OPINIÓN: Ayotzinapa, ¿un tema también de Estados Unidos?

La desaparición de los 43 normalistas en Guerrero ha despertado la inquietud a nivel internacional por la inseguridad que se vive en México
Cortesía Gloria Navajas  Gloria Navajas
Autor: Patrick Dove | Otra fuente: 1

Nota del editor: Patrick Dove es profesor de literatura latinoamericana en el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Indiana, Estados Unidos. Trabaja con temas relacionados con la filosofía, la estética y el pensamiento político. Las opiniones de Dove son a título personal y no representan el criterio o los valores de Indiana University.

(CNNMéxico)– El pasado 21 de noviembre, alrededor de 75 estudiantes y profesores de la Universidad de Indiana-Bloomington se reunieron en un foro público para compartir información y contexto sobre la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, México.

Ayotzinapa se ha convertido en símbolo de las protestas generalizadas en México contra la violencia institucionalizada, la corrupción y la impunidad. En la edición del pasado 30 de octubre de la revista The New Yorker, el novelista Francisco Goldman afirmó que la indignación pública en México ha llevado al país al borde de "un terrible cataclismo, para los optimistas, una transformación inspiradora".

El foro en la Universidad de Indiana fue organizado por estudiantes de posgrado del Departamento de Español y Portugués, en conjunto con una red internacional de académicos y activistas promotores del foro global "México: la herida del Mundo". Esta alianza ha publicado cartas abiertas a la administración del presidente Enrique Peña Nieto denunciando la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa así como la represión subsecuente de manifestaciones públicas, y ha promovido debates públicos en universidades de Europa, América Latina y Estados Unidos.

La reunión buscaba promover la conciencia sobre una situación geográficamente distante y alejada de las preocupaciones cotidianas y experiencias de muchos de los estudiantes en Bloomington, un pequeño y tranquilo pueblo del centro de Estados Unidos. Hace uno o dos meses el nombre Ayotzinapa era desconocido para la gran mayoría de los asistentes. Se esperaba que toda indiferencia, efecto de la distancia, fuera sustituida por sentimientos de solidaridad con los estudiantes de escuelas normales rurales de México y sus familiares, y que la solidaridad estimulara reflexiones sobre cómo los ciudadanos de los EE.UU podrían contribuir a las luchas libradas en Ayotzinapa y en otras partes de México.

Sin embargo, los organizadores deben de estar conscientes que las actividades académicas de este tipo presentan una trampa potencial. A través de la promoción de manifestaciones de solidaridad con las luchas de otros, libradas en contextos diferentes al nuestro, corremos el riesgo de cultivarlo que Hegel llama el "alma bella": alguien que, por sentirse incapaz de intervenir en el mundo, busca legitimación moral para la inacción.

La solidaridad siempre tiene el potencial de convertirse en una indemnización autocomplaciente para nuestra pasividad ante los problemas que exceden lo que podemos conseguir a través de nuestras propias acciones. El apoyo simbólico al otro puede llegar a ser una indulgencia de bajo costo que nos permite seguir viviendo nuestras vidas cómodas, sin tener que preguntarnos cómo nuestra propia comodidad está conectada a la difícil situación de otras.

Una de las preguntas planteadas en el foro fue la relación entre los eventos de Ayotzinapa y nosotros en la Universidad de Indiana. Los presentadores—Peter Guardino (Historia), Bradley Levinson (Educación) y John McDowell (Folclor y Etnomusicología)— abordaron la historia de las escuelas normales rurales como centros de conciencia social y politización, y mostraron cómo el uso de los medios sociales de comunicación han servido para difundirla música popular de protesta durante el desarrollo de los eventos.

Uno de los momentos más interesantes del foro fue cuando uno de los presentadores nos recordó que, a pesar de las apariencias, Ayotzinapa no es sólo un “problema mexicano”.  Ayotzinapa expone las maneras en que el orden económico, social y político de México está interconectado con el sistema capitalista mundial. Los problemas de la anomia, la corrupción y la impunidad son sin duda desafíos que deben ser enfrentados por las instituciones cívicas, legales y políticas de México. Pero si la misma cantidad de dinero—un estimado de 19 a 29,000 millones de dólares al año—fluyera en los EE.UU desde Canadá como parte de alguna economía ilegal, ¿quién podría dudar de que este flujo ilícito produjera sus propios efectos desestabilizadores?

Uno puede quejarse hasta la saciedad sobre las deficiencias de los sistemas políticos y legales de México, pero mientras las empresas criminales transnacionales tengan acceso al poder financiero prácticamente ilimitado, es difícil imaginar cómo la cultura de la corrupción pueda ser transformada.

Ciertas voces críticas han señalado que los EE.UU deben aceptar cierta responsabilidad por eventos tales como las desapariciones en Iguala ya que el gobierno de Estados Unidos ofrece apoyo económico para la militarización de las guerras contra el narcotráfico en México. Esto marca una de las terribles ironías del TLCAN: aunque la violencia amenaza con desestabilizar las zonas de libre comercio, tanto el auge del comercio de drogas como la proliferación de la violencia son productos de la apertura de las fronteras internacionales.

Como parte de la Iniciativa Mérida, el gobierno de Estados Unidos ha gastado 2.4 mil millones de dólares en los esfuerzos contra el tráfico de drogas en México durante los últimos seis años. Esto puede parecer mucho, pero es solo una gota en el océano comparado con la cantidad de dinero que fluye de los EE.UU a México para la compra de cocaína, heroína y otras drogas ilegales. El problema parece ir más allá de las relaciones entre los EE.UU y México. Según Antonio Maria Costa, economista italiano y exdirector Ejecutivo de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, fue sólo el lavado de dinero por los cárteles que mantuvo el sistema bancario internacional a flote durante la crisis financiera mundial de 2007-2008. ¿Podría ser que el narcocapitalismo y la guerra que lo acompaña son la verdad inconfesada de nuestro actual sistema capitalista global?

La "guerra contra las drogas" en los EE.UU ha sido un claro fracaso, y los estadounidenses podrían quizá contribuir a evitar que se repitan los eventos de Ayotzinapa si enfrentaran este fracaso. Los miles de millones de dólares federales gastados anualmente en la estrategia de lucha contra el narcotráfico junto con la criminalización y encarcelamiento masivo centrado en forma desproporcionada sobre los afro-americanos y las poblaciones más humildes, no han tenido ningún efecto significativo en la reducción de las tasas de adicción a las drogas en los EE.UU.

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Cuesta imaginar cómo el aumento en la violencia institucionalizada, la corrupción y la impunidad se puedan resolver en México, mientras que la demanda de drogas en los EE.UU siga siendo tan alta. El problema de la demanda no tiene remedio fácil; culpar a México por no desmantelar la cadena de suministro o culpar a los consumidores de drogas en los EE.UU por sus fallas morales son sólo formas de evitar el problema real. Este es un problema social que exige un cambio profundo de estrategia, priorizando opciones de educación y tratamiento sobre una lógica punitiva de criminalización que sólo puede reproducir los problemas que dice querer resolver.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Patrick Dove.

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