OPINIÓN: La ropa barata tiene un costo demasiado alto en Bangladesh

Es necesario reforzar la aplicación de las medidas de seguridad para evitar más tragedias en el sector textil de Bangladesh
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Autor: Kalpona Akter, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: Kalpona Akter fue trabajadora infantil y es directora ejecutiva del Centro para la Solidaridad de los Trabajadores en Bangladesh.

(CNN) — Para los trabajadores de Bangladesh, la peor tragedia imaginable ocurrió la semana pasada cuando el edificio Rana Plaza, que albergaba unas fábricas de ropa, se derrumbó a las afueras de Dacca y cobró la vida de más de 400 trabajadores.

A pesar de que a principios de la semana se advirtió en varias ocasiones a los supervisores, a la policía y a los medios acerca de las peligrosas grietas que habían aparecido en los muros, miles de trabajadores fueron enviados a trabajar el miércoles y las actividades siguieron su curso normal. No hay duda de que el derrumbe de este edificio es una tragedia, pero no es algo que sorprenda a los trabajadores textiles.

Empecé a trabajar en la industria textil de Bangladesh a los 12 años y ganaba solo tres dólares al mes. Entré a trabajar porque mi padre tuvo una embolia y la familia necesitaba dinero para cubrir los gastos básicos de subsistencia. Trabajaba 23 días consecutivos, dormía en el suelo y me duchaba en el baño de la fábrica, bebía agua sucia y el supervisor me abofeteaba.

Como cualquier joven que trabajaba en una fábrica que hacía ropa para un importante minorista estadounidense, sabía que era el momento de que ocurriera un cambio.

La fábrica nos debía horas extras, pero solo quería pagarnos la mitad de lo que habíamos ganado, lo que dificultaba aún más que mantuviéramos a nuestras familias. Así que ayudé a dirigir una huelga para hacer responsable a nuestro gerente.

Me despidieron y me boletinaron, pero mi labor no había terminado. Más adelante estudié derecho laboral, inglés y computación, para poder ayudar a hacer justicia para los trabajadores textiles. Actualmente encabezo una organización no lucrativa que tiene miles de miembros y que se dedica a educar y defender a los trabajadores.

La triste realidad es que las tragedias como esta se han vuelto la norma, impulsadas por algunas de las empresas estadounidenses e internacionales más lucrativas del mundo.

En noviembre, 122 trabajadores murieron cuando se incendió la fábrica de Tazreen Fashions, en la que se fabricaba ropa que se vende en Wal Mart, Sears y otras tiendas. Fue muy parecido al tristemente célebre incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist, que ocurrió en Nueva York hace más de 100 años. Los trabajadores de Tazreen quedaron atrapados y muchos saltaron por las ventanas de los pisos superiores para tratar de salvarse. La cantidad de muertos en las fábricas en Bangladesh desde 2006 es de casi mil, según cálculos del gobierno y de una organización de derechos humanos.

En el caso de las dos tragedias recientes, hay muchas culpas por repartir: al gobierno, que pasa por alto las violaciones a las reglamentaciones de seguridad, a las increíblemente peligrosas condiciones a las que los trabajadores se enfrentan cuando tratan de unirse, y a la tremenda presión que soportan los dueños de las fábricas y los gerentes para entregar a toda costa un gran volumen de productos a bajo precio.

Es responsabilidad del gobierno de Bangladesh llevar a cabo un esfuerzo sostenido y concertado para rectificar esta terrible situación. Los códigos industriales estrictos y el decidido apoyo a los derechos de los trabajadores son esenciales para proteger a la mano de obra textil de Bangladesh.

Sin embargo, se pueden evitar mayores tragedias si las corporaciones multinacionales y los minoristas que venden los productos que se fabrican en estos lugares se disponen a hacer lo correcto.

Una coalición de organizaciones laboristas y no gubernamentales de Bangladesh, Europa y Estados Unidos, desarrolló un protocolo para llevar a cabo un innovador programa de inspección y renovación de dos años para finalmente hacer que estas fábricas sean seguras: el Acuerdo de Seguridad Estructural y contra Incendios de Bangladesh.

Además de facilitar las relaciones entre trabajadores y patrones respaldadas por el gobierno y reforzar la gestión de la seguridad en las fábricas, este protocolo se enfoca en la responsabilidad que los dueños de las marcas y los minoristas tienen de respaldar los estándares de seguridad.

Si Wal Mart y los otros minoristas que dependen de la mano de obra bangladesí cambian, estamos seguros de que ocurrirá. Como lo indica el protocolo, estas corporaciones deben verificar que las fábricas con las que tienen vínculos cumplan con los estándares de seguridad aplicables. Deben asegurarse de que el precio de sus prendas permita que las fábricas respeten los estándares. Los gerentes bangladesíes no deben sentirse obligados a presionar a sus trabajadores a trabajar en un ambiente mortífero para cumplir con las metas de una corporación.

En cuanto a las tragedias que ya ocurrieron, estas marcas deberían contribuir para crear un fondo de compensación para las víctimas y sus familias, incluidas las del incendio de Tazreen. Hasta ahora, Wal Mart y Sears se han negado a cooperar. Ambas compañías afirman que los subcontratistas usaron la fábrica sin su autorización y que por ende no son responsables. Yo señalo a Wal Mart porque sus actos anteriores han sido dolorosamente inadecuados. Wal Mart se ha rehusado a adherirse al protocolo que se diseñó para mejorar la seguridad contra incendios y la seguridad estructural de las fábricas, y alegó que está aplicando sus propios estándares, que son perfectamente adecuados. Sin embargo, se trata de paliativos que son deplorablemente insuficientes.

A finales del año pasado, Wal Mart se negó a reconocer su relación con la fábrica Tazreen hasta que mis colegas y yo fuimos al día siguiente del incendio y fotografiamos entre los restos algunos productos que tenían las etiquetas de Wal Mart. No podemos seguir tolerando esta ignorancia deliberada de parte de las corporaciones multinacionales acerca del lugar en el que se fabrican sus productos.

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Es momento de que las empresas como Wal Mart, Gap y otras, den un paso al frente y exijan la seguridad de los trabajadores textiles de Bangladesh. Son demasiados los trabajadores bangladesíes que temen por su vida todos los días. El protocolo de seguridad contra incendios es un primer paso crítico para lograr un cambio real. Exhorto a Wal Mart a asumir el liderazgo para salvar las vidas de los bangladesíes.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Kalpona Akter.

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