OPINIÓN: Sobornos y trampas, la otra cara del éxito educativo en Shanghái

La educación en la ciudad no es mala, pero la ambición de siempre obtener los mejores lugares tiene profundas repercusiones en los alumnos
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Autor: Jiang Xueqin | Otra fuente: 1

Nota del editor: Jiang Xuequin es subdirector de la preparatoria de la Universidad de Tsinghua en Beijing, una de las escuelas públicas de mayor renombre en China.

BEIJING (CNN) — La ciudad de Shanghái participó por primera vez en 2009 dentro del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un estudio sobre los sistemas educativos del mundo que es realizado cada tres años.

Cuando los adolescentes de Shanghái pusieron a prueba sus conocimientos sobre matemáticas, ciencias y lectura, obtuvieron resultados mucho mejores que los de sus pares en Estados Unidos, Alemania y Japón, por lo que sorprendieron al mundo.

Esta es la prueba definitiva de que el futuro pertenece a China, más que los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008, que los rascacielos de Shanghai o el crecimiento de dos dígitos que presenta el país.

Los resultados de la prueba PISA más reciente que fueron dados a conocer la semana pasada, muestran que las escuelas de Shanghái siguen a la cabeza, pero —como afirmé en 2009, cuando la urbe ocupó el primer lugar por primera vez— el triunfo tiene un costo muy elevado.

La mentalidad de "vencer o ser vencido" —y la idea de que los ganadores se quedan con todo— que predomina en el sistema educativo de China no solo provoca infelicidad y afecta la salud de los alumnos, también incentiva hacer trampa y los sobornos, lo que lleva a que el sistema educativo sea injusto e inequitativo.

Los profesores

Al recorrer cualquier secundaria de Shanghái es fácil entender por qué la ciudad quedó en primer lugar de la evaluación PISA. Tal vez los alumnos estén amontonados y las escuelas sobrepobladas, pero los pasillos están limpios y ordenados, las aulas están llenas de estudiantes atentos y concentrados, así como los salones de juntas están repletos de maestros con educación universitaria y gran motivación que intercambian notas sobre cómo diseñar mejor su clase de 45 minutos de duración.

Los incentivos para tener éxito mantienen unida a la escuela y la guían. Los maestros tienen un salario de unos 1,640 dólares al mes (aproximadamente 20,600 pesos), por lo que pertenecen a la clase media de la ciudad.

Otro punto de vista: OPINIÓN: ¿Qué puede aprender el resto del mundo de la educación en Asia?

En su desempeño en la prueba PISA, los estudiantes de Shanghái mostraron un "alto nivel de resistencia", es decir, que los estudiantes pobres tienen mejores resultados de lo esperado. Eso se debe en gran medida a que el gobierno está comprometido a no dejar atrás a ningún niño: financia de forma equitativa a todas las escuelas, asocia a las instituciones que tienen el mejor desempeño con las que tienen el más deficiente y ofrece ascensos rápidos a los administradores que pueden cambiar las cosas radicalmente en las que son deficientes.

En una de las escuelas a las que fui de visita, los profesores se quedaban después de clases para dar tutorías a los estudiantes que llevaban malas calificaciones; la jefa de profesores reconocía el esfuerzo de esos maestros en las asambleas escolares.

Sin embargo, estos profesores podrían conducir un Audi si sus estudiantes se desempeñan lo suficientemente bien en los exámenes: Sí, los administradores entregan bonos a los profesores, pero las ganancias reales provienen de los padres agradecidos y de trabajar horas extra en escuelas que dan cursos de preparación para entrar a la universidad, además de los programas de tutoría escolar.

La jefa de profesores que mencioné me contó que según su experiencia, los mejores indicadores del desempeño escolar de un estudiante son sus antecedentes socioeconómicos. Dijo que el dar tutorías a niños pobres es solo un paliativo, una forma de guiarlos por el sistema sin que la escuela sea un peso para ellos.

