OPINIÓN: La Primera Guerra Mundial nos dio los 'drones'

Los británicos desarrollaron las capacidades del poderío aéreo durante la campaña contra los otomanos en la Gran Guerra
Autor: Priya Satia | Otra fuente: 1

Nota del editor: Priya Satia es profesora asociada de Historia en la Universidad de Stanford; escribió el libro Spies in Arabia: The Great War and the Cultural Foundations of Britain's Covert Empire in the Middle East. Su extenso estudio de las raíces del uso bélico de los drones en la Primera Guerra Mundial, titulado Drones: A History from the British Middle East se publicó a principios de este año.

(CNN) – Los drones (naves robot no tripuladas) son nuestro más reciente Frankenstein. Sin embargo, nuestra preocupación por su novedad, aunada a los riesgos éticos de matar a distancia y la posible violación de la vida y la privacidad por medio de la vigilancia han ocultado sus raíces en la mortífera historia del control aéreo de Occidente en Medio Oriente que inició con la Primera Guerra Mundial, hace exactamente un siglo.

Mientras recordamos las miles de formas en las que esa guerra dio nueva forma a nuestro mundo, también debemos reconciliarnos con el inicio del poderío aéreo en Medio Oriente.

El poderío aéreo se remonta a los globos aerostáticos de la Guerra Civil estadounidense y se usó en todos los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial para misiones de reconocimiento, bombardeos y combate aéreo. Sin embargo, su potencial se probó y se desarrolló con mayor rigor en la campaña británica contra el imperio otomano durante dicha guerra.

La fotografía y la señalización aéreas, el transporte aéreo, las trampas aéreas (bombardear a la vanguardia y la retaguardia de un batallón que retrocede en una cañada), todas se desarrollaron en las campañas de Mesopotamia y Palestina, en la Primera Guerra Mundial, campañas que se libraron en lo que actualmente es Iraq, la península Arábiga y hasta Siria hacia el norte.

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Los británicos emprendieron estas campañas para salvaguardar todas las importantes rutas terrestres, aéreas y marítimas hacia la India británica y hacia los campos petrolíferos del golfo Pérsico. Se usaban aeronaves en bombardeos cuyo objetivo era destruir trenes y para campañas bélicas irregulares en las que —entre otras cosas— ayudaban a las guerrillas árabes que combatían en la revuelta contra los otomanos (que contaba con el respaldo de los británicos) a comunicarse y a efectuar misiones de reconocimiento. También las usaron en engaños, tales como ocultar los movimientos de las tropas antes del ataque sorpresa de los británicos en Megiddo.

Lo más importante, hablando de la historia de los drones, es que se descubrió su uso para implementar políticas colonialistas en la zona que se repetirían a lo largo del siglo. Cuando las tribus a las que los británicos habían "liberado" del dominio turco durante la guerra "se salieron de control", los bombardeos aéreos se volvieron un instrumento cotidiano de la disciplina colonial e infundieron "terror entre los árabes", según señalaban complacientes los memorandos oficiales.

Parecía que las aeronaves eran la panacea para lo que los británicos catalogaban como situaciones tribales. Fue así como el Gabinete británico declaró que en Medio Oriente "la guerra… demostró que el aire tiene capacidades propias".

Es probable que hayamos olvidado este pasado, pero en la región, los recuerdos moldean la respuesta a los drones y los ataques aéreos estadounidenses de la actualidad.

Todo esto ocurrió debido a las nociones británicas de la época de la Primera Guerra Mundial respecto a la idoneidad particular del poderío aéreo en Medio Oriente. Los oficiales que dirigían las misiones militares en la región la consideraban una tierra de misterio, inmune a la observación ordinaria. Parecía que las aeronaves de reconocimiento prometían ver más allá de los espejismos, las tormentas de arena y las distancias que dificultaban mapearla según sus cálculos. Los comandantes dependían de ellas para "obtener… información precisa" en una tierra en la que "se puede confiar en poco de lo que se ve".

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Además brindaban acceso a sitios prohibidos. Como concebían que la región era uniformemente plana (a pesar de sus marismas, montañas y ciudades), los británicos que estaban en territorio árabe asumieron que no había dónde refugiarse.

