OPINIÓN: De maratón no sabía nada, pero cumplí mi sueño de ganar el de NY

Para poder correr o ganar un maratón lo que se haga no debe ser visto como un sacrificio, sino como objetivos que te llevarán a la meta
germán silva maraton
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Autor: Germán Silva | Otra fuente: 1

Nota del editor: Germán Silva es un atleta mexicano retirado. Ganó el Maratón de Nueva York en 1994 y 1995, ocupó el sexto lugar en la prueba de 10,000 metros planos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, y sexto sitio en la prueba de maratón de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Actualmente se desempeña como entrenador de atletismo, conferencista y es corredor permanente e incansable. Síguelo en su cuenta de Twitter: @corredorreal

(CNNMéxico) — Para mí, todo empezó con el firme deseo de algún día poder representar a México en unos Juegos Olímpicos.

En Zacatlán, Puebla, donde nací, después de acompañar a mi padre a empacar manzanas, vi por televisión cómo a los marchistas Raúl González y Ernesto Canto les colgaban una medalla olímpica en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 —ganaron oro y plata en la competencia de 20 kilómetros de marcha—, al tiempo que se izaba la bandera y entonaban el himno nacional.

Desde ese momento me propuse hacer todo lo que tenía que hacer para vivir ese sueño.

Fueron muchas horas de entrenamiento antes de lograr algo, aproximadamente 10,000, según mis cálculos, así como un par de vueltas al mundo, corriendo hermosos paisajes y recorriendo en México, en este orden los estados de Puebla, Veracruz, Guerrero, Distrito Federal y Estado de México.

Pero definitivamente fueron las pistas de atletismo en donde me ponía a tono para empezar ese recorrido competitivo, que cada día me acercaba al objetivo principal. Cada carrera ganada o perdida no solo me daban experiencia, sino también complementaban mi formación personal y ponía en alto mi motivación.

De maratón no sabía nada, ni mucho menos me veía corriendo uno, pero afortunadamente y para mi éxito posterior como maratonista, puedo decir que el destino me llevo por el camino correcto.

Fue compitiendo en pista como exploté mi velocidad, entrenando y compitiendo en pruebas desde 1,500 metros planos, 3,000 metros con obstáculos —que me ayudaron a desarrollar la fuerza que permitió que mi corazón creciera y se encargara de oxigenar mis músculos para soportar esos cambios de ritmo durante las primeras 25 vueltas—, para así pasar a la final olímpica de los 10,000 metros planos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, en donde sin nada que perder, y con tan solo dos días de recuperación, intenté ganar mi primera medalla olímpica. Ese sexto lugar olímpico solo fue el preámbulo para dominar las calles en los circuitos de carreras de México, Estados Unidos, Europa y otros sitios que como niño soñaba conocer.

"Yo voy a ganar ese maratón", me dije a mí mismo cuando en la casa de unos amigos corredores se transmitía por televisión el maratón de Nueva York de 1993. Sentí emoción, satisfacción y orgullo de ser compañero de entrenamiento de Andrés Espinosa, quien en esos momentos cruzaba la meta en primer lugar. En ese momento tuve claro que si él ganó yo también podría conseguirlo.

A partir de ese momento y en cada entrenamiento no solo me entrené físicamente para ganar, sino también fortalecía mi mente imaginando cómo festejaría mi triunfo al momento de cruzar la meta. De esa manera, jamás tuve dudas de que ganaría, al contrario, para mí era como un trato hecho.

Correr un maratón no es fácil, pero tampoco hay mucha diferencia entre quienes entrenan para ganarlo o solo corren para terminarlo. Siempre tienes que fortalecer cinco elementos durante tu preparación, iniciando por el entrenamiento mental. Este te prepara a trabajar tu resistencia cardiovascular, tu fuerza muscular, velocidad y por supuesto la recuperación. Para cada corredor debe existir un plan de entrenamiento que se ajuste a las necesidades físicas y laborales. Esta fórmula nunca me ha fallado y hoy como coach lo aplico con mis pupilos.

En mi vida deportiva y hasta hoy nunca ha existido la palabra sacrificio. Me duermo esperando que amanezca con la ilusión de hacer lo que amo. Correr. Siempre me pongo un reto u objetivo. Lograrlo es consecuencia de disfrutar un cielo, es como las estaciones del año: termino una e inicia otra. Correr la distancia que sea: 1,500 metros, 5,000, 10,000, un maratón, un Ironman o un ultramaratón —que es lo que ahora me apasiona—, me ha hecho entender que ser feliz con mi familia y los que amo está basado en recibir y dar amor.

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Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Germán Silva.

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