugador, esa conducta con la que se maneja a los atletas, que nos crispa y nos hace mirar hacia otro lado, sirve de alguna forma para que nuestros niños —y hasta la sociedad— se fortalezcan y los ejemplos a seguir de los futuros atletas de élite sean más humildes y dignos.

Tristemente, la defensa para la disfunción y el surgimiento de otra generación dañada es decir que "forja el carácter". Aún si creyéramos que la experiencia deportiva de un joven está mal encaminada, nos convencemos de que no puede afectarles demasiado. Desearía que eso fuera cierto, pero la verdad es que los entrenadores "medievales", como Mike Rice, quien fue despedido recientemente de la Universidad Rutgers, dañan a la sociedad y no solo al deporte.

Como exjugador de basquetbol colegial y de la NBA, conozco de primera mano este estilo de entrenamiento. Francamente, no se pueden imaginar la forma en la que me trataron en algunos ambientes deportivos.

En una importante universidad estadounidense tuve un entrenador asistente que se las ingeniaba para incrementar las posibilidades de crear una pelea o un conflicto y con frecuencia insultaba a sus jugadores.

En la liga profesional, a diario humillaban a los jugadores con los crueles epítetos del deporte; los entrenadores incapaces de enfrentar sus propios retos los minimizaban, los degradaban y los desafiaban físicamente. Era desalentador, pero al menos nos pagaban bien por soportar que nos trataran como basura.

Lo que me salvó fue que no empecé a jugar sino hasta los 17 años, así que me libré de gran parte del trauma que veo que muchos niños sufren actualmente.

No soy sensible y ciertamente no soy políticamente correcto. De hecho, me aseguro de que sea un reto pertenecer a mi centro comunitario y deportivo en Gran Bretaña: que sea físicamente demandante y psicológicamente desafiante, aunque emocionalmente cálido.

Es un lugar en el que se valora la construcción y el fomento de relaciones positivas mientras se exige que nuestros participantes observen los más altos estándares en el deporte, el estudio y la vida.

Vi el video de las "técnicas" de entrenamiento de Rice y me sentí momentáneamente justificado antes de que mi breve momento de arrogancia se cubriera de una oleada de náuseas provocada por el constante abuso verbal, físico, emocional y psicológico.

He sido blanco de burlas, principalmente de parte de hombres de todas partes del mundo que creen que el comportamiento de Rice puede ser un poco extremo pero que el ser entrenador no se puede sujetar a las normas educativas usuales. Este comportamiento nunca se toleraría en salones de clase ni otros ámbitos educativos y podría significar que la persona fuera expulsada no solo de su empleo, sino de su profesión.

Hemos permitido que se desarrolle un universo paralelo en lo que concierne al entrenamiento deportivo. Generalmente no toleramos que los maestros poco capacitados aunque bien intencionados tengan acceso ilimitado a las personas vulnerables.

Sin embargo, cuando se trata de los deportes, se elogia a las personas que ceden un poco de su tiempo a cambio de ganar algunos partidos aunque estén absolutamente mal preparados para tratar con gente joven.

La mayoría de las semanas asisto a partidos no profesionales y siempre pregunto a los padres si tolerarían que un maestro de francés o de matemáticas gritara, escupiera y sacudiera a sus hijos de la misma forma en que lo hace un entrenador bajo pretexto de "forjar el carácter". Sus rostros cambian, invariablemente, y de inmediato puedes ver su indignación.

La verdad es que nunca tolerarían ese trato si ocurriera en el salón de clases. Tras el escudo de un uniforme y el sudor, queda al descubierto el daño que sufren sus hijos.

Estoy consciente de que en Estados Unidos y Gran Bretaña, los entrenadores usualmente son voluntarios, y generalmente tienen buenas intenciones. Sin embargo, insisto firmemente en que no me importa. Ser bien intencionado no es suficiente.

Los entrenadores abusivos son producto de un ambiente violento y coercitivo, física y psicológicamente, mal informado y emocionalmente analfabeta. Aunque son muchos los factores que moldean a los hombres como Rice, como la familia o la educación, puedes estar seguro de que su experiencia en los deportes juveniles ha sido parte importante de lo que se considera un comportamiento aceptable en este ambiente.

Es muy importante que se mejore radicalmente el tono y el estilo de entrenar. Se debe respetar el bienestar psicológico de un atleta porque un mal entrenador puede ocasionar que la sociedad se llene de monstruos cuando cada generación repita el abuso de quienes los antecedieron.

No es inusual encontrar hombres como Rice, simplemente es raro registrarlos en video, pocas veces se les pone en evidencia y rara vez se les desafía.

En un estudio reciente realizado en Gran Bretaña, se indica que el 75% de los jóvenes sufren un trato psicológicamente dañino en los deportes.

Esta es la seriedad de nuestra responsabilidad colectiva y el peso que lleva en hombros el entrenador. Como educadores participamos en la creación de memorias, muchas veces inolvidables, en los jóvenes. No pueden darse el lujo de solo ser buenos para ganar.

La violencia infecta todo a su paso. Piensa en la cantidad de jóvenes que han sufrido la ira de Rice durante su carrera. Esa clase de veneno contamina y se manifiesta en todos, excepto en los más resistentes.

Los entrenadores tienen que dejar de acosar y empezar a orientar, educar e inspirar a los jóvenes. Ahora todo es por el bien de nuestros jóvenes, aunque no solo ellos se beneficiarán cuando crezcan y adquieran su propio poder.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a John Amaechi.

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