OPINIÓN: El fin de la trata de personas ayudaría a combatir la pobreza

Millones de personas trabajan en condiciones deplorables con la esperanza de algún día tener un ingreso suficiente para sus familias
Tráfico de personas y trata de personas, diferentes
Guy Ryder, especial para CNN
Autor: Guy Ryder, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Guy Ryder es el director general de la Organización Internacional del Trabajo. Es el impulsor del Programa de Trabajo en Libertad, una iniciativa financiada por el Departamento para el Desarrollo Internacional de Gran Bretaña, que busca ayudar a 100,000 mujeres y niñas de Bangladesh, India y Nepal donde realizan trabajos forzados en países que incluyen a Líbano, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos.

(CNN) — En todo el planeta, aproximadamente una de cada siete personas vive en pobreza extrema, con una ganancia de menos de 1.25 dólares (15.50 pesos) al día para sobrevivir. Cada día, ellos y millones más que viven justo por encima de la línea de la pobreza luchan por tener un ingreso para comer, sueñan con una vida mejor y con ganar lo suficiente para proveer a sus familias.

Geeta Devi era una de estas personas. Esta madre de 32 años con dos hijos en Nepal, luchaba por mantenerlos y, como millones antes que ella, tomó la difícil decisión de dejar atrás a su familia para buscar un mejor trabajo. Geeta, cuyo nombre no es revelado para proteger su seguridad, se fue de su hogar con la convicción de haber asegurado un trabajo a través de una agencia local de reclutamiento en un hospital de Líbano.

Cuando llegó a Beirut, el hombre que la recogió en el aeropuerto le dijo que trabajaría como empleada doméstica en su casa.

Geeta había utilizado sus escasos ahorros para viajar al extranjero y ahora no tenía dinero para regresar a casa. Así que se vio forzada a aceptar el trabajo. Lo que siguió fue una historia de explotación bastante común: no había paga, había abuso físico y psicológico, perdió el contacto con su familia y no tenía permitido viajar.

Lo triste es que el caso de Geeta no es la excepción. Es una situación que enfrentan millones de mujeres y niñas del sureste de Asia que migran con grandes esperanzas solo para encontrarse lejos de casa, atrapadas en algún lugar y con frecuencia en condiciones terribles.

En todo el mundo, hay 21 millones de personas que realizan un trabajo forzoso. Más de la mitad de ellas son mujeres y niñas. Viven bajo condiciones inimaginables, a las cuales son sometidas por la fuerza o con engaños y de las que no pueden escapar.

El impacto físico y emocional en las personas es terrible. También existe una falla económica: calculamos que las víctimas pierden 21,000 millones de dólares (más de 260,000 millones de pesos) en ingresos al año, dinero que podría ayudar a familias y comunidades enteras a salir de la pobreza.

Creo que es inaceptable que estas condiciones equiparables con la esclavitud existan en algún lugar del mundo actualmente.

Hay varios factores involucrados, desde el engaño por parte de reclutadores sin escrúpulos hasta la explotación a manos de jefes en las distintas regiones o países de destino. Las trabajadoras domésticas migrantes son particularmente vulnerables debido a que dependen en gran medida de sus patrones y a que los hogares privados frecuentemente están exentos de las reglas del mercado laboral y de la inspección de las autoridades.

Pero con voluntad política y soluciones innovadoras, podemos acabar con la esclavitud del mundo moderno. En principio, necesitamos castigos estrictos para aquellos que gozan de los beneficios de la explotación. También necesitamos fuertes medidas preventivas.

Las mujeres que están en riesgo de ser explotadas necesitan apoyo educativo y capacitación sobre sus derechos y habilidades para mejorar su capacidad de acceder o crear oportunidades de empleo locales, así como el poder de decisión de migrar como trabajadoras bien informadas y calificadas con un potencial de ingresos mayores.

Pero incluso la migración preparada puede resultar mal, si las leyes y las políticas no protegen los derechos de los trabajadores.

Por eso también necesitamos fortalecer la legislación laboral con leyes y políticas específicas para cada género, así como acuerdos entre los países para proteger los derechos de los trabajadores migrantes, en especial los de las mujeres.

Una medida importante es ampliar la cobertura de la ley laboral a las trabajadoras domésticas, una medida que ya se ha tomado en algunos países como Jordania.

La Convención 189 de Trabajo Doméstico de la Organización Internacional del Trabajo entrará en vigor en septiembre de este año. Ya ha generado un nuevo impulso a favor de una acción legislativa más vigorosa. El reconocimiento del trabajo doméstico también debe reflejarse en acuerdos migratorios bilaterales y multilaterales.

Y la industria del reclutamiento tiene que estar mejor regulada a nivel nacional e internacional. Es necesario revisar la legislación vigente y evaluar el alcance que podrían tener los procesos penales y las sanciones administrativas en contra de las prácticas de reclutamiento abusivas.

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Por último, necesitamos reducir la pobreza y mejorar las oportunidades de las personas de encontrar un trabajo digno en sus propios países. Al mismo tiempo, la migración es una realidad de nuestra economía globalizada. Y si no queremos que se convierta en una pesadilla de tráfico, deuda, explotación y violencia, necesitamos que sea más segura de manera que las personas, y las mujeres en particular, puedan trabajar en libertad en cualquier lugar.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Guy Ryder.

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