OPINIÓN: EU está entre la espada y la pared por Siria, problema 'infernal'

El gobierno estadounidense se enfrenta al difícil reto de buscar una justificación y el respaldo internacional para intervenir en Siria
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Autor: Peter Bergen | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Peter Bergen es analista de seguridad nacional para CNN; es director de la Fundación New America  y autor del libro Manhunt: The Ten-Year Search for bin Laden -- From 9/11 to Abbottabad.

(CNN) — En el estudio más serio sobre la respuesta de Estados Unidos a los asesinatos en masa en todo el mundo —desde las masacres de armenios a manos de los turcos hace un siglo; el Holocausto; las más recientes atrocidades en contra de los musulmanes bosnios, y la limpieza étnica de los tutsis en Ruanda— se llegó a la conclusión de que todos compartían desafortunadas características en común:

"A pesar de la cobertura de los medios de comunicación gráfica, los políticos estadounidenses, los periodistas y los ciudadanos son muy lentos para reunir la imaginación necesaria para calcular el mal. Ante las matanzas, asumen que los actores racionales no ejercerán una violencia aparentemente gratuita. Ellos confían en las negociaciones de buena fe y en la diplomacia tradicional. Una vez que las masacres comienzan, dan por sentado que dejarán en paz a los civiles que no se resistan. Instan a negociar ceses al fuego y donan ayuda humanitaria".

Esta es una descripción casi perfecta de cómo Estados Unidos ha actuado durante los dos últimos años, mientras ha intentado concebir alguna clase de política para poner fin a la brutal guerra que el régimen de al Assad emprendió en contra de su propio pueblo en Siria.

La autora de la feroz historia crítica sobre como Estados Unidos ha vacilado en general ante el genocidio y los asesinatos en masa ganó el premio Pulitzer en 2003 por su libro: A Problem from Hell: America and the Age of Genocide (Un problema infernal. Estados Unidos y la era del genocidio).

Una década después de ganar el Pulitzer, esa autora es ahora embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas. Su nombre, por supuesto, es Samantha Power, veterana asesora del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Ella empezó a trabajar para Obama cuando él era un joven senador de Illinois prácticamente desconocido.

Power dio a su estudio sobre el genocidio de 610 páginas el título de A Problem from Hell porque así era como el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Warren Christopher, se refería a la guerra civil en Bosnia y a las opciones desagradables de las que Estados Unidos disponía a principios de 1990 para poner fin a las atrocidades cometidas por los serbios.

Uno de los funcionarios de Estados Unidos sobre los que Power trató en su libro es Susan Rice, quien, como alta funcionaria del departamento de Estado encargada de África, no hizo nada ante el genocidio que se desarrollaba en Ruanda en 1994.

En el libro se señala que Rice insinuó durante una teleconferencia entre agencias que sería poco prudente usar públicamente la palabra "genocidio" para describir la situación en Ruanda mientras no se hacía nada para evitarla, además de que podría afectar negativamente al Partido Demócrata en las siguientes elecciones al Congreso.

Más tarde, Rice dijo a Power que no recordaba haber hecho esta declaración pero reconoció que si la había hecho, había sido "completamente incorrecta además de irrelevante".

Ahora, Rice es la asesora de seguridad nacional de Obama.

En 2012 y a petición de Power, Obama anunció la creación de una fuerza de trabajo interinstitucional que ayudaría a señalar las atrocidades en todas partes del mundo. La llamó Junta de Prevención de Atrocidades y Power la encabezó durante el primer año.

Mientras tanto, la cifra de víctimas mortales en Siria seguía creciendo.

Durante los últimos dos años, Obama no ha querido intervenir militarmente en Siria.

¿Quién querría hacerlo? El país se está desintegrando de facto en "emiratos" dirigidos por los yihadistas y en pequeños Estados alauíes. También es el escenario de una guerra de poder en la que se reúnen las filiales de Al Qaeda que cuentan con el apoyo de Qatar y Arabia Saudita en contra de Hezbolá, que cuenta con el respaldo de Irán.

Quien prevalezca en esta lucha difícilmente será aliado de Estados Unidos. Es un terrible desastre que hace que lo que ocurrió en Iraq en 2006 luzca bien.

En breve, es un problema infernal.

Power, Rice y Obama se enfrentan hoy a algunas de las decisiones más duras a las que se han enfrentado las autoridades de seguridad nacional de Estados Unidos mientras tratan de impedir masacres masivas en países distantes asolados por la guerra.

Pueden seguir haciendo poco mientras la guerra civil en Siria entra en su tercer año y la cifra de muertos rebasa las 100,000 personas. Las circunstancias están agravadas por el hecho de que el régimen de Bachar al Asad parece no solo haber cruzado "la línea roja" al usar armas químicas, sino que parece haber rebasado por mucho esa línea al matar a cientos de personas con neurotoxinas en un suburbio de Damasco, según el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry.