De hecho, había límites al uso de las aeronaves (incluso en el desierto), pero la idea de los "caballeros del aire" que ofrecían vigilancia panorámica de una tierra antigua e inescrutable demostró ser irresistible, igual que la idea de que las aeronaves transformarían Mesopotamia en un centro del transporte moderno y por ende se restauraría su estatus como cuna de la civilización para redimir, hasta cierto punto, las pérdidas materiales y humanas de la guerra.

Los oficiales británicos dieron gran importancia al "sentimiento de camaradería natural… entre los nómadas árabes y la Fuerza Aérea… Ambos… están en conflicto con las vastas fuerzas elementales de la naturaleza". Los árabes podían soportar como nadie la violencia de los bombardeos, pensaban los británicos: en una tierra bíblica, la tragedia era "la forma de vida cotidiana" y se pensaba que los bombardeos eran "un acto de Dios".

Estos experimentos de guerra con los bombardeos y la vigilancia aérea desembocaron en el "control aéreo" del régimen de la posguerra en la región, un mecanismo barato y discreto del dominio colonial en un mundo cada vez más antiimperialista.

Como los británicos pensaban que Medio Oriente era una región en donde la información era sospechosa y los engaños estaban por todas partes, pensaron que las cifras de muertos y la rendición de cuentas por los errores (como bombardear a la ciudad o a la tribu equivocada) eran superfluos.

Después de la guerra, el Real Cuerpo Británico de Aviación sobrevivió como un servicio militar independiente y lo rebautizaron como la Real Fuerza Aérea (RAF, por sus siglas en inglés) a causa de su rol en Medio Oriente.

Los británicos usaron a la RAF para hacer labores de policía en los nuevos territorios británicos en Medio Oriente por medio de la vigilancia y los bombardeos aéreos. Esta técnica, a la que se conoce como "control aéreo", se extendió hacia Palestina, Somalia, Yemen y lo que ahora llamamos AfPak (Afganistán y Pakistán), justo el lugar en el que los drones reinan en la actualidad. Los aviadores británicos de la Primera Guerra Mundial y del periodo de entreguerras —entre ellos Arthur Harris, celoso líder del Comando de Bombarderos de la Segunda Guerra Mundial—adquirieron en Iraq y Afganistán la experiencia que aplicaron en la siguiente guerra mundial.

El Estado británico difundió el mito del control aéreo exitoso en Medio Oriente, pero la técnica nunca funcionó en realidad. La presencia de los británicos provocó la insurgencia y socavó la autoridad de los gobiernos locales hasta la revolución iraquí de 1958, cuando Estados Unidos empezó a intervenir en la región.

Quienes viven bajo el paso de los drones los consideran el más reciente capítulo de una larga historia de intentos occidentales de dominar la región con el poderío aéreo. La aeronave Reaper, que arrojaba misiles Hellfire, vuelve a presentar los bombardeos como un hado bíblico. Actualmente, tampoco se publica la cantidad de bajas y se presume que los muertos en una zona de ataque son militantes.

Haríamos bien en recordar esta historia aérea de la misma región en la que los drones encontraron su justificación inicial. El pilotaje remoto siempre ha sido uno de los objetivos de la guerra aérea; los drones van detrás de la guerra con cohetes y los misiles de crucero.

La guerra aérea siempre tuvo como objetivo minimizar las bajas en uno de los bandos e intentar levantar un imperio discretamente. Los drones probablemente son más precisos que las primeras aeronaves, pero el principio de someter a una población con una vigilancia omnipresente y con una violencia ejemplar sin provocar la ira de un público democrático en casa sigue siendo el principio subyacente, al igual que la noción de que Medio Oriente es particularmente idóneo para el control aéreo.

Al sorprendernos con lo nuevo, pasamos por alto estas raíces que surgen de la Gran Guerra. En su recuperación yace un entendimiento crucial del por qué una estrategia aérea fracasará en Medio Oriente, ya sea a dirigida a distancia o en el lugar.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Priya Satia.

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