OPINIÓN: Regular las drogas, el momento para hacerlo llegó

La ineficacia del combate a las drogas demuestra que es necesario adoptar políticas diferentes para resolver el problema, dice el autor
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Autor: Richard Branson | Otra fuente: 1

Nota del editor: Sir Richard Branson es fundador del Grupo Virgin y miembro de la Comisión Global para las Drogas.

(CNN) — En el mundo de los negocios, si una de nuestras empresas está fallando, tomamos medidas para identificarla y resolver el problema. Lo que no hacemos es seguir con las estrategias fallidas que cuestan grandes sumas de dinero y empeoran el problema.

Esta es la clase de lógica que subyace en un reportaje que la Comisión Global de Políticas de Drogas publicó el martes y que pretende llevar el debate sobre la regulación de las drogas al siguiente nivel.

Soy miembro de la comisión y me complace señalar que desde nuestro reporte inicial de 2011, los líderes internacionales y los jefes de Estado han hecho eco de nuestro llamado a hacer un cambio radical en las políticas mundiales sobre drogas con cada vez más frecuencia. Las entidades de Colorado y Washington, en Estados Unidos, llevaron el debate de la teoría a la realidad en 2012 y se volvieron las primeras jurisdicciones políticas en el mundo en aprobar la regulación legal de la producción, la distribución y la venta de la marihuana. Uruguay llegó un poco más lejos en diciembre de 2013 al volverse el primer país en hacer lo propio.

En este último reporte, Taking Control: Pathways to Drug Policies that Work (Tomar el control: la vía a las políticas sobre drogas que funcionan), se refleja la evolución de nuestra ideología. No solo reiteramos la necesidad de despenalizar, la búsqueda de alternativas al encarcelamiento y la necesidad de enfatizar las medidas basadas en la salud pública, sino que también llamamos a que se permita la regulación legal de las sustancias psicoactivas.

El asunto es que la forma más efectiva de avanzar hacia los objetivos en salud y seguridad pública es controlar las drogas por medio de una regulación legal responsable. Se puede aprender mucho de los éxitos y fracasos en la regulación del alcohol, el tabaco, los fármacos y otros productos y actividades que representan un riesgo para los individuos y las sociedades.

La regulación de las drogas no es tan radical como algunos creen. De hecho ni siquiera se necesita una reevaluación fundamental de los principios políticos establecidos. Hay una amplia gama de opciones para controlar los diferentes tipos de drogas. En uno de los extremos de esta gama se encuentran los mercados ilegales que están bajo el control de las organizaciones delictivas y que están sujetos a una guerra total contra las drogas.

Del otro están los mercados legales y sin restricciones que están bajo el control de las empresas comerciales. La característica esencial de ambas opciones es que carecen de regulaciones y que los gobiernos básicamente ceden el control del tráfico de drogas. Lo que se necesita son mercados de drogas regulados adecuadamente.

Es cierto que la importancia de la regulación de las drogas en la salud pública no estriba en que las drogas sean seguras, sino precisamente de que pueden ser peligrosas y representan riesgos graves. Pero, sin importar qué tan peligrosa pueda ser cierta droga por sí sola, sus riesgos se multiplican radicalmente cuando se producen, venden y consumen en un entorno criminal no regulado. Hacer que los gobiernos y los órganos reguladores se hagan cargo y rindan cuentas sobre este mercado puede reducir considerablemente los riesgos.

Cuando pensamos en cuál es la mejor forma de reducir los peligros de las drogas, la prohibición al alcohol que se implementó en Estados Unidos es una lección sobre las consecuencias accidentales y desastrosas que describí en un artículo para CNN que se publicó en 2012 durante el aniversario de la terminación de la prohibición al alcohol: esa política provocó que incrementara el consumo de licores fuertes, que la delincuencia organizada tomara el control de la producción y distribución legal y de que se generalizara la animadversión al gobierno federal.

Desde que inició la guerra contra las drogas en 1971, se ha gastado más de un billón de dólares (unos 13 billones de pesos) y Estados Unidos cuenta con la población carcelaria más abundante del mundo. Algunos de los internos de la Prisión Estatal de Ironwood, en California, compartieron el escenario conmigo en mayo durante la primera conferencia TEDX que se lleva a cabo en una prisión: aunque fue alentador ver sus esfuerzos por no reincidir y por prepararse para llevar una vida productiva al salir de prisión, en primer lugar no deberíamos sobrepoblar las prisiones con personas que necesitan tratamiento y personas que no cometieron delitos violentos.

En un marco prohibitivo no hay control de la producción. Los mercados ilegales de drogas dependen de los procesos económicos que estimulan la producción y el suministro de compuestos más potentes y por ende más redituables. La regulación efectiva podría revertir gradualmente esta dinámica.

En Estados Unidos y alrededor del mundo se discute abiertamente la pertinencia de poner fin a la prohibición a las drogas. Los funcionarios electos, los empresarios, los médicos, los educadores, los líderes religiosos y de la sociedad civil rompen con el tabú y participan en el debate sobre las alternativas sensatas que contemplan la reducción de los daños que han causado las políticas actuales sobre las drogas.

Las autoridades judiciales, tales como George Gascon (fiscal de distrito de San Francisco, California), respaldan el proyecto de Ley sobre Vecindarios y Escuelas Seguras sobre la que los californianos votarán en noviembre de este año.

Si la mayoría vota "Sí a la propuesta 47", los delitos no violentos relacionados con drogas se considerarán delitos menores, con lo que se reducirá la sobrepoblación de las prisiones, provocará que las autoridades se concentren en perseguir a los delincuentes violentos y se liberarán más de 1,000 millones de dólares del gasto destinado a las prisiones para dedicarlos a la educación y a los servicios de salud. Imaginen las posibilidades que habrá cuando las drogas se consideren un problema de salud y no un problema de delincuencia.

Lo único que no podemos darnos el lujo de hacer es fingir que la guerra contra las drogas funciona.

California tiene la oportunidad de revertir el daño que han sufrido sus comunidades y su salud física a causa de las políticas fallidas relativas a las drogas.

Los votantes merecen la oportunidad de dar su apoyo a los enfoques alternativos a la seguridad, la salud y la educación públicas que van de la mano de la regulación responsable de las drogas legalizadas.

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Si mi negocio fueran las políticas relativas a las drogas (que cuestan 100,000 millones de dólares al año, aproximadamente 1 billón 300,000 millones de pesos), las consideraría un fracaso y las cancelaría antes de que arruinen más vidas. Es hora de aplicar esa clase de ideología a nuestras políticas fallidas relativas a las drogas.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Richard Branson.

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