OPINIÓN: 'El Chucho', un futbolista que con goles se convirtió en leyenda

A base de goles y con una gran aportación para un dramático y deseado campeonato, Benítez será aún más recordado en el futbol mexicano
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Autor: Ernesto Campos | Otra fuente: 1

Nota del editor: Ernesto Campos dirige el área deportiva de Relaciones Públicas en la consultora Edelman México, imparte el seminario de Periodismo Deportivo en la Escuela Carlos Septién García y fue coeditor en la sección Cancha, de Grupo Reforma. Síguelo en Twitter: @netie79

(CNNMéxico) — La muerte de una figura pública siempre resulta impactante, sin embargo cuando se trata de un atleta, en la plenitud de su carrera, con 27 años, ídolo del actual campeón y que acababa de firmar el contrato más importante de su carrera, se convierte en una noticia conmovedora y que unifica a todo el medio en el que se desenvolvió.

Christian Benítez murió en las primeras horas de este lunes en Qatar, país al que había emigrado luego de salir campeón con las Águilas del América, equipo del que se convirtió en figura y que siempre manifestó su deseo de conservarlo, aunque el ecuatoriano decidió aceptar una oferta que, se rumora, cuadruplicaba su salario.

Muchas veces se dijo que era un elemento al que el futbol mexicano le quedaba chico, sin embargo en su fugaz paso por la Premier League, solo pudo marcar cuatro goles con el Birmingham, hecho que lo obligó a regresar al Santos Laguna, su primer club en México.

Su velocidad hacía ver lentos a los mejores defensas de la liga mexicana y en ocasiones fue criticado por jugar más de manera individual y menos para el equipo, aunque sus resultados siempre avalaron su estilo.

Fuera de la cancha era un jugador caprichoso. En más de una ocasión amenazó al América con irse, pese a tener contrato, pues su representante aseguraba que le sobraban ofertas de Europa y que México limitaba su capacidad. Esas crisis fueron superadas inicialmente, por lo que regresaba al camino de las Águilas sin mermar su desempeño.

Su desobediencia lo llegó a meter en problemas cuando aceptó posar en la portada de un diario deportivo burlándose de la afición de los Pumas a quienes "invitaba" a comer alimento para gatos. En un escándalo de relaciones públicas, tanto el club como la marca de comida se deslindaron y el ecuatoriano debió disculparse.

El "Chucho" era el referente en ataque de la selección de Ecuador que actualmente disputa las eliminatoria rumbo al Mundial de Brasil 2014, cita que parecía ser el escenario ideal para su consolidación. Cuando jugó el Mundial en Alemania 2006 era todavía muy joven.

Su química con la Liga Mexicana fue evidente desde su primer campeonato, en el que resultó clave para que Santos ganará el título del Apertura 2008. En 2010 también se coronó como monarca de goleo individual con el equipo lagunero antes de irse al América en 2011.

Con las Águilas se convirtió en la transferencia más alta en la historia del futbol mexicano al costar 10 millones de dólares, cifra que desquitó con tres títulos de goleo y la conquista del más reciente título de Liga, el Clausura 2013, en una final dramática ante Cruz Azul que se definió en penales. Benítez anotó el segundo de la tanda y justamente fue ese su último gol como profesional.

Apenas conquistó el campeonato y se marchó a jugar con su Selección comenzaron los rumores de que ya no regresaría a las Águilas. Después de una telenovela larga y de la resignación de su directiva, tuvieron que dejarlo marchar.

Escogió al El Jaish SC, de la liga de Qatar, pese a no ser un campeonato con un nivel reconocido. Su capacidad futbolística era, por mucho, superior a lo que su nuevo destino iba a exigirle, pero un aumento sustancial a su salario lo convenció. Puso por delante la solvencia económica a la competencia deportiva.

Con su muerte prematura, el ecuatoriano acrecentará aún más su leyenda. Sin importar aficiones o simpatías, hay que reconocer que Benítez fue el mejor delantero que llegó a México después de José Cardozo y que, como un presagio, marcó su último tanto en una gran final que resultará inolvidable.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ernesto Campos.

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