OPINIÓN: México no avanza, va hacia atrás en el cuidado de la naturaleza

La gente se mantiene apacible ante lo que sucede y el gobierno presenta iniciativas que favorecen la sobreexplotación
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Autor: Beatriz Olivera | Otra fuente: 1

Nota del editor: Beatriz Olivera es maestra en ingeniería egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha estudiado diplomados en energía renovable, desarrollo sustentable, dimensión ambiental en el diseño y ejecución de política pública. Desde 2010, coordina la campaña de energía y cambio climático de Greenpeace en México. En 2012 fue reconocida por la revista Petróleo y Energía como una de las mujeres líderes en el sector energético.

(CNNMéxico) — A propósito del Día Mundial de Protección a la Naturaleza, me parece que la realidad indica que vamos en sentido contrario al cuidado de nuestros recursos naturales. 

Para muestra un botón: en el último sexenio, México subió un sitio en la lista de los países más contaminantes del mundo. La Estrategia Nacional de Cambio Climático, presentada por el gobierno federal este año, coloca al país en el lugar número 12, cuando el mismo documento, en su edición de 2007, nos ubicaba en el 13.

¿Por qué en lugar de alejarnos del primer lugar pareciera que queremos alcanzarlo?

La respuesta no es sencilla. Se trata de un tema transversal que no solo tiene que ver con que los gobiernos no han hecho su trabajo y han permitido que la industria satisfaga sus intereses económicos en detrimento de los recursos naturales, ante la mirada cada vez más pasiva de la ciudadanía.

El panorama parece desalentador cuando sabemos que México no es el único que enfrenta problemas; por ejemplo, naciones como China tienen severas complicaciones de calidad del aire; en África hay miles de personas desplazadas de sus lugares de origen por problemas ambientales.

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) anunció recientemente que la temperatura del planeta podría aumentar hasta 4°C para el año 2100 y provocar un caos climático si no ponemos un alto inmediato a los gases de efecto invernadero.

"Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobrestimación de la tecnología", escribió el expresidente argentino Juan Domingo Perón en 1972, aunque sus palabras podrían ser perfectamente aplicadas a la realidad actual, 41 años después.

Las señales del aceleramiento de los impactos de este fenómeno son preocupantes. En la última década (2002-2011), la capa de hielo de Groenlandia se derritió, en promedio, a una tasa seis veces más rápida que en la anterior.

El derretimiento de la Antártida fue cinco veces más acelerado. Desde 1993, el nivel del mar creció el doble que el siglo pasado, mientras que el deshielo del Ártico continúa incrementándose, un fenómeno que en vez de alertar a la comunidad internacional, es visto por la industria y gobiernos como una "oportunidad" de perforar y abrir nuevas rutas marítimas.

Pero ya no solo nos preocupa la situación del Ártico, sino también la de sus defensores, y la criminalización de la protesta en México y el mundo. Desde el 19 de septiembre, 30 personas —28 integrantes de Greenpeace y 2 periodistas freelance— están detenidas en Rusia por denunciar pacíficamente las intenciones de empresas por perforar en búsqueda de crudo en esa frágil zona.

¿Cómo proteger la naturaleza puede convertirse en un delito y una política de Estado que atenta contra el medio ambiente puede pasar desapercibida?

En mi opinión, algunos instrumentos como el Pacto Por México, la Cruzada Nacional contra el Hambre, el Plan Nacional de Desarrollo, la Estrategia Nacional de Energía y la Estrategia Nacional de Cambio Climático han confirmado que la actual administración federal ve al medio ambiente como moneda de cambio para la implementación de proyectos con aparente beneficio social pero que dejan fuera a las comunidades.

En Greenpeace consideramos que las políticas públicas presentadas hasta ahora carecen de un verdadero enfoque de justicia y equidad social; por el contrario, buscan favorecer a la industria de los diferentes sectores que han contribuido a que el 68% de la población se encuentre en condiciones de vulnerabilidad ante el cambio climático, y que nuestro país esté entre uno de los más contaminados del mundo.

Nuestros bosques se acaban por la deforestación y la tala ilegal, el 70% de nuestros ríos están contaminados, cada vez consumimos más gasolinas para el transporte que repercuten en una pésima calidad del aire, muchas especies están amenazadas por la extinción, y nuestra sociedad sigue apacible, dejando de lado acciones básicas, como la separación de residuos, no tirar basura en la calle y pretender que todo sea resuelto por las autoridades.

En un día como hoy, tendríamos que asumir nuestra responsabilidad desde el área que nos corresponde —empresas, gobiernos, ciudadanos— para proteger los recursos que tenemos y recuperar los que ya hemos perdido.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Beatriz Olivera.

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