OPINIÓN: Ahora sí, la carrera de Lucero no volverá a ser la misma

'La Novia de América' ha promovido profesionalmente una imagen muy ajena a la cacería, lo cual podría dañar fuertemente su imagen
Lucero cancela su participación en Viña del Mar
Autor: Alejandro Brofft | Otra fuente: 1

Nota del editor: Alejandro Brofft es periodista especializado en moda e imagen pública. Tiene estudios por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Marangoni, de Milán, Italia, y del Central Saint Martins, de Londres, Inglaterra. Actualmente imparte clases en CENTRO (escuela de diseño, cine y televisión) y es conductor de Metrópoli 21, el noticiero matutino del canal Capital 21. Síguelo en su cuenta de Twitter: @AlejandroBrofft

(CNNMéxico) — Según el diccionario de la Real Academia Española, un lucero es un "astro de los que parecen más grandes y brillantes". Por voluminoso y radiante que sea, este cuerpo -como todos los astronómicos-, tiene un ciclo de vida que lo llevará, algún día, a apagarse y desaparecer.

"En el nombre lleva la penitencia", dice el refrán popular, y en este caso podría ser válido para Lucero Hogaza León, a quien conocemos popularmente solo por su nombre de pila. La fama y el reconocimiento de la cantante y actriz, quien saltó al estrellato en el programa Chiquilladas, algún día tendría que extinguirse...y quizá ese día llegó.

La reciente publicación de unas fotografías donde aparece junto a su novio y una cabra de montaña muerta en cacería, no solo desató un revuelo mediático, sino que me orilla a preguntarme si su carrera está terminando.

Varios aspectos contribuyeron a hacer del tema uno de gran interés para la opinión pública. Primero, que el material fuera publicado por TvNotas, la revista de espectáculos con mayor circulación en el país. Segundo, por tratarse de una de las figuras de la farándula más conocidas de México. Tercero, por estar relacionado con una de las actividades que gozan del peor de los desprestigios (la cacería). Cuarto y último, por haber sido un asunto que permeó al espacio virtual, en particular, Twitter.

Es cierto que ella, como cualquier otra persona, tiene todo el derecho a realizar cualquier actividad, siempre y cuando sea lícita, que es el caso. También es cierto que ningún medio tiene el derecho a divulgar aspectos de su vida privada a menos de que afecten asuntos públicos, que no es el caso. Empero, toda persona famosa sabe que los informadores están al acecho de cualquier aspecto de su vida que pueda convertirse en nota.

"Las imágenes estaban en su Facebook y este estaba restringido", dicen quienes la defienden. Ninguna red social, por cerrada que sea, es un espacio privado. Cualquier tercero, así sea el más cercano de los familiares o la más entrañable de las amistades, está en condiciones de convertirse, ingenua o deliberadamente, en una fuga de información. 

Quien practique la caza como deporte debe estar consciente de que un amplio número de personas, más allá de desacreditarla, la condena.

La filosofía de la caza no empata con la que Lucero ha enarbolado a lo largo de su vida. Choca con el rostro que cada diciembre nos pide ayuda para el Teletón encabezado por su empresa, Televisa.

Desde hace muchos años, a La Novia de América se le ha identificado con la imagen de una mujer dulce, sencilla, carismática, comprometida, bondadosa, educada, respetuosa, amorosa, romántica, recta, religiosa y un sinfín de atributos. Sin embargo, este ya es el tercer acontecimiento polémico por el que se ve afectada. El primero, la agresiva defensa de uno de sus guardaespaldas, cuando sacó un arma en el interior de un teatro, en 2007; el segundo, la difusión de un video de su madre, haciendo un striptease en lencería en 2010.

Miente o se equivoca quien crea que una lluvia de tuits a ritmo de 10 mil por hora es algo que podría no afectarle. Imposible. Menos si los mensajes vienen acompañados del hashtag #matocomoLucero.

No tiene por qué extrañarnos la cancelación que hizo de su participación en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar —la cantante argumentó que estaba en riesgo "su seguridad y su imagen pública"—. Me parece que prefirió ser ella quien tomara la decisión y no los organizadores. Pero, aún cuando hubiera sido recibida en el recinto, por ningún motivo podía exponerse a salir al escenario y que -como en las redes-, la tacharan como asesina de animales, y en lugar de aplausos le dedicaran rechiflas.

La cantante tendrá que llevar a cabo una estrategia de comunicación que le permita limpiar su imagen al máximo. Comenzó mal. Su postura, en mi opinión, no solo evidenció un nulo arrepentimiento, sino también una actitud desafiante —entre otras cosas, Lucero dijo: "me molesta muchísimo y me parece increíble que hayan robado fotos de mi vida privada para ser publicadas—.

Difícilmente podríamos decir que la carrera de Lucero ha llegado a su fin, pero eso sí, no volverá a ser la misma.

Pero sin duda me parece que jamás la veremos nuevamente como imagen de una entidad oficial, como cuando lo fue del Estado de México, ni de una firma comercial, como lo fue hasta hace unos días de Pantene. Difícilmente la volveremos a ver entrar a la Basílica de Guadalupe a cantarle las mañanitas a la Virgen o ser la figura principal del Teletón.

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Y es que, cada vez que escuchemos a Pedro Fernández cantarle Coqueta, cada vez que pida que le cuenten "las pecas de la espalda", cada vez que la veamos transformarse en Alborada o cada vez que la miremos llorar suplicando que donemos dinero, ahí estará la foto de la cabra montés lastimada, ensangrentada, inerte. La imagen la perseguirá de por vida. En realidad, la bala no solo golpeó al animal, también al Lucero que, si acaso, vuelve a ser una Chispita.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Alejandro Brofft.

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