OPINIÓN: ¿Por qué habrían de importarte los santos?

La doble canonización del domingo simboliza la unificación de la Iglesia y la consolidación de su rol en el mundo contemporáneo
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Autor: David M. Perry | Otra fuente: 1

Nota del editor: David M. Perry es profesor asociado de Historia en la Universidad Dominica de Illinois, Estados Unidos. Escribe regularmente en su blog How Did We Get Into This Mess? Síguelo en Twitter: @Lollardfish.

(CNN) — Este domingo 27 de abril, la Iglesia católica canonizará en Roma a los papas Juan Pablo II y Juan XXIII. Está claro que este evento tendrá una importancia intensa para los católicos pero, ¿qué hay de todos los demás? ¿Por qué debería importarles a los no católicos?

Ambos hombres son muy populares entre la comunidad laica. Las autoridades de la Ciudad del Vaticano esperan que millones de personas asistan y que muchas más observen en todo el mundo.

Ambos hombres tienen críticos. Algunos católicos conservadores siguen esforzándose por echar atrás las reformas del Segundo Concilio Vaticano que Juan XXIII puso en marcha. Muchos católicos critican duramente las tendencias centralizadoras de Juan Pablo II y su catastrófica respuesta a todos los escándalos de abuso sexual.

Sin embargo, para los católicos los santos no tienen que ser perfectos. De hecho, los católicos se inspiran en la capacidad que los santos tienen para hacer el bien a pesar de sus defectos humanos. El proceso de canonización concentra la devoción en las mejores cualidades de un personaje histórico.

En 1903, mucho antes de que lo nombraran papa, Juan XXIII escribió que cada santo era "sagrado de forma diferente". Estas diferencias aumentan la importancia de los santos en vez de disminuirlas.

Entonces, ¿qué pueden aprender los no católicos de esto?

Primero, ambos santos son ejemplo de audacia basada en un fuerte propósito moral. Segundo, uno puede aprender mucho acerca de lo que pasa con los más o menos 1,000 millones de católicos que hay en el mundo actual.

Resulta que la canonización doble simboliza el intento de alejar a la Iglesia de décadas de pugnas internas y guerras territoriales con el fin de lograr el bien común.

David O'Hara, profesor asociado de Filosofía de la Religión en el Colegio Augustana, dijo: "Debe importarnos que nuestros vecinos anuncien que diseñaron nuevos ejemplos morales". Si nuestros vecinos nos cuentan una nueva historia sobre sus ideales, héroes y ejemplos a seguir para su propia vida, entonces "nos interesa observar e incluso ayudar a nuestros vecinos a contar esa historia de forma beneficiosa".

¿Beneficiosa en qué sentido?

Claire Noonan, vicepresidenta de la sección de Misión y Ministerio de la Universidad Dominica de Illinois, indicó que todos podríamos inspirarnos en su audacia. Ambos hombres —dijo— "transitaron por el mundo y distinguieron dónde, cuándo y cómo actuar sin temor. Los deseos de riqueza, poder u honor no limitaron las posibilidades de sus vidas. Esa libertad abre el camino a la búsqueda de la verdad, la justicia y el amor". Noonan hace referencia a la obra de Juan Pablo II contra la opresión comunista en Polonia y los esfuerzos de Juan XXIII por "liberar a toda la Iglesia del miedo a la modernidad".

Los no creyentes pueden, si así lo deciden, admirar a estos ejemplos de valor y acción sin creer que ambos hombres gozan de un estatus especial en el cielo ni respaldar cada cosa que hayan hecho. En ese esquema, el proceso de canonización define el recuerdo de dos papas según sus mejores logros.

No obstante, las canonizaciones hacen más que dar ejemplos sólidos de valor moral. Revelan algo muy importante sobre las aspiraciones del papa Francisco respecto al rol de la Iglesia católica en el mundo.

Según las creencias católicas, los papas no pueden volver santa a la gente: eso lo hace Dios. La canonización, una práctica sumamente humana, es el proceso de reconocer la santidad que la divinidad concede. Como escribió John Allen hijo, idealmente es un proceso profundamente democrático en el que la devoción a una persona santa fluye hacia arriba, desde la comunidad laica hasta la cúspide de la jerarquía.

La canonización brinda una oportunidad de moldear la memoria.

La gente reconoce a los santos en parte a través de los relatos, tema que estudio como historiador de la Edad Media. Cuando elegimos qué historias contaremos sobre una persona, revelamos mucho sobre nosotros mismos: nuestros anhelos y temores, la forma en la que podríamos intentar mejorar personalmente y la clase de cambios que nos gustaría que ocurrieran en el mundo. Así ha sido desde los primeros siglos de la cristiandad, periodo en el que las comunidades locales y regionales concedían la santidad sin una supervisión amplia de las autoridades eclesiásticas. Si un grupo de personas creía que alguien era un santo y levantaban templos, veneraban reliquias, creaban rituales y contaban historias sobre milagros… entonces esa persona era santa.

Durante la Edad Media, el papado ejerció cada vez mayor control sobre el proceso para determinar quién tendría el derecho de contar las historias de los santos. Aunque la voz del pueblo todavía cuenta, lo que ocurrirá el próximo domingo corre a cargo del papa Francisco. El simbolismo de la doble canonización es tan poderoso que la junta editorial de la publicación estadounidense The New Catholic Reporter reaccionó al anuncio que se hizo en julio de 2013 con la declaración de que ciertamente "el pontificado de Francisco ha comenzado".

Robert Ellsberg, autor de varios libros populares sobre santos, insinuó que al unir las canonizaciones, Francisco trata de iniciar una narrativa nueva. Ellsberg dijo: "Las guerras culturales católicas internas y la polarización han amargado cada vez más a gran parte de la vida interna de la Iglesia. El superar algunas de esas divisiones y sintetizar algunas de las mejores y más nobles características de estos dos papas al unirlos es un indicio esperanzador para cualquier persona a la que le preocupe el futuro de la humanidad".

Si la canonización de los papas Juan Pablo II y Juan XXIII puede inspirar a más individuos a encontrar un propósito moral y correr riesgos, nuestras vidas serán mejores.

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Si las canonizaciones pueden alejar a la Iglesia católica de la amarga división y guiarla para adoptar posturas morales firmes en el escenario mundial, especialmente en concordancia con el énfasis que Francisco ha puesto en la pobreza y la desigualdad, todos seremos mejores.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a David M. Perry

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