Los padres

Como las escuelas de Shanghái son tan buenas, los padres tienen que pagar, aunque no son colegiaturas exorbitantes. El mercado inmobiliario en la urbe es notablemente caro, pero es simplemente inalcanzable en los vecindarios en donde se encuentran las mejores escuelas primarias; cuando las familias no pueden aprovechar sus bienes raíces para ganar su entrada a las mejores escuelas, entonces recurren a los sobornos.

Esta cultura de sobornar a las autoridades de las escuelas públicas significa que no puedo conservar amistades, hacer nuevos amigos o salir en citas: una chica con la que salí recientemente me dijo que me daría 32,800 dólares (unos 413,000 pesos) si inscribía a su hija en mi escuela.

Como las aulas de las escuelas primarias de Shanghái tienen entre 30 y 40 estudiantes, los padres pasan encima de los demás en su loca carrera por invitar a cenar a los maestros y darles regalos con la esperanza de que su único hijo reciba un poco más de atención.

Los sobornos son la principal ventaja que los padres acomodados de Shanghái pueden conseguir para su hijo único, además de las clases de piano en fin de semana, matemáticas, clases de inglés, tutorías privadas, campamentos de verano en América, vacaciones en Europa y sobre todo, una actitud de "nacido para triunfar".

Los estudiantes

Para los estudiantes se trata de una carrera para ver quién puede entrar a las dos mejores universidades de Shanghái: la Universidad Fudan y la Jiao Tong.

Pero no solo tienen el incentivo de tener un buen empleo. En la ciudad, el obtener altas calificaciones en las pruebas es como anotar muchos touchdowns en Texas: ganas respeto social, lo que pronto define tu identidad y tu autoestima.

Hay bastantes investigaciones sociales —que se hicieron famosas en libros como Drive, de Daniel Pink—  donde indican que los incentivos basados en el desempeño son malos para los estudiantes y los maestros.

Esto no solo estresa a los estudiantes y los hace sentirse solos e infelices, sino que acaba con su curiosidad innata, su creatividad y su amor por el aprendizaje.

Además, las pruebas han propiciado una cultura de hacer trampa en China. El año pasado, cuando las autoridades trataron de evitar que los alumnos hicieran trampa, se desató un disturbio: los padres estaban furiosos de que señalaran a su hijo porque todos los demás hacían trampa.

¿El mejor modelo?

En medio de la emoción de la victoria de Shanghái en la prueba del PISA, tendemos a olvidar cuál es la lección a aprender: que Finlandia puede ser el verdadero modelo de la reforma educativa en el mundo.

Finlandia —que ocupó el lugar 12 en la clasificación de Matemáticas de 2012— tal vez no sea el número uno, pero, según lo que vi al visitar el país, tuvo éxito al proporcionar a todos los estudiantes finlandeses las herramientas necesarias para superarse en una economía del conocimiento sin sacrificar su niñez, su curiosidad o su creatividad.

Cuando salen de la escuela, a las cuatro de la tarde, los niños de Shanghái asisten a cursos adicionales y hacen tarea hasta la hora de acostarse. En marcado contraste, cuando los niños finlandeses salen de la escuela —a mediodía—, simplemente juegan todo el día.

El que los estudiantes finlandeses obtengan resultados casi tan buenos en las pruebas PISA como los de sus similares de Shanghái indica que las jornadas escolares prolongadas, los cursos adicionales y las tareas no tienen como objetivo ayudar a que los estudiantes aprendan, sino complacer a los padres ansiosos, exigentes y sumamente competitivos.

Claro que cada vez hay más padres chinos a los que les interesa más el bienestar de su hijo que el resultado que obtenga en el examen.

Además, estos padres acaudalados y bien preparados entienden los costos y sacrificios que conlleva la victoria de Shanghái en el PISA y emigran al extranjero o eligen alguna de las nuevas escuelas privadas de estilo occidental que han surgido en las principales ciudades de China.

Esa es una mala noticia para la reforma educativa en China, porque quienes están en la mejor posición para tomar las decisiones han buscado otras opciones.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Jiang Xueqin.

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