OPINIÓN: ¿Prueba superada?, la de Enrique Peña Nieto frente a Barack Obama

El presidente logró echar abajo la lapidaria premisa de que sería incapaz "de poder conversar como par con Obama"
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Autor: Alejandro Brofft | Otra fuente: 1

Nota del editor: Alejandro Brofft es periodista especializado en moda e imagen pública. Tiene estudios por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Marangoni, de Milán, Italia, y del Central Saint Martins, de Londres, Inglaterra. Actualmente imparte clases en la UNAM y CENTRO (escuela de diseño, cine y televisión). Puedes seguirlo en su cuenta de Twitter: @AlejandroBrofft

(CNNMéxico) — Un acontecimiento marcó la carrera de Enrique Peña Nieto por la presidencia de México: su participación, en diciembre de 2011, en la Feria Internacional de Libro de Guadalajara.

Me parece que ningún otro momento ha definido la percepción pública sobre él tanto como ese,  ni siquiera su visita a la Universidad Iberoamericana, de la que surgió después el Movimiento Yo Soy 132.

Si bien no poder citar rápidamente los tres libros más importantes de su vida y atribuir equivocadamente La silla del águila al historiador Enrique Krauze lo evidenció como una persona de poca lectura, las implicaciones fueron más allá. A partir de entonces, sus detractores lo calificaron como inculto, ignorante e incapaz.

Quizás la más mordaz de las críticas le llegó de Carlos Fuentes, verdadero autor del texto que nombró como uno de sus favoritos. "Este señor tiene derecho a no leerme. Lo que no tiene derecho es a ser presidente de México a partir de la ignorancia. Eso es lo grave", dijo el novelista.

En entrevista con la BBC, Fuentes, fallecido el 15 de mayo de 2012, afirmó: "Es un hombre muy ignorante, y los problemas exigen a un hombre que sepa algunas cosas, no quién es el autor de una novela, sino en general tener un concepto del mundo, de poder conversar como par con (Barack) Obama, con Angela Merkel o con (Nicolas) Sarkozy, y no es este hombre capaz de hacerlo".

El juicio, venido de uno de los líderes intelectualesl con mayor peso en nuestro país en ese momento, pareció una sentencia definitiva e inapelable. Esta idea se vio fortalecida con un video en el que se ve al mexiquense hablando inglés de manera accidentada y la fama de ser un político que se vale del teleprompter. Resultó natural que, inclusive algunos de sus seguidores, dudaran de su capacidad para entablar un diálogo con los grandes personajes del mundo.

Tras ser nombrado ganador del proceso electoral, Peña quiso demostrar su condición de líder, inclusive entre quienes lo son a nivel internacional. Realizó una gira por Sudamérica, Europa, Estados Unidos y Canada, que le sirvió para darse a conocer en dichas latitudes y levantar un cúmulo de buenas intenciones y promesas tanto propias como ajenas.

Regresó con un amplio número de fotografías y videos de él reunido con las cabezas de países como Alemania, Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, España, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. Su condición de presidente electo hizo que dichos recuerdos fueran prácticamente los de un turista cualquiera.

Las cosas cambiaron el 1 de diciembre. A partir de entonces, los encuentros por venir serían los que determinarían su liderazgo. Serían significativas las sonrisas y los elogios que pudiera acopiar, pero más importantes serían los acuerdos que lograra firmar.

Pero la verdadera prueba de fuego para Peña Nieto estaba marcada el 2 de mayo. Ese día recibiría a Barack Obama. La agenda del encuentro, divulgada con cautela, se supo sería para tratar temas económicos y comerciales por encima de los de seguridad y migración.

Estuvieron juntos poco tiempo. En realidad, aquello pudo haberse resuelto por teléfono o videoconferencia. Sin embargo, la parafernalia de la visita les convenía a ambos. Quien corría más riesgo de salir mal librado era el mexicano.

Desde el saludo, Peña comenzó a anotar puntos a su favor. "Hola, Enrique", le dijo el presidente de la nación más poderosa como si fueran viejos amigos. Con esa misma cordialidad, familiaridad y cercanía transcurrió el resto del encuentro. Se les vio darse la mano, abrazarse, sonreír, reír, platicar, preguntarse, responderse, ponerse atención y asentir. Lo que me parece fue el espaldarazo más grande se dio durante la sesión de preguntas y respuestas: "Lo que me ha impresionado sobremanera es la audacia del Presidente", declaró Obama.

A pesar de un ligero nerviosismo, considero que el presidente mexicano se desempeñó como un buen anfitrión. Más que eso, también demostró estar a la altura de su visitante. La convivencia y el diálogo parecieron siempre entre dos iguales; cada uno con su estilo personal de ser, de hacer política y hasta con su propia estatura, cuya diferencia de 13 centímetros no se buscó aminorar.

Según informaron en conferencia conjunta, los acuerdos logrados apuestan por el relanzamiento de una nueva relación bilateral que dejará de ser monotemática y buscará la cooperación sobre todo en temas económicos y educativos. Ambos se dijeron satisfechos.

Considero que quien más satisfecho debe sentirse es nuestro presidente, pues en poco más de dos horas logró echar abajo la lapidaria premisa de que sería incapaz "de poder conversar como par con Obama".

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La tarde del jueves, pues, fue tan significativa para él como aquella en la que se desató el escándalo de la #libreríaPeñaNieto.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Alejandro Brofft.

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