OPINIÓN: Las amenazas de Corea del Norte en tres escenarios posibles

Las amenazas del régimen norcoreano podrían finalizar con acuerdos entre los involucrados, o un improbable ataque, según Michael Green
Corea del Sur busca el diálogo con el norte
Autor: Michael J. Green | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Michael Green es vicepresidente de la cátedra Asia y Japón en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de la Universidad de Georgetown. Se desempeñó como asistente especial del presidente y director para Asia como parte del personal del Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de George W. Bush en Estados Unidos.

(CNN) — Las hiperbólicas amenazas de guerra por parte de los norcoreanos no son nuevas. Lo que en esta ocasión es nuevo es la intensidad y la persistencia de esas amenazas.

A esto hay que agregarle un líder de 29 años que no ha sido probado, quien de repente es un general cuatro estrellas con mucho por demostrar. ¿Cómo terminará esto? Considera estas tres posibilidades:

1. Lo que espera Kim Jong Un: Las amenazas norcoreanas siguen en aumento. Pyongyang renueva anteriores amenazas de transferir su “capacidad de disuasión nuclear” a terceros en Medio Oriente y declara las aguas surcoreanas ubicadas al oeste de la península como una zona de fuego abierto.

El mercado de valores de Corea del Sur se desploma. Los líderes chinos comienzan a entrar en pánico por la inestabilidad en su frontera. Washington está desesperado por dejar de lado el problema de Corea del Norte mientras enfrenta una crisis paralela en Irán.

Corea del Norte propone negociaciones sobre un tratado de paz que formalmente ponga fin a la Guerra de Corea, pero solo si se suspenden las sanciones internacionales impuestas al régimen después de sus anteriores pruebas nucleares y de misiles.

Washington, Seúl y Tokio de mala gana aceptan los términos de Corea del Norte para evitar una nueva escalada. Mientras tanto, Corea del Norte sigue haciendo armas nucleares basadas en uranio en pequeña escala en instalaciones subterráneas.

Un año después, prueban un diseño de ojiva más sofisticado y de cargas explosivas de misil mejoradas. Entonces Corea del Norte exige el fin de las sanciones internacionales aún existentes, su reconocimiento como un Estado legítimo de armas nucleares y una reunión cumbre en Pyongyang entre Kim y el presidente Barack Obama.

Para respaldar su amenaza, Corea del Norte ataca varias islas de Corea del Sur y amenaza con emplear su recién mejorada capacidad nuclear si el Sur contraataca. La crisis se reanuda, pero con una Corea del Norte más peligrosa.

Más o menos esto ha sido el patrón hasta ahora.

2. Lo que Washington, Seúl y Tokio esperan: La imprevisibilidad de Kim finalmente termina por poner al antiguo aliado de Corea del Norte, China, con firmeza contra el régimen.

La intensificación de la cooperación de defensa Estados Unidos-Japón-Corea del Sur demuestra cómo las acciones de Corea del Norte están aislando a China en la región.

Beijing se compromete a aumentar la presión sobre el régimen y detiene todos los barcos y aviones norcoreanos entrantes para ser inspeccionados con base en las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Cuando Kim intenta aumentar de nuevo la intensidad del conflicto, Beijing corta los envíos de petróleo hacia Corea del Norte en un 50% (los alimentos de China y los envíos de combustible mantienen a flote la pequeña economía de Corea del Norte).

Cora del Norte se compromete a una moratoria sobre las pruebas de misiles y armas nucleares y a reanudar las negociaciones previas sobre desnuclearización. Dichas conversaciones se dan a un ritmo demasiado lento debido a que Corea del Norte ve a sus armas nucleares como único medio de supervivencia del régimen.

Sin embargo, el evidente mal manejo de la confrontación por parte de Kim lo ha desacreditado frente a sus generales.

Las fisuras se abren y el régimen comienza lentamente a desmoronarse. Una cuidadosa coordinación de Estados Unidos y Corea del Sur con China a lo largo de la crisis sientan las bases para una unificación arreglada de la península, la eliminación del arsenal nuclear y de armas de destrucción masiva de Corea del Norte y la libertad para millones de norcoreanos.

3. Lo que más temen todos: La estrategia de intensificación de Kim no logra provocar que las demás potencias reconozcan a Corea del Norte como un Estado legítimo de armas nucleares o aminorar las sanciones.

El joven líder y sus asesores siguen buscando amenazas que aterroricen a Corea del Sur y que provoquen que China ofrezca más sobornos para un buen comportamiento, pero sin provocar un ataque masivo por parte de Estados Unidos a Corea del Norte.

El exuberante aunque inexperto Kim aprueba la utilización de fuego de artillería real en las montañas deshabitadas que están justo a las afueras de Seúl, la capital surcoreana.

Corea del Sur responde con fuego limitado de contrabatería contra las unidades de artillería de Corea del Norte.

Consciente de que no puede rendirse o ganar, Corea del Norte utiliza artillería más grande y más mortal y misiles de lado amplio contra Corea del Sur. A sabiendas que si no es eliminada, esta artillería y esta fuerza de misiles desplegados representan una grave amenaza para Corea del Sur, las fuerzas de Estados Unidos y de Corea del Sur atacan fuertemente los emplazamientos norcoreanos ubicados al norte de la zona desmilitarizada.

El conflicto termina con la derrota de las fuerzas de Corea del Norte y la decapitación política de la cúpula de Corea del Norte a través de ataques aéreos masivos, aunque el daño a Corea del Sur y Japón, quienes están dentro de alcance de los misiles, es terrible.

¿Cómo termina esto?

En estos momentos, nos encontramos en algún punto entre los dos primeros escenarios y podría seguir en la misma ambigüedad durante algún tiempo. El tercer escenario sigue siendo altamente improbable, aunque no imposible.

El primer escenario es tentador para algunos, ya que temporalmente disminuiría las tensiones, aunque a largo plazo convertiría en mucho más probable y mucho más mortal al tercer escenario.

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Eso significa que la política estadounidense tiene que centrarse en lograr el escenario dos. Las descaradas acciones de Corea del Norte lo hacen más posible que nunca. Pero eso significa que no hay que parpadear.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Michael Green.

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