Kerry calificó esos ataques como algo que "debería perturbar la consciencia del mundo. Desafía cualquier código moral".

El no hacer nada no será bien recibido por los historiadores del futuro que escriban en el mismo tenor que Power.

El problema actual en Siria no estriba simplemente en que Al Asad esté masacrando a sus propios civiles a un ritmo industrial, sino que está desacatando flagrantemente una norma internacional bien establecida por medio del uso a gran escala de las neurotoxinas como armas en contra de los civiles. Parece inconcebible que Estados Unidos, como garante del orden internacional, no responda a esto de alguna forma.

¿Pero con qué autoridad? Hay pocas probabilidades de que la ONU emita una resolución en la que se autorice la acción militar. Cuando fue embajadora ante la ONU, Rice logró que pasara una resolución en el Consejo de Seguridad, con la que se autorizó la acción militar en Libia en 2011. Sin embargo, lo más probable es que Rusia y China veten cualquier resolución similar con respecto a Siria.

Rusia es uno de los pocos aliados de Siria; Rusia y China generalmente se oponen incondicionalmente a cualquier clase de intervención internacional en los asuntos de otros países, sin importar lo atroz que sea el comportamiento de dichos Estados. Eso deja la posibilidad de que Estados Unidos emprenda alguna clase de acción unilateral.

Estados Unidos infringe regularmente la soberanía de países como Pakistán y Yemen con ataques de naves robot no tripuladas (drones) con el nuevo argumento legal de que los terroristas que planean ataques contra Estados Unidos viven en esos países y esos países no están dispuestos o no pueden expulsar a los terroristas de su territorio, por lo que pueden infringir su soberanía con ataques con drones.

Sin embargo, el afirmar que el régimen sirio es una amenaza para Estados Unidos no es factible y por lo tanto, parece poco probable que Estados Unidos tome acciones unilaterales.

En 1986, el gobierno de Reagan lanzó ataques aéreos contra las casas del dictador libio, Muamar Gadafi, luego de que murieran dos elementos de las fuerzas armadas estadounidenses en el atentado contra una discoteca en Berlín por parte de agentes libios. En Siria no existe un casus belli semejante.

¿Qué opciones quedan en vista de que no parece haber probabilidades de que se emprenda una misión militar autorizada por la ONU ni un ataque unilateral estadounidense?

Una opción atractiva podría ser algo parecido al modelo de Kosovo. La Guerra de Kosovo, en 1999, fue una guerra totalmente aérea en la que no murieron soldados estadounidenses. La meta de la campaña aérea era expulsar a las fuerzas serbias de Kosovo. Rusia estaba aliado con los serbios, así que al igual que en el caso actual de Siria, no había probabilidades de que la ONU emitiera una resolución que permitiera el uso de la fuerza.

En cambio, la guerra se efectuó bajo la protección del grupo de seguridad colectiva de la OTAN. Kosovo está, desde luego, en Europa y la OTAN es una alianza dedicada a la seguridad, mientras que Siria se encuentra en Medio Oriente, en donde sería más problemático que la OTAN actuara.

(Una fuerza de la OTAN combate actualmente en Afganistán por la única razón de que Al Qaeda atacó desde Afganistán a uno de sus Estados miembros, Estados Unidos, en 2001, lo que provocó que entrara en vigor el Artículo 5 del estatuto de la OTAN, que consagra el derecho a la autodefensa colectiva de los miembros de la alianza).

Si se lanzara un ataque aéreo contra Siria, una probabilidad es que Turquía, miembro de la OTAN, invocara el Artículo 5 porque Siria ha abierto fuego contra su territorio regularmente.

Hasta ahora, Turquía se ha mostrado reticente a invocar el Artículo 5, aunque el supuesto uso a gran escala de armas químicas por parte del régimen de Al Asad podría cambiar la estrategia de los turcos.

Otra fuente de legitimidad para la acción militar podría ser alguna clase de autorización de la Liga Árabe. La Liga Árabe usualmente es una entidad inofensiva que al parecer sorprendió a todos —incluso a sí misma— hace dos años, cuando respaldó la acción militar en contra de Gadafi.

Ese respaldo le dio una legitimidad internacional considerable a la campaña aérea contra Gadafi que encabezaron Estados Unidos y otros países de la OTAN, como Francia.

Es difícil creer que en este momento no se lleve a cabo alguna clase de acción militar contra Siria, probablemente en la forma de ataques con misiles estadounidenses de largo alcance desde buques apostados en el Mediterráneo.

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Tales ataques tienen el mérito de que no ponen en riesgo las aeronaves estadounidenses, que podrían encontrarse en dificultades con los sistemas de defensa antiaérea de Siria, que tienen fama de ser eficaces. Además, es probable que la operación cuente con la autorización combinada de la OTAN y la Liga Árabe, lo que al menos le daría una semblanza de legitimidad internacional.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Peter Bergen.

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