OPINIÓN: El fenómeno de las 'ladys' contagia al futbol, ¿hasta dónde?

El clasismo y la sensación de superioridad, que ya llegaron a los estadios, son tristemente un reflejo de la parte aborrecible de México
aficion tri mexico
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Autor: Miguel Ángel Briseño | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Miguel Ángel Briseño es periodista especializado en deportes. Es conductor y narrador en TDN (Televisa Deportes Network), TDW y W Radio. Tiene 11 años de trayectoria y previamente laboró en el periódico Reforma. Síguelo en twitter: @MiguelAngelBris

(CNNMéxico) — Tenía 8 años cuando empezaba a ir al Estadio Azteca. Recuerdo entrar siempre por el túnel 7 y emocionarme cuando a la distancia distinguía los colores de los uniformes que vestían los equipos en el juego preliminar. Me echaba a correr y solía encontrar a no más de 10,000 aficionados en ese inmueble que a la fecha no me deja de apantallar.

Jugaban Cruz Azul-Morelia. O Cruz Azul-Tecos, Cruz Azul-Atlético Potosino, Cruz Azul-Atlas, partidos en los que mi papá me podía vigilar a la distancia y no pasaba nada, pues la asistencia era desoladora para ver a un equipo que tampoco ofrecía mucho. Por eso mi papá me llevaba al estadio en esos juegos, y no a los Cruz Azul-América, o Cruz Azul-Chivas, o Cruz Azul-Pumas, que mejor veíamos por la tele. O íbamos al estadio, pero solo a palcos, "porque ahí sí es seguro", recuerdo perfecto que decía mi mamá.
 
Fue lo primero de lo que me acordé cuando ví el video "Ladys del Azteca", en el que una señorita rocía con gas pimienta a otros aficionados en un palco durante el partido entre México y Honduras, tras enfrascarse en una discusión en la que brotaron argumentos tan 'cavernícolas' como "¡mira el color de mi piel!, y que finalizó con por lo menos 20 personas saliendo de la zona de palcos, dañadas por la inhalación de gas usado por la "Lady del Azteca", dejando en segundo plano la dolorosa derrota del 'Tri' ante Honduras. No terminaron de ver el partido y eso que "ahí sí era seguro".
 
El fenómeno de las ladys y los gentlemans es tristemente un reflejo de la parte aborrecible de México. De esa plaga que contagia a la gente por insignificancias, pero que termina por discriminar, agredir, insultar y denigrar. Esas pizcas de poder que adquieren ciertos ciudadanos que por acceder a tal evento, ganar más que el otro, conseguir cierto boleto o sentarse en equis asiento despliegan la soberbia con tal orgullo que dan ganas de vomitar. El clasismo, el racismo, la discriminación que vive entre nosotros, y que por ser cotidiana pensamos que es inofensiva. 
 
Ese hacer menos al otro lo hemos vivido y lo estamos viviendo de nuevo en la eliminatoria de Concacaf. De las últimas cuatro, la Selección Mexicana de Futbol ha terminado sufriendo, y por ende, cambiando de entrenador en tres de ellas. Esto, no obstante la ampliación de las plazas para la zona futbolística, que hoy otorga 3.5 lugares a Concacaf. Es decir, es más difícil quedar eliminado que clasificar a la Copa del Mundo.
 
Pero México no puede pasar al Mundial sin complicaciones, como el medio futbolístico en general supone que debe ser. No nos fijamos que las naciones centroamericanas y Estados Unidos tienen igual o más elementos que México en las ligas europeas. Nos confiamos en que hondureños, ticos, salvadoreños y panameños siguen por televisión y con cierto interés la liga mexicana. Digámoslo tal cual: nos creemos superiores. Los discriminamos… futbolísticamente.
 
Ahora quedan dos partidos por delante, y la selección mexicana tiene 3 escenarios: clasificar directo (poco probable), ir al repechaje contra Nueva Zelanda (muy probable) o quedar fuera del Mundial (algo probable). Recibir a Panamá y visitar a Costa Rica, ya clasificado. ¿Y el comentario general? "Es que tendríamos que clasificar, México es mejor que sus rivales". #CONAPREEEED
 
 
En esta nación de contrastes y de crisis permanentes nos vendría bien un bañito de humildad, una enjabonada de igualdad y una enjuagada con la realidad. Nos preocupa mucho el pase al Mundial y no tanto lo que sucede en las tribunas, donde cualquiera te echa un gas porque se creyó con la autoridad para hacerlo.
 
Esperemos que Víctor Manuel Vucetich traiga nuevas ideas y mucho trabajo, para que no nos quiten el agua caliente que significa ir a Brasil. Que los jugadores se apliquen, con los pies y con la cabeza.
 
En la cancha no se permite el gas pimienta.
 
Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Miguel Ángel Briseño.
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