OPINIÓN: El 'campeonato mundial' de obesidad en México, ¿es culpa de EU?

Se cree que parte de las causas del incremento de la obesidad en México yace en la popularización de la comida rápida y los refrescos
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Autor: John D. Sutter | Otra fuente: 1

Nota del editor: John D. Sutter es columnista de CNN Opinión y director de la sección Change the List, de CNN. Síguelo en Twitter, Facebook o Google+. Envíale un correo electrónico a ctl@cnn.com.

(CNN) — Los expertos ofrecen toda clase de razones por las que México superó a Estados Unidos en índices de obesidad y que lo ubican como uno de los países con mayores índices de sobrepeso en el mundo.

La pobreza, los tacos, la urbanización y el refresco son los 'culpables' de los que suele hablarse, además de las propias decisiones que toman las personas en México, y que son decididamente parte de la situación.

Sin embargo, existe un factor más importante: el vecino del norte de México. ¿Una de las razones del creciente y letal problema de la obesidad en México podría ser que el país tiene la mala suerte de compartir frontera con Estados Unidos, tierra de la Coca Cola y hogar de la diabetes?

Empecé a pensar en ello luego de ver circular en internet la noticia de que según un reporte reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), casi una tercera parte de los mexicanos tienen obesidad, en comparación con el 31.8% de los estadounidenses.

Tal vez algunas de las costumbres estadounidenses, como la comida rápida, los alimentos fritos y los refrescos, se extendieron al sur.

Eso me recordó un inteligente artículo que leí en la revista The Economist en abril pasado.

"Tal vez el mayor problema de los mexicanos sea que son vecinos de Estados Unidos, lo que significa que la cultura de la comida rápida y de las porciones extragrandes tienen una influencia particularmente poderosa",  se leía en la revista británica. "También influyen los gigantes de los alimentos y bebidas que venden grandes cantidades de productos al sur de la frontera y que han demostrado que tienden a evadir los impuestos a los artículos suntuarios y otro tipo de leyes antiobesidad en Estados Unidos".

Llamé a Juan Rivera, director del Centro de Investigaciones en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud de México, para conocer su opinión sobre esta teoría.

Rivera no culpó a Estados Unidos, sino a las "bebidas azucaradas" que Estados Unidos produce y comercializa. Los índices de consumo de refrescos y bebidas azucaradas en México son pasmosos. Rivera señaló que el mexicano promedio bebe 163 litros de bebidas azucaradas al año, el primer lugar mundial. Eso equivale a casi nueve latas de refresco a la semana.

El auge de la clase media, aunado a la prevalencia de la comida callejera grasosa —como los tacos y las quesadillas— también son gran parte del problema, señaló Chris Wilson, socio del Instituto México del Centro Wilson. Sin embargo, el vecino acaudalado de México también interviene (y esto es crucial) al momento de moldear los gustos del país, dijo.

"Las papas fritas son muy populares, también se beben muchos refrescos", dijo Wilson. "Sin embargo, encontramos tendencias similares no solo en relación con la comida y la comida chatarra, sino, en un nivel más amplio, en que las pruebas comerciales en México están íntimamente relacionadas con los gustos de Estados Unidos. Eso se debe a la intensa interacción cultural" entre ambos países.

Esta influencia se ve en otros países, desde luego. Según el reporte de la FAO, 1,400 millones de personas (sí, leíste bien) en el mundo tienen sobrepeso y 500 millones tienen obesidad.

La popularidad de la comida rápida en el mundo y los consecuentes problemas de salud iniciaron en Estados Unidos y se han extendido a lo largo y ancho del mundo.

Pero, en cierto punto, ¿importa en dónde inició el problema?

Rivera, el funcionario de salud pública mexicano, afirmó rápidamente que la obesidad es un problema propio de México, sin importar su origen.

"Creo que en México es mayor la influencia de la industria de la comida rápida y de las bebidas azucaradas que en otros países porque somos vecinos de Estados Unidos", dijo. "Sin embargo, creo que la globalización ha llegado a tal grado que se ven cosas muy, muy similares en otros países, incluso en países menos desarrollados. No culparía demasiado a Estados Unidos. El problema es nuestro y tenemos que resolverlo".

Ya se están implementando importantes medidas. Se prohibieron los refrescos en las escuelas en México, señaló Rivera, y pronto podrían proponerse nuevos programas para combatir la obesidad.

La íntima relación de México con Estados Unidos implica que este último y sus representantes deberían compartir la responsabilidad e implementar soluciones.

Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud, dijo durante una conferencia que se celebró en junio en Finlandia: "Permítanme recordarles que no hay un solo país que haya podido revertir la epidemia de la obesidad en todos sus grupos de población por edad. Este no es un defecto de la voluntad individual. Es un defecto de la voluntad política para enfrentarse a las grandes empresas".

Sí importa en dónde empezó esta letal tendencia… y quién la inició.

Lo mínimo que podría hacer Estados Unidos es ser un mejor vecino.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a John D. Sutter.

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