OPINIÓN: Así se reinventó la industria textil con Zara

Amancio Ortega, quien dejó la escuela a los 11 años, jamás imaginó que llegaría a ser el líder de un emporio de moda a nivel internacional
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Autor: David Martínez | Otra fuente: 1

Nota del editor: CNNMéxico reproduce con autorización de Editorial Penguin Random House, bajo su sello CONECTA, un fragmento del primer capítulo escrito por David Martínez, autor del libro ZARA. Visión y estrategia de Amancio Ortega.

(CNNMéxico) — Amancio Ortega nació en Busdongo de Arbás, un municipio de la provincia de León situado en la vertiente sur del puerto de Pajares, en España, el 28 de marzo de 1936 —el mismo día que el escritor peruano, y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa—.

Faltaban apenas cuatro meses para que estallara la guerra civil española. 

La guerra civil representó para la economía gallega una oportunidad de negocio, pese a sus evidentes aspectos negativos, como la sobreexplotación del tejido productivo, la represión y el sufrimiento que tuvo que asumir una parte significativa de la población, integrada, sobre todo, por familias trabajadoras.

Aun así, a partir de 1939 y hasta finales de los años 40, el régimen político y el racionamiento de la dictadura franquista marcaron la vida de Ortega y de miles de niños de su edad, que crecieron en medio de dificultades y miserias.

En 1948, Amancio Ortega, con 11 años recién cumplidos, optó por dejar la escuela (...) Así lo justifica —en conversación con Covadonga O’Shea en Así es Amancio Ortega— el propio Ortega: "siendo niño, hay algo más profundo que me llevó a trabajar tan joven. No es el dinero, que sin duda es necesario para vivir; hay otras razones distintas que yo fui descubriendo, todas ellas justificadas, que me llevaron a hacer las cosas sin descanso. De niño sentí mucho los desprecios. Cuando tenía nueve, diez, once años, era muy emotivo, todo me afectaba, pero era muy orgulloso".

En menos de seis meses Amancio Ortega encontró trabajo en la camisería Gala, si es que se le puede llamar "trabajo" a realizar recados para el encargado sin tener legalizada su situación laboral, debido a que era menor de edad. Aquel fue el embrión a partir del cual se fue gestando la idea de que su futuro estaba en el mundo de la moda.

Según explican en la actualidad clientes que compraban camisas hace 60 años en Gala, la camisería trabajaba por encargo, y confeccionaba camisas, camisetas finas de algodón, algún sombrero y cualquier prenda de vestir a medida. Amancio Ortega observó cómo se confeccionaban y vendían las prendas, y empezó a asimilar las futuras bases del negocio de Zara: confeccionar camisas para clientes sin generar stock y atender a las peticiones directas de la demanda. Cuando fundó Zara tenía muy claro lo sencillo que sería salir del dilema en el que estaba atrapado el comercio de la moda: bastaba hacer lo que se hacía en cualquier camisería a medida, pero a gran escala; así de simple. Amancio Ortega trabajó durante tres años en la camisería Gala y la experiencia acumulada como aprendiz lo llevó a emprender una nueva etapa en su vida.

Había empezado a madurar la idea de que quería aprender un oficio relacionado con la venta de ropa, pero, sobre todo, se dejó aconsejar por su hermano Antonio para cambiar de lugar de trabajo. Los años 50 y 60 supusieron la eclosión del talante emprendedor de Amancio Ortega. El joven entró a trabajar en un comercio de confección, mercería y venta de prendas textiles muy conocido en A Coruña y más grande que Gala en cuanto a volumen de negocio y espacio: La Maja.

La idea parecía clara: aprovechar los conocimientos adquiridos en la camisería Gala y enriquecerlos con la experiencia que le podía proporcionar un comercio de confección importante, con el aliciente añadido de que sus hermanos Pepita y Antonio trabajaban en la tienda.

Amancio Ortega, por aquel entonces, empezó a pensar en montar su propio negocio textil en una ciudad donde había clientes adinerados y donde las mujeres que estaban empleadas comenzaban a interesarse por vestir de una forma que las hiciera sentirse bien consigo mismas, dentro y fuera de casa. Dejó de conformarse con trabajar como peón en una camisería y recorrer las principales calles de A Coruña en bicicleta para llevar las camisas a los clientes.

