OPINIÓN: 'El Piojo', un entrenador sin complejos y auténtico, al rescate

El entrenador de la selección mexicana para el repechaje contra Nueva Zelandia ha mantenido la sencillez que le caracterizaba como jugador
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Miguel Ángel Briseño
Autor: Miguel Ángel Briseño | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Miguel Ángel Briseño es periodista especializado en deportes. Es conductor y narrador en TDN (Televisa Deportes Network), TDW y W Radio. Tiene 11 años de trayectoria y previamente laboró en el periódico Reforma. Síguelo en Twitter: @MiguelAngelBris

(CNNMéxico) — Podrá ser un bomberazo dentro del proceso más tropezado en la historia del futbol mexicano (lo cual no es poca cosa).

Tal vez las formas con el técnico anterior no fueron las más correctas (tal vez podríamos quitarle el 'tal vez'). Sabemos incluso que no hay garantía de éxito en el movimiento (¿cuándo sí?).

Pero lo que sí es un hecho es que en una época de tremenda rasgadura de vestiduras por el concepto de identidad del Tricolor, Miguel Herrera es el técnico más mexicano en la historia de la Selección Nacional. 

Más mexicano que un taco de guacamole con chile verde y nopalitos picados al lado. Más mexicano que maldecir los penales en las décadas de 1980 y 1990. Más mexicano que las mordidas y el albur. Más mexicano que reclamar cuando te ganan un partido y echarle la culpa al árbitro.

Más mexicano que Miguel Herrera, imposible.

El "Piojo" cabe en el molde del estereotipo mexicano en la exaltación y en la vergüenza. Aguerrido y ardido. Pasional e irritable. Peleonero y bonachón. Orgulloso de sus orígenes y auténtico en sus cualidades y defectos. 

Debutó en Primera División como jugador de los Tecos, pasaría a Santos Laguna donde comenzaría a destacar para luego llegar al Atlante, donde después de una temporada de exilio en el Querétaro, se quedaría para formar parte de ese cuadro inolvidable dirigido por Ricardo La Volpe y que ha brindado al futbol mexicano una generación formidable de técnicos y directivos destacados.

Ese legado de La Volpe lo tradujo en su paso como técnico, que comenzó precisamente con Atlante, de donde pasaría a Monterrey para llegar a dos Finales que perdió contra Toluca y Pumas. A pesar de su constancia, la falta de títulos terminaría por costarle el puesto. Después arribaría a Veracruz donde vivió su paso más desafortunado al no poder evitar el descenso. Luego pasaría sin pena ni gloria por Tecos, antes de regresar al Atlante.

Y de ahí, al América, para consagrarse.

Como técnico, Miguel Herrera logró lo que parecía imposible: hacer olvidar al Piojo jugador, un emblema de lo que significa consolidarse en Primera a punta de riñones.

Aun cuando fue campeón con Atlante, sería en Toros Neza donde embonaría a la perfección en un equipo colorido que llegó a la Final en 1997 para perderla escandalosamente contra Chivas, no sin antes dejar huella un torneo antes en ese partido en el que masacraron al Atlante con el 9-1 en el global, con su gol como puntilla de una humillación terrible —ver del minuto 35 al 37—.

Seguramente Herrera disfrutó más que nadie esa victoria y ese gol en Cuartos de Final del Invierno 96. En el banquillo rival estaba Miguel Mejía Barón, técnico de la Selección Mexicana que lo integró al equipo que ganó el subcampeonato de Copa América en Ecuador 93 y que clasificó al Mundial de EU 1994, pero que en la lista definitiva lo terminó excluyendo en el último recorte y cuando, según Herrera, ya le había dado su palabra de que asistiría a la justa mundialista. Hasta apareció en el álbum Panini...

Lo destacable del Piojo es que como jugador y técnico ha mantenido la misma personalidad. Esa forma de ser encantadora, que le permite convencer y transmitir sus ideas con una gran convicción. El Piojo es el triunfo del futbol callejero y cojonudo versus el académico y de cantera.

Y Miguel es omnipresente. No porque tenga múltiples poderes, sino porque no pierde oportunidad de aparecer en la foto en cuanto tiene chance. Es la Carmen Salinas del futbol mexicano. En los toros, en el autódromo, en las revistas, periódicos y en la radio. Da entrevistas como si fueran volantes de supermercado y contesta siempre sincero, sin pretensiones. Igual corta un listón inaugural que revela una placa teatral de representación. Y paradójicamente, solo una vez pudo estar Chitón

En octubre se hizo realidad la llegada de Miguel Herrera a la Selección. Desde el instante en que se puso la chamarra verde ha sido fiel a su esencia. Sin misterios en las convocatorias, sin complejos anunció sus alineaciones. En ese hombre sin complejos ni secretos está el destino de la Selección Nacional. Tras un 2013 en el que prevalecieron las formas malcuidadas, tal vez sea el más neto de de los técnicos el encargado de desatar el nudo mundialista.

Tal vez el 20 de noviembre le podamos quitar el tal vez.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Miguel Ángel Briseño.

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