OPINIÓN: La prostitución legal contribuye a la humillación de las mujeres

La legalización de la prostitución no es una solución a la explotación y la humillación que sufren mujeres y niñas en todo el mundo
Prostitutas brasileñas
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Lauren Hersh, especial para CNN
Autor: Lauren Hersh, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota de  editor: Lauren Hersh es Directora de Equality Now en Nueva York y encabeza el programa de Tráfico Sexual de esta organización que combate la violencia contra las mujeres y las niñas. Es ex fiscal de la Oficina del Juez de Distrito del Condado Kings en Brooklyn.

(CNN) — Los intentos erróneos para reducir el estigma mediante la legalización implican que los gobiernos se beneficien económicamente del tráfico sexual a expensas de las personas que ejercen la prostitución.

Mi amiga, Rachel Moran describe en su libro Paid for, la manera en que fue puesta bajo la custodia del estado a los 14 años y en menos de un año no tenía hogar, tenía hambre y era vulnerable. La falta de opciones hizo que cayera en las garras de la prostitución. Durante los siguientes siete años, vivió numerosas violaciones y una incesante violencia. Sin embargo, el daño físico y la explotación no fueron lo único que tuvo que sufrir.

Para Rachel y para muchas otras sobrevivientes en todo el mundo, el estigma social es un concepto al que frecuentemente se tienen que enfrentar. Se presenta debido a que la sociedad deshumaniza a las personas que ejercen la prostitución y las trata como ciudadanos de segunda clase, en el mejor de los casos.

El estigma evita que las personas que ejercen la prostitución tengan acceso a un cuidado médico adecuado y los pone en mayor riesgo de ser víctimas de la violencia por parte de abusadores que con frecuencia actúan con impunidad.

Para algunos, la solución es sencilla: legalicemos la industria del comercio sexual y el estigma desaparecerá.

Sin embargo, los expertos, los informes de gobierno y las publicaciones académicas confirman cada vez más lo que los sobrevivientes han dicho durante mucho tiempo. La legalización o descriminalización de la industria del comercio sexual no reduce el estigma, no elimina la violencia y no hace que la situación sea más segura para las personas dentro de la prostitución.

En un esfuerzo por "poner fin a la explotación de personas con fines de prostitución: tráfico humano", Holanda aprobó una legislación en el año 2000 para legalizar la prostitución. Durante los últimos 13 años, el mundo ha observado este importante experimento para reducir el estigma y la violencia.

Holanda es un conocido destino del turismo sexual y continúa experimentando la explotación sexual comercial de niños y el tráfico de personas, tanto en el sector legal como el ilegal.

En un intento para normalizar la prostitución y "sacarla a la luz", se exhorta a las mujeres para que se registren con propósitos fiscales en Holanda. Aún así, un pequeño número de mujeres se registran.

Rachel Moran describe las razones de esta situación en su libro Paid for. "Entiendo perfectamente la razón por la que muchas la rechazan y trabajan de manera ilegal para evitarlo. Si a mí se me hubiera forzado a escoger entre trabajar en secreto o ser calificada oficialmente como prostituta, hubiera hecho exactamente lo mismo. Los defensores de la prostitución dirían que sufría de los efectos negativos del 'estigma de la prostituta'. No. Los únicos efectos negativos que surgían fueron los efectos negativos de la prostitución".

Pero no solo Holanda reconoce grandes fallas en lo que ha tratado de ser la desestigmatización de la prostitución, sacarla "a la luz" y reducir la explotación.

En Nueva Zelandia, donde la prostitución y las actividades que la rodean fueron descriminalizadas en 2003, el primer ministro John Key ha dicho que esto no ha tenido como resultado una reducción significativa en la prostitución en las calles y la prostitución infantil.

En un informe de gobierno en Nueva Zelandia se dijo que la desregulación de la prostitución no redujo la violencia en la industria del sexo y que "el abuso y la humillación hacia las trabajadoras sexuales de la calle es común".

Mientras, un prestador de servicios en Victoria, Australia, donde la prostitución se legalizó en la década de 1980, dijo que "las mujeres constantemente nos dicen que su estatus de haber sido prostitutas se usa en su contra". Alemania es el último país en discutir abiertamente el fracaso de la legalización en los medios a nivel nacional.

Ni la legalización ni la discriminación curan la inequidad de género inherente que se da cuando un comprador adquiere el cuerpo de una mujer o de una niña. Stella Marr, sobreviviente de la prostitución y fundadora de Sex Trafficking Survivors United enfatiza que el estigma se origina del lado de la demanda, "en los compradores que utilizan su poder político y financiero para comprar a los más jóvenes, pobres, desamparados y vulnerables. La secrecía que demandan estos compradores para ocultar el daño que hacen crea una forma de estigma especialmente devastadora: un silencio sofocante impuesto por el miedo y la vergüenza".

Cuando los gobiernos fallan en su intento por controlar la demanda de la industria del comercio sexual, no solo fallan en proteger a las personas que ejercen la prostitución, sino que también se benefician mediante el incremento de los impuestos que se generan de la explotación de las personas.

Pero no son los únicos que se benefician. Al sacar la industria del comercio sexual "a la luz", los traficantes, los proxenetas, los dueños de burdeles y los compradores de sexo se benefician en esta industria multimillonaria.

En un esfuerzo por priorizar los derechos humanos y la seguridad de las personas que ejercen la prostitución, Suecia, Noruega e Islandia han adoptado el Modelo Nórdico, un enfoque que criminaliza la compra de sexo, descriminaliza la venta de sexo y ofrece estrategias de salida para aquellos que son comprados.

Durante el lanzamiento de la Plataforma de la Sociedad Civil de la Unión Europea contra la Trata de Seres Humanos, en Bruselas, en mayo de este año, Myria Vasiladou, coordinadora de la Unión Europea contra la Trata sugirió que los "estados miembro de la UE estén obligados legalmente a tomar medidas para vencer la demanda que alimenta la trata". Aún así, pocos países lo han hecho.

Después de dejar valerosamente la industria del comercio sexual, Rachel Moran explica en Paid for lo que es fundamentalmente incorrecto de los intentos gubernamentales por legalizar la prostitución en lugar de enfocarse en la demanda: "caer en la prostitución es suficientemente humillante; legalizar la prostitución es condonar esa humillación y absolver a los que la ocasionan. Es un insulto agonizante".

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Lauren Hersh.

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