México, más allá de la productividad

El Gobierno debe apostar a la inversión productiva para hacer más dinámica a la economía mexicana; es el medio para elevar la capacidad de la economía desde el corto plazo.
mexico_moder.jpg  (Foto: Getty)
Alfredo Coutiño*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

El gobierno mexicano presentó su Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 (PND), en el cual se plasma la visión de país y el rumbo hacia el que se desea dirigir a México. En él se plantean los lineamientos generales en materia de política, economía y desarrollo social. El Plan no contiene metas numéricas, programas, ni políticas a implementarse, ya que esto es materia del Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo.

Como todo plan, las acciones a emprender dependen del diagnóstico acerca de la problemática a solucionar, por lo que cualquier error o imprecisión en el diagnóstico puede llevar a la toma de decisiones que no sean precisamente las óptimas para la consecución de los objetivos planteados.

En materia económica, el PND reconoce la anemia de crecimiento que aqueja a la economía mexicana; por lo que pretende enfocar los esfuerzos a levantar los obstáculos al desarrollo, básicamente a través de la transformación estructural de la economía.

El diagnóstico del PND se centra en el análisis del crecimiento económico de los más recientes 30 años, en donde se destaca la caída de la productividad como la principal limitante. Por lo tanto, la gran estrategia económica del Plan se enfoca a la elevación de la productividad como el medio para llevar al país a la tierra prometida. No obstante, dicho diagnóstico cambia cuando el análisis se acorta a las dos últimas décadas de la realidad mexicana.

Es de reconocer que el diagnóstico oficial tiene la virtud no solo de rescatar a uno de los factores fundamentales del crecimiento permanente de un país, sino también de desempolvarlo: la productividad. Sin embargo, hay dos elementos que llaman la atención y que lo hacen cuestionable. El primero es que le asigna el papel más importante en la explicación del mediocre crecimiento económico; el segundo elemento es que el diagnóstico no se mantiene en el tiempo porque cambia radicalmente si el análisis se actualiza a la realidad más reciente de la economía mexicana.

En el primer caso, el análisis oficial determina que la productividad total cayó anualmente 0.7% en las últimas tres décadas, por lo que se concluye que esa fue la causa más importante de la contracción del crecimiento económico en el mismo periodo. Con ello se deja de lado a los factores de la producción, en especial a la acumulación de capital a través de la inversión productiva.

En el segundo caso, si descontamos la década perdida de los 80 -cuando la economía mexicana enfrentó un cambio estructural negativo derivado de la crisis de la deuda a nivel internacional- y actualizamos el análisis a partir de la década de los 90, cuando la economía experimentó el último periodo de reformas estructurales de fondo; entonces encontramos que el diagnóstico cambia totalmente porque la productividad no solo no cayó sino que incluso aumentó.

Si tomamos el periodo a partir de la última crisis de fin de sexenio (1994-2010) el nuevo diagnóstico indica que la productividad total, lejos de haberse contraído, reportó un crecimiento de cerca de 0.7% en promedio anual, de acuerdo a cifras oficiales del INEGI reportadas en el mismo PND (pág. 73).

Por otro lado, la realidad económica mexicana de los últimos doce años de alternancia en el poder da suficiente evidencia de que el factor limitante más importante del crecimiento ha sido el proceso de desinversión productiva. Por ejemplo, la inversión total como proporción del PIB cayó continuamente desde un 27% en el 2000 (cuando el PIB alcanzó un crecimiento de 6%) hasta un 21% en el 2012 (cuando solo creció 3.9%).

En términos de las dos últimas décadas, la inversión total pasó de un promedio de 24% del PIB en la década de los 90 a 23% en la primera década del 2000, mientras que el crecimiento del PIB pasó de 3.6% a 1.7% en el mismo periodo. Es decir, mientras la productividad aumentó a un promedio de alrededor de medio punto porcentual en la más reciente década, la inversión total perdió un punto porcentual del PIB y el crecimiento económico perdió dos puntos. De esta manera, la destrucción de capital físico ha sido el factor más importante que ha obstaculizado el avance económico del país.

De aquí que, si bien no está mal que el PND le asigne relevancia al incremento de la productividad como elemento dinamizador en el largo plazo, la estrategia más bien debería centrarse en aquel factor que no solo es generador de productividad, sino incluso el medio más rápido para poder empezar a elevar la capacidad productiva de la economía desde el corto plazo: la inversión productiva.

De hecho, enfocar la estrategia del PND exclusivamente hacia la productividad puede llevar al gobierno a tomar el camino más largo para sacar al país de la mediocridad económica, porque ello implica tomar medidas de más largo plazo como la inversión en mejorar la calidad de la educación, modernizar la infraestructura y en desarrollo y transferencia de tecnología, medidas que al final de cuentas se tendrán que tomar.

Sin embargo, detonar la acumulación de capital puede hacerse desde el corto plazo con solo abrir sectores estratégicos  a la inversión productiva, lo cual debe ir acompañado de una reforma fiscal que le dé al gobierno ahorros de largo plazo para invertir precisamente en educación, innovación tecnológica y desarrollo social.

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Para poder llegar a la tierra prometida (México próspero) el país necesita invertir desde ahora para elevar la productividad en el mediano plazo.

Alfredo Coutiño es director para América Latina de Moody's Analytics.*

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