OPINIÓN: 'Baja de peso o perderás tu trabajo', fue lo que creí escuchar...

Una conductora de televisión encontró una razón importante para transformar su vida y ser más saludable
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Autor: Tory Johnson, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: La mujer de negocios y colaboradora de Good Morning America, Tory Johnson está en una misión para ayudar a otras mujeres a cambiar su pensamiento y obtener una vida mejor. Su nuevo libro, THE SHIFT apareció en el No. 1 de la lista de bestsellers del New York Times.

(CNN) — Hace dos años, una sola conversación cambió mi vida: mi jefe me dijo que necesitaba bajar de peso o despedirme de mi trabajo.

En realidad, no dijo eso, pero eso fue lo que yo escuché.

De hecho nunca usó las palabras "gorda" o "bajar de peso". Nunca amenazó mi carrera profesional. Pero cuando dijo que mi ropa no me hace justicia y que quería enviarme con un profesional de la imagen, interpreté el mensaje de manera diferente. Pensé que significaba que si no reducía mi talla, no seguiría en el programa Good Morning America de la cadena ABC, en el que he colaborado durante largo tiempo.

Después de todo, la televisión es un medio visual y todo mundo debe de verse de lo mejor.

"Baja de peso o perderás tu trabajo", eso fue lo que escuché. Toda mi vida había sido gorda, me sentía atrapada y aparentemente no podía cambiar. En retrospectiva, esperaba una razón importante (casi un ataque cardiaco o un diagnóstico de diabetes tipo II) para bajar de peso. La posibilidad de perder un trabajo que amo fue la chispa que necesitaba para comenzar.

Si toda tu vida has sido una persona gorda y estás desesperada por no serlo, sabes que es como estar en prisión: quieres escapar, pero a pesar de los esfuerzos, fracasas en tu intento de dejar de estar tras las rejas.

Estaba cansada de permitir que la vergüenza del peso controlará mis malas decisiones, desde usar azul marino el día de mi boda para evitar verme como un malvavisco gigante en un vestido blanco tradicional, hasta evitar ir al doctor durante más de 10 años porque no quería que me sermonearan por mi peso.

Cuando me dispuse a bajar de peso, en realidad no sabía cómo iba a lograrlo. Pero sabía que una cosa era segura: no iba a hacer con una dieta. Ya lo había intentado todo.

De hecho, había probado prácticamente todas las dietas que existen desde Atkins hasta The Zone, desde la sopa de col hasta la dieta de las galletas. Claro, bajé algunos kilos, pero cada vez que me cansaba del régimen y regresaba a mis antiguos hábitos, volvía a subir.

Concluí que las dietas simplemente ponen en pausa un mal hábito y esta vez, simplemente poner una pausa no era suficiente.

En cambio, mi plan era bastante sencillo:

Comer menos (¡daaa!) Determiné de manera arbitraria que debería comer la mitad de lo que solía comer normalmente. Mi truco fue que si podía nombrar todo lo que me comía en un día en menos de 10 segundos, lo estaba haciendo bien.

Elegir mejor: para mí, eso significaba que debía eliminar los carbohidratos, es decir, despedirme de muchas comidas blancas: cualquier cosa con harinas, pasta, arroz, papas y azúcar.

No hay días de trampa: Si bien algunas dietas permiten un día de descanso a la semana, sabía que eso no me funcionaría. Esperaba a que llegara el día de descanso y me comía todo lo que podía encontrar y al poco tiempo, estaba comiendo las mismas cantidades todo el tiempo.

Ahora pienso que recompensar a alguien que trata de bajar de peso con un día de descanso es lo mismo que decirle a un alcohólico que puede celebrar un mes de sobriedad con una cerveza. No funciona. Si pudiera manejar la moderación, para empezar, no sería gorda.

Moverse más: esto era lo más fácil de todo, ya que no me movía para nada. Subir por las escaleras, caminar hacia y desde el trabajo y pasear alrededor de la cuadra algunas veces al día se convirtió en una caminata diaria en la caminadora eléctrica que se encontraba junto a mi cama.

Hacerme responsable diariamente: Me pesaba cada mañana para estar consciente de mi peso. No más negación.

Hacer una pausa antes de empezar a comer en exceso: Siempre he tenido problemas con comer botanas sin sentido. Esta vez, antes de comer, me detenía a pensar: ¿preferencia o prioridad? La preferencia podría haber sido elegir papas fritas o galletas, pero la prioridad siempre era bajar de peso. Solo reflexionar eso durante un momento me permitía tomar la decisión correcta.

Después de un año de utilizar este sencillo plan, bajé cerca de 33 kilos. Y desde entonces he bajado otros 5. Aprendí que lo que pongo en mi cabeza es mucho más poderosos que lo que pongo en mi boca y estoy eternamente agradecida con el jefe que me envió a este viaje.

Cuando se trata de bajar de peso, ninguna pastilla, poción o plan supera a la paciencia y a la perseverancia. Ésa era la pieza que faltaba en el rompecabezas para mí: las rejas que evitaban que sintiera la libertad que me permitiera entender el problema. En el pasado, esperaba resultados de la noche a la mañana y al no obtenerlos, dejaba de intentar.

Tenía éxito profesional, tenía un excelente esposo e hijos maravillosos. Pero cuando se trataba de bajar de peso, era un desastre y fracasaba una y otra vez, ya que no tenía la mentalidad necesaria para ello.

Parece que mi mensaje ha tenido eco en personas que han luchado durante largo tiempo o durante toda su vida con el peso. He recibido miles de correos electrónicos que dicen que mi historia es su historia, que ellos también se sentían tentados por la autocomplacencia al seguir una y otra dieta para solo bajar un poco de peso y volver a subirlo.

En una era de premios de lotería gigantes, muchos de nosotros pensamos que solo necesitamos convertirnos en millonarios comprando un billete de lotería. ¿Quieres ser la siguiente Lady Gaga? Algunas participaciones en American Idol te permitirán logarlo. Siempre buscamos una solución inmediata, la salida fácil, para resolver los que nos preocupa.

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El pasado no debe determinar nuestro futuro, Cada uno de nosotros tiene el poder para cambiar nuestra propia mente y lograr una vida más feliz y saludable. Todos podemos hacer el cambio.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Tory Johnson.

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