Gobierno de EU, ¿borrón y cuenta nueva?

Tras el estancamiento es hora de evaluar el sector político del país y depurarlo, dice Allan Sloan; el Tea Party y los republicanos son causante de la crisis, pero en igual medida que los demócratas.
capitolhill  (Foto: Getty)
Allan Sloan

Creo que se supone que todos deberíamos sentirnos aliviados, felices y satisfechos de que nuestros supuestos líderes en Washington finalmente hayan logrado aprobar la reapertura del Gobierno y evitar que nuestro país incumpla con el pago de sus deudas.

Al mercado de valores le encantó; el Wilshire 5000, la medida más amplia del mercado de valores estadounidense, alcanzó un máximo histórico el miércoles, y lo extendió el jueves, cuando el S&P 500 también cerró en un máximo histórico. Al mercado de bonos le encantó. Y al mercado de títulos del Tesoro a corto plazo, que había estado actuando extraño a medida que el impago pasaba de ser algo inconcebible a algo claramente posible, le encantó también.

Yo no sé ustedes pero a mí no me encantó lo que vi. Estoy aliviado de que no tuvimos un impago de la deuda, que habría hecho que el daño de la bancarrota de Lehman Brothers en 2008 luciera como un error de redondeo. Pero todavía estoy enojado por lo que acabo de ver.

¿Por qué? Debido a que no hemos resuelto ninguno de los problemas de fondo o ni siquiera hemos obtenido promesas de buen comportamiento de los principales actores. A finales de este año o principios del próximo año podríamos estar de vuelta en el modo de crisis sobre el techo de la deuda otra vez. Hemos declarado un breve tiempo fuera, pero el juego todavía se está jugando, y bajo las mismas reglas.

Es evidente que la mayoría de la culpa de este fracaso recae en los tipos del Tea Party. Pero ellos no habrían tenido el impacto que tuvieron sin sus facilitadores del Partido Republicano, quienes, ya sea por convicción o por cobardía, no se enfrentaron a ellos hasta muy tarde en el juego.

Y aunque los demócratas no tienen la culpa de esta última debacle, en su conjunto no han sido ningunas joyas. Podrían haber resuelto desde hace mucho el problema de los grandes programas de ayuda social -la seguridad social y Medicare- que nos comerán vivos si no los controlamos. Pero en lugar de ajustar esos programas -y sus niveles de beneficios actuales-, los demócratas los defienden como si fueran la "Sagrada Escritura" dictada por el "Señor" desde el "Monte Sinaí".

Luego está la Casa Blanca. Hace dos años, durante la debacle del techo de la deuda del verano de 2011, los fanáticos republicanos lograron enrolar al presidente Barack Obama al conseguir que aceptara lo que desde entonces se ha convertido en "el secuestro".

Este mismo año vimos al titular del ejecutivo proponer (públicamente) emprender una acción militar contra Siria, y proponer (de manera semipública) nominar a Larry Summers como jefe de la Reserva Federal. Las fuerzas de Obama hablaron y tejieron y fueron filtradas, pero en el último minuto, frente a una oposición seria, el presidente cedió en ambos casos.

A detalle: La carta de Lawrence Summers

Si fueras un fanático del Tea Party, esta historia te animaría a pensar que Obama podría ser enrolado esta vez también. De hecho, si los tipos del partido se hubieran ido después de conseguir algo más que el "Obamacare", podrían haber obtenido concesiones serias.

En un mundo ideal, echaría fuera de sus oficinas a todos en Washington, incluso a las buenas personas, y empezaría otra vez con un nuevo equipo. Por desgracia, no tengo ni idea de cómo hacer eso.

Sin embargo, porque fundamentalmente soy un optimista -un optimista que está profundamente enojado, pero un optimista al fin-, me gusta pensar que nuestros supuestos líderes podrían haber aprendido algo de esta debacle.

Nota relacionada: Techo de deuda, daño innecesario: Obama.

Puede que se le haya ocurrido a la gente del Tea Party que a lo mejor no tiene tanta razón -ni es tan brillante- como pensaba. Puede que a los líderes republicanos se les haya ocurrido que deben liderar, sin importar el riesgo para sus propias carreras políticas, porque tienen responsabilidades ante el país y no solo ante sí mismos.

Y puede que se les haya ocurrido a los demócratas del Congreso y la Casa Blanca, que tienden a hablar sobre "apoyar causas" cuando se trata de problemas como la pobreza, que su falta de voluntad para modificar el Seguro Social y el Medicare o para desafiar otros programas federales desmedidos es la causa de la ira que ha dado el Tea Party una influencia tan descomunal.

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Pero, después de todo, estamos hablando de los políticos de Washington, posiblemente el único grupo que es más egocéntrico y egoísta que la gente en mi industria.

Por lo tanto, a pesar de que ahora estoy a punto de poner mi enojo de vuelta en la jaula donde normalmente lo mantengo, me temo que después de una breve pausa, los jugadores volverán a ser ellos mismos. Y eso, por supuesto, es el pensamiento más furibundo de todos.

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