OPINIÓN: El Pacto, 'a prueba' de embates legítimos y actitudes mezquinas

El Pacto por México ha sido un acierto del presidente Peña y la oposición, que no supo gobernar, debe reconocer que ha dejado beneficios
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Emilio Gamboa Patrón
Autor: Emilio Gamboa Patrón | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Emilio Gamboa Patrón es senador y coordina el grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el Senado de la República. Puedes seguirlo en su cuenta de twitter: @Emilio_Gamboa_

(CNNMéxico) —En las elecciones federales de 2012, la ciudadanía expresó con claridad su deseo por una segunda alternancia en el gobierno federal y con ello, el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al Gobierno de la República.

Desde el primer día de su administración, el presidente Enrique Peña Nieto ha demostrado entender lo que significa la política y el ejercicio del poder en un Estado democrático.

Consciente de que en las condiciones actuales del país es imposible gobernar sin acuerdos, el presidente convocó a las principales fuerzas políticas a la firma del Pacto por México, un instrumento de concertación política que busca sacar adelante las reformas estructurales que nuestro país reclama desde hace largo tiempo.

De esta manera, desde el Senado, nos hemos propuesto mover a México, a sus instituciones y actores, hacia un desarrollo económico y político que se traduzca en beneficios tangibles para su población. Nuestro país puede y debe crecer más porque tiene el potencial para hacerlo.

Si los Pactos de la Moncloa dieron paso a la célebre transición democrática española, el Pacto por México aspira a convertirse en un referente histórico internacional de cómo convertir una democracia en una democracia de resultados que verdaderamente sirva a la gente.

En el Poder Legislativo, y específicamente en el Senado, nos hemos esforzado por responder con altura de miras a la responsabilidad histórica que las circunstancias actuales demandan.

En el primer año de la LXII Legislatura, los representantes de los partidos políticos en el Congreso de la Unión, nos hemos empeñado por enviar el mensaje a la ciudadanía de que pese a las diferencias que existen entre nosotros, somos capaces de ponernos de acuerdo, porque asumimos que por encima de todo y de todos, está México.

Con esta actitud, logramos la aprobación de reformas de gran trascendencia, incluso antes de la entrada en vigor del Pacto por México a la escena política, como la Ley Federal de Contabilidad Gubernamental y la Reforma Laboral, enviadas como iniciativas preferentes por el expresidente Felipe Calderón.

Ya con la entrada en vigor del pacto, procesamos eficaz y responsablemente las reformas constitucionales en materia educativa y de telecomunicaciones, así como las reformas a la ley de amparo y a la Ley General de Víctimas.

Además, el Congreso de la Unión ha avanzado en las discusiones sobre otros temas importantes, entre los que se encuentran la reforma constitucional en materia de transparencia y acceso a la información, la reforma en materia de disciplina financiera en entidades y municipios, y la que faculta al Congreso de la Unión para expedir un Código Penal Único. Todas estas ya han sido aprobadas por el Senado de la República y enviadas a la Cámara de Diputados para su discusión y eventual aprobación.

Los diputados, por su parte, nos han enviado como minutas a la Cámara de Senadores la reforma constitucional en materia de inmunidad de servidores públicos, la que propone la homologación de cuotas al Seguro Social con el ISR y la reforma al artículo 27 constitucional, que permite a los extranjeros adquirir propiedades en litorales y fronteras mexicanas.  

Ante todo lo anterior, es evidente que el Pacto por México ha dado frutos que deben servir como incentivo a los actores políticos, para respaldarlo y fortalecerlo, pues aún falta un largo tramo por recorrer si deseamos cumplir con los 95 compromisos establecidos en el acuerdo político. Después de todo, los pactos se hacen para ser cumplidos.

En ese sentido, el Presidente Peña mostró una gran sensibilidad política al posponer la presentación de la Reforma Financiera, ante los amagos del PAN y el PRD por abandonar el pacto. El mérito de la oposición consistió en acordar con el gobierno las nuevas bases para el relanzamiento del Pacto por México, dotado ahora de nuevos compromisos y propuestas, que sin duda lo fortalecen.

Por lo demás, el Pacto por México ha soportado todo tipo de embates, que van desde inquietudes legítimas de la oposición, hasta actitudes mezquinas, renuentes a aceptar que el gobierno actual simple y sencillamente está haciendo bien las cosas.

Los senadores del PRI no permitiremos sabotajes al pacto y menos de quienes habiendo tenido la oportunidad de gobernar, no lograron construir los grandes acuerdos que México requería.

Tampoco podemos permitir que los procesos electorales del próximo 7 de julio, afecten a la gobernabilidad ni al Pacto por México. A todos nos debe quedar claro ya que las elecciones son elementos de la normalidad democrática, que deben diferenciarse del rumbo que tienen las reformas y las acciones de gobierno.

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No debemos olvidar que la limpieza y calidad de los comicios es una responsabilidad colectiva, además de que existen instituciones y leyes que regulan y sancionan la competencia por el poder político.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Emilio Gamboa Patrón.

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