OPINIÓN: Cómo afectan a la Unión Europea las sanciones sobre Rusia

Las sanciones que la Unión Europea pretende aplicar a la comunidad empresarial rusa son un arma de dos filos que ha de blandirse con cuidado
vladimir putin
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Autor: Nina dos Santos | Otra fuente: 1

Nota del editor: Nina dos Santos es conductora de noticieros de CNN y corresponsal en Londres. Síguela en Twitter para conocer lo último en negocios.

(CNN)— Con un rápido plumazo, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, escribió un capítulo nuevo en la historia turbulenta de Crimea y dirigió a la región a un futuro bajo el dominio de Rusia.

Hace 60 años, el entonces presidente soviético, Nikita Kruschev, entregó la península secesionista ucraniana con la misma velocidad.

Sin embargo, el lidiar con un apoderamiento de tierras tan descarado en su flanco oriental no será tan fácil ni tan rápido para la Unión Europea porque, a diferencia del apresurado referéndum en Crimea, todos tienen algo que decir.

Tras aplicar inicialmente restricciones a las visas y congelar los activos de una cantidad limitada de políticos y militares poco conocidos, Europa se enfrenta a los llamados urgentes a ampliar el alcance de sus medidas hasta la comunidad empresarial rusa en particular.

La lógica detrás de la medida es que quienes dirigen Rusia y quienes la poseen son básicamente dos caras de la misma moneda.

Alexei Navalny, quien compitiera por la alcaldía de Moscú y que ahora se encuentra bajo arraigo domiciliario por oponerse al régimen actual, pidió a los líderes de Europa que prohíban a todos —desde el banquero personal de Vladimir Putin hasta el dueño del Chelsea (el club de futbol inglés), Roman Abramovich— tener dinero y seres queridos en el extranjero.

El congelamiento de activos y las restricciones a las visas son opciones especialmente adecuadas para la Unión Europea porque pueden aplicarse discrecionalmente y no requieren procedimientos legales engorrosos ni admiten apelación.

De hecho, Rusia cancela regularmente las visas de personas a las que considera no gratas. Tan solo piensen en el fundador de Hermitage Capital, Bill Browder, quien perdió tanto su derecho de entrada como el dinero que tenía en Moscú en 2005 y no se atreve a regresar.

Rusia también prohibió que los estadounidenses adopten huérfanos en represalia porque Estados Unidos implementó una ley anticorrupción con el nombre de Sergei Magnitsky, el abogado de Browder que murió tras haber permanecido un año en un centro de detención en Moscú: aparentemente lo mataron a golpes.

Sin embargo, al jugar la carta del "poder del dinero", Europa debe estar lista para las consecuencias, porque el dinero también se va.

Así, los líderes de la Unión Europea deben aceptar que las sanciones son una espada de dos filos y afectarán a ambas partes.

El sancionar a la comunidad empresarial ambulante de Rusia sería una de las formas de debilitar su tenue apoyo al presidente Putin. Una estrategia como esta también podría ofrecer esperanzas: dar finalmente a los países de la Unión Europea la oportunidad de lidiar con algunas de las facetas más desagradables de su influencia —como el lavado de dinero y la corrupción— que han inflado durante años los precios de activos como las propiedades en Londres y las pinturas de Picasso.

Sin embargo, Europa debe abstenerse de atacar en el frente comercial.

Hay demasiado en juego: dos décadas de acercamiento tras la era soviética y operaciones comerciales por casi 500,000 millones de dólares (6 billones 500,000 millones de pesos).

Es cierto que cualquier guerra comercial lastimaría mucho más a Rusia que a la Unión Europea por varias razones, una de las cuales es que el 15% del PIB de Rusia proviene de las exportaciones al bloque europeo.

Sin embargo, Europa depende en gran medida del gas ruso, por lo que se vería en dificultades para mantener sus fábricas en funcionamiento y a sus ciudadanos calientes sin la energía proveniente del este.

Mientras Putin da muestras de fuerza política, los canales comerciales se mantienen abiertos y el diálogo continúa, lo que da a todas las partes la oportunidad de cambiar de tema y hablar menos apasionadamente.

A nadie le conviene quemar ese puente, especialmente ahora que la economía de Europa se recupera y la de Rusia va a la baja.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Nina dos Santos

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