OPINIÓN: Profesores o educadores, ¿qué necesita la educación en México?

La educación en el país necesita cambiar los paradigmas para impulsar un verdadero modelo de formación
La reelección de líderes sindicales en México
Autor: Moisés Salinas Fleitman | Otra fuente: 1

Nota del editor: Moisés Salinas Fleitman es psicólogo educativo, doctorado de la Universidad de Texas en Austin, y autor de numerosos artículos y libros sobre psicología y educación, entre los que destaca Tu hijo en el centro: una nueva visión educativa para la era digital, editado por Debate.

(CNNMéxico) — La docencia es una de las profesiones más antiguas y nobles. Casi nunca un profesor o profesora se incorpora a la profesión porque quiera fama, dinero o un trabajo simple. La docencia, bien practicada, es diametralmente opuesta al trabajo ideal. Es en realidad un "antitrabajo": difícil, demandante, poco reconocido y no muy bien remunerado.

Es por ello que tanto en México como en muchas partes del mundo los profesores suelen ser personas comprometidas y dedicadas que incluso llegan a poner de su propio dinero para comprar materiales y, en consecuencia, marcar diferencia en sus estudiantes.

¿Cómo entonces explicamos las imágenes de 'profesores' agitados, rompiendo ventanas, vandalizando locales y prendiéndoles fuego?, ¿O tomando carreteras sin ninguna consideración al daño económico que le causan a aquellos que dependen del flujo de tránsito para subsistir?, ¿Son esos los 'modelos' que queremos para nuestros hijos?

El problema es uno mucho más de fondo que el de la actitud de los profesores de nuestro país. Considero que la problemática es un sistema que por décadas ha recompensado la politiquería y el conformismo, que ha permitido que un sindicato opaco y antidemocrático tome control de la educación en México; que en vez de empoderar a los docentes comprometidos, los obliga a doblegarse ante la voluntad de líderes sindicales y políticos de los que depende su promoción o su propio trabajo. 

¿Quién puede culpar a un profesor que durante 20 o 30 años ha avanzado y de alguna manera ha tenido éxito en un sistema inicuo, cuando de pronto se le dice que van a cambiar las reglas?

Por supuesto que este docente luchará a capa y espada para mantener el sistema, torcido, o como sea, pero en el que ha avanzado.

Como menciono en mi libro Tu hijo en el centro, me parece que la solución a estos problemas es compleja y depende de un cambio en los paradigmas educativos.

Uno de estos cambios pasa por modificar la balanza de toma de decisiones, por crear un sistema educativo que ponga a aquellos que están mas cerca del proceso —alumnos y alumnas, padres y docentes—, en control del mismo. Un sistema que le otorgue voz a los estudiantes y a los padres y empodere a los docentes a brindar la mejor educación posible a cada uno de sus alumnos y alumnas.

Esto no es tarea simple ni inmediata. Cambiar un paradigma educativo que pone a los niños en el centro del proceso comienza por cambios fundamentales en los modelos de formación y capacitación docente.  

El profesor del siglo XXI debe aprender a dejar de ser un experto, un director de orquesta que simplemente vacía conocimientos en sus alumnos y alumnas. Debe convertirse en un educador: un facilitador y un mentor que no solo informa, sino que forma, que le da a los niños las herramientas para investigar, descubrir, crear e innovar. Actualmente, el profesor "experto" es obsoleto, ya que me atrevería a decir que cualquier estudiante tiene en la punta de sus dedos más información de la que cualquier experto pueda tener.  

Hoy en día son necesarios docentes que enseñen a los niños a pensar de manera crítica, a evaluar el gigantesco cúmulo de información al que tienen acceso, a transformar su sociedad de manera constructiva y positiva. Son necesarios educadores que sean mentores y modelos en el proceso de aprender a aprender.

Una vez que tengamos una nueva generación de educadores, de profesores mentores, los cambios en el salón de clase ocurrirán también de manera gradual. Poco a poco dejaremos de ver clases "homogéneas", en las que esperamos que todos los niños aprendan el mismo contenido, al mismo tiempo y con la misma metodología —una propuesta evidentemente ridícula a la que nos seguimos aferrando—, y empezaremos a ver espacios educativos en donde cada niño aprenda acorde a distintos estilos de aprendizaje y también a ritmos distintos.  

Solo niños que sean capaces de aprender a aprender, que sean críticos e innovadores, que estén dispuestos a tomar riesgos y ser creativos, tendrán éxito en este mundo globalizado y digital, y podrán llevar a México a la vanguardia y competitividad necesarias para crecer.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Moisés Salinas Fleitman.

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