La ambición de conseguir nuevas metas le incitó a demostrar que podía llegar más lejos con esfuerzo y dedicación. Se abrió al mundo que lo rodeaba. Su ímpetu por trabajar le hizo comportarse como una "esponja" dispuesta a absorber cada uno de los momentos que vivía, a ser testigo y parte de una sociedad en constante cambio. Durante su adolescencia conoció a multitud de personas que le inculcaron la importancia que tenía la forma de vestir, como muestra de personalidad y de posición en la sociedad.

Gracias a los cuatro años que trabajó en La Maja comenzó a entender otra de las claves que años más tarde conformaron la estructura organizativa de Zara: las tiendas deben estar ubicadas en centros de gran afluencia de público, como calles amplias o zonas comerciales, para provocar que entren en la tienda el máximo número de personas y puedan ver y tocar las prendas.

Quienes lo conocieron en aquellos años opinan que La Maja permitió a Amancio Ortega ampliar sus conocimientos en cuanto a la confección y distribución, y que fue allí donde se dio cuenta de que solo vendiendo productos que crean tendencias, para llegar a más público, se puede sobrevivir en el mundo de la moda. Era una tienda cuya clientela apreciaba la ropa bien hecha.

Amancio encontró en La Maja a todas las personas con las que más tarde crearía el germen de lo que sería la primera tienda Zara, preludio de la fundación del imperio textil actual. Empezando por sus hermanos y pasando por su socio, el empresario textil José Antonio Caramelo.

Ortega pronto se dio cuenta de que, si quería abrirse camino en el negocio textil, debía hacerlo a partir de sus propios concocimientos y con sus propios medios. A principios de los años 60 tenía claro que quería ser dueño de su propia empresa y buscaba un proyecto que pudiera llevar adelante. Lo encontró en una bata de buen tejido y mejor corte que se vendía en La Maja y que llamaba la atención de todas las mujeres que pasaban ante el escaparate: la bata de boatiné, llamada así porque era acolchada.

Tras su apuesta por la confección de esta prenda y tras decidir embarcarse solo en el mundo de la moda, en 1963, Amancio Ortega, Rosalía Mera, Antonio Ortega, Primitiva, Pepita Ortega y José Caramelo —fundador de la firma Caramelo— abandonaron La Maja para crear GOA Confecciones (GOA era el acrónimo, al revés, de Amancio Ortega Gaona) en la calle San Rosendo de A Coruña. El joven, con poco menos de treinta años, ya era socio de su propio negocio.

El negocio de la confección en GOA pasaba por ir eliminando la competencia y erigirse en el principal productor de batas de toda España a su precio, pero con gran demanda en el mercado. Así lo explica Javier Cañás Caramelo en Amancio Ortega. De cero a Zara, de Xabier R. Blanco y Jesús Salgado: "nosotros queríamos vender tanto como los que vendían barato pero, por supuesto, a nuestro precio. Éramos más caros que los que tenían la mayor parte del mercado, pero más baratos que los que utilizaban un tejido de la calidad del nuestro. GOA hizo batas con corte, con diseño. Se rompió con el concepto tradicional de bata, que era un saco con mangas. También se consiguió porque, además de diseño, éramos meticulosos en la entrega. Conozco muchos negocios que se han ido al traste por la mala comercialización. Amancio tuvo esa visión y mi tío conocía a la perfección los canales de venta".

Tras el diseño venía la puesta en el punto de venta, en la tienda, en el escaparate. Ortega tenía entonces 27 años, y aún tendrían que pasar 12 más para ver el nacimiento de la primera tienda Zara, que se abrió en la calle Torreiro, de A Coruña, frente al que entonces era el mayor comercio de la ciudad: los almacenes Barros, hoy desaparecidos. Esta filosofía de instalarse en los mejores lugares comerciales de las ciudades también la ha seguido hasta ahora, puesto que Amancio, que no anuncia sus productos, opina que "la mejor publicidad es estar en la mejor calle". Las tiendas Zara se localizan hoy en las principales arterias de todo el mundo. Pero como todo en la vida, hubo una primera tienda Zara.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a David Martínez.

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