OPINIÓN: Los migrantes son el rostro de la deshumanización que padecemos

Para el obispo de Saltillo, resulta intolerable que miles de personas no entren en la planeación social o política de sus países de origen
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Raúl Vera
Autor: Raúl Vera | Otra fuente: 1
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Nota del editor: CNNMéxico reproduce con autorización de Editorial Grijalbo un fragmento del capítulo seis del libro El evangelio social del obispo Raúl Vera, conversaciones con Bernardo Barranco

(CNNMéxico) — El grado de violencia que existe y que padece la migración en México obedece a que somos el país con el más alto flujo migra­torio en el mundo, por la cercanía con Estados Unidos.

Este es otro de los fenómenos violentos que se ha acelerado y acrecentado (en México), y que ha adquirido distintas facetas de crueldad. Las personas que migran son las más expuestas y vulnerables porque no tienen ningún tipo de pro­tección. Tanto los países de origen como los de tránsito, así como los receptores, ejercen sobre ellos distintos grados de violencia.

En ese sentido, la migración es otro de los efectos de este sistema de libre mercado (neoliberal) por la exclusión que provoca; la gente no puede sobre­vivir y se va a buscar a los países desarrollados el bienestar para sí y su familia que les es negado en el propio. Pero esos países desarrollados, que son los que causan el desequilibrio y que son los que tienen el dinero y el confort en el que vive la gran mayoría de sus habitantes, los están rechazando. La razón es que ellos también están padeciendo el fenómeno de este embudo, en el que el número de muy ricos em­pieza a disminuir y forman el vértice, mientras que el número de po­bres ha empezado a ser significativo, y son quienes están en la base del embudo.

El fenómeno de castigo y exclusión a los habitantes del mundo está llegando ahora a los países que no tenían ese problema. Hay que ver a Estados Unidos y a los países europeos. El modelo económico mundial es un sistema que está consumiendo a la población del planeta. Los países del quinto mundo todavía hoy pueden encontrar un cierto nivel de vida donde van a recoger "a pellizcos" los salarios no pagados a ellos en sus países de origen, adonde llegan las compañías transnacio­nales con la intención expresa de pagar bajos salarios. Este dinero que recuperan los migrantes de sus salarios en los países industrializados es muy poco significativo, pues en esos lugares casi siempre están sin documentos migratorios, lo que los obliga a trabajar sin derecho a la seguridad social y demás prestaciones. Sin embargo, comparado con el salario que recibieron de las multinacionales en sus países de origen, resulta mucho mayor, y las remesas que mandan a sus familias son de gran ayuda tanto para ellas como para el país donde viven.

Nosotros hemos aprendido con los migrantes su situación de vícti­mas en el mundo de hoy y todas las penalidades que esto conlleva: muerte, mutilación de los miembros de su cuerpo, robos, violaciones sexuales a mujeres y hombres, extorsiones, secuestros, y todo ello auna­do al hambre, al desamparo en el que caminan siempre, y al dolor que produce el separarse de sus familias. En medio de este drama, vemos la gran dignidad con la que rechazan el destino miserable que les ofre­cían sus países para buscar aquella vida que saben muy bien que sus familias y ellos tienen derecho a tener. Realmente, estas personas que migran viajan con un mensaje de esperanza porque creen en la verda­dera vida humana y luchan por ella. pero, por otro lado, también nos­otros vemos el absurdo de las políticas públicas que caracterizan a los países de este quinto mundo, donde el ser humano no tiene valor, ydonde se trata a las personas como si fueran desecho.

Y todos estos cientos de miles de personas que recorren el mundo en situaciones de muy alta vulnerabilidad son tratadas con una valuación inferior al pre­cio de una res convertida en cortes de carne, una computadora armada en ese quinto mundo o un automóvil, que traspasan las fronteras con casi nula dificultad. En cambio, a estas personas se les pone todo tipo de obstáculos, muchos de los cuales las llevan a perder la vida.

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A quienes atendemos a los migrantes nos indigna la enorme irracionalidad con la que hoy está construido el mundo donde delibera­damente se está desechando a estos cientos de miles de seres humanos que no entran en ninguna planeación social y política de ningún Es­tado, ni en sus países de origen, ni en los países de tránsito, ni en los países de destino. El alto grado de deshumanización que vivimos en esta etapa de la historia se refleja en el rostro doliente de mujeres, hombres y niños migrantes.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamante a Raúl Vera.

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