OPINIÓN: ¿Clinton y Bush serían buenos candidatos a la presidencia?

Jeb y Hillary tienen carencias como potenciales candidatos rumbo a la Casa Blanca, más allá del 'lastre' que pueda ser su apellido
Jeb Bush piensa en una candidatura presidencial
Ruben Navarrette
Autor: Ruben Navarrette | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Ruben Navarrette es colaborador de CNN y articulista del Washington Post Writers Group. Síguelo en Twitter: @rubennavarrette.

SAN DIEGO (CNN) — ¿Otro Bush? ¿Otro Clinton?

Al hacer reportajes acerca de la campaña presidencial de 2016, gran parte de los medios harán eco del tema que Barbara Bush tocó durante una entrevista con la televisora estadounidense C-SPAN, en enero de 2013.

La exprimera dama dijo que aunque creía que su hijo Jeb Bush, el exgobernador de Florida, era "la persona mejor calificada para postularse a la presidencia", los estadounidenses deberían ampliar la selección de candidatos.

"Creo que este es un gran país americano, un gran país. Es bobo que no podamos encontrar más de dos o tres familias que se postulen al puesto más importante", dijo.

Parece que muchos estadounidenses están de acuerdo.

Incluso se inició una petición en internet esta semana en la que se urge a los estadounidenses a asumir una postura ante "el gobierno familiar hereditario".

El organizador es un grupo activista liberal virtual llamado RootsAction.org, que señala que en siete elecciones presidenciales consecutivas, entre 1980 y 2004, hubo un Bush o un Clinton en la fórmula presidencial de un partido importante.

Los organizadores están preocupados de que esta tendencia vuelva en 2016.

Notarás este sentir con frecuencia durante el próximo año, más o menos: que el mayor problema de Jeb es "el desgaste Bush" y que elegir a Hillary Clinton significa revivir "los años de Clinton".

Se supone que la principal desventaja de estos candidatos potenciales es su apellido.

Esto es ridículo. Para estos dos probables aspirantes a la presidencia, el apellido es el menor de sus problemas.

Estos son cinco obstáculos más formidables que podrían alejar a Hillary Clinton y a Jeb Bush de la Casa Blanca:

— La cuestión del elevador. Ni Hillary ni Jeb parecen ser capaces de explicar, clara y brevemente, por qué quieren ganar la presidencia. No creo que pudieran hacerlo si tuvieran todo el día, ya no digamos en el tiempo que tarde un elevador en subir y bajar. El senador demócrata por Massachusetts, Edward Kennedy, tuvo el mismo problema en 1980, lo que afectó a su desafiante candidatura contra su contrincante, el entonces presidente en funciones, Jimmy Carter.

En el caso de Hillary y Jeb, la respuesta no puede ser simplemente: "bueno, es una tradición familiar. Y es mi turno". Necesitamos saber por qué quieren ser presidente y por qué el país estaría mejor si lograran ese objetivo.

El factor empatía. Hillary no es Bill Clinton y Jeb no es George W. Bush. Ambos presidentes tenían el don de identificarse con los electores. Eran entrañables y a ambos parecía gustarles genuinamente estar con la gente. Eran personajes polarizadores, pero la mitad de Estados Unidos que los quería los quería intensamente. Establecieron una conexión emocional con los electores al contar historias, compartir recuerdos y valores.

O tienes esa habilidad o no la tienes. Ni Hillary ni Jeb la tienen. Cualquiera podría ser buen presidente. Pero los presidentes no se designan, se eligen. Los estadounidenses eligen gente con la que pueden identificarse. Nunca sabremos si nos identificamos contigo si no te abres.

— El guerrero feliz. Los estadounidenses quieren candidatos alegres, optimistas y alentadores. Ya sea al hablar de la inmigración o del desarrollo económico, A Jeb Bush le gusta usar la palabra aspiracional.

Él entiende que los estadounidenses quieren un presidente que los lleve no solo hacia adelante, sino hacia arriba. Lo mismo ocurre con Hillary Clinton, quien luce fastidiada cuando surge el tema, como si hubiera cargado durante la última década el enorme peso de lo que sus simpatizantes gustan de llamar "el máximo techo de cristal". Estos dos no parecen tener ambiciones. Parecen estar angustiados.

— Pasión. Postularse para presidente es un viaje largo y brutal; quienes lo logran son los que llevan una intensidad ardiente en su interior. La emoción y la confianza se contagian y la gente responde a los candidatos que les hablan con el corazón, y que están involucrados emocionalmente en los temas.

Muchos demócratas están reaccionando a la pasión de la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, y esperan que ella se postule a la presidencia.

Muchos republicanos se emocionan con personas como Paul Rand (senador por Kentucky) o Ted Cruz, senador por Texas. El arma más valiosa de un candidato no es su carisma, su experiencia ni su arsenal. Es su pasión. Si no la tienes, ni te molestes en postularte. No está claro si Hillary y Jeb la tienen.

— La misión de reconciliar. Ser electo presidente es un asunto de lograr que tu base se alinee aunque no te ame. En el caso de Hillary, el desafío es unir a los Warrenistas (que gustan de hacer la guerra a los ricos) y a los intereses empresariales de Wall Street, que se ponen nerviosos cuando los demócratas cantan himnos populistas.

En el caso de Jeb, lo difícil será unir a los radicales del Tea Party, quienes le declararon la guerra al aparato republicano, con los elementos moderados que quieren un partido más incluyente. Se dice que no puedes servir a dos amos. Pero, como Hillary y Jeb podrían descubrir, también es cierto que no puedes proponer dos estrategias, especialmente si son opuestas.

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Las elecciones de 2016 no se centran en los apellidos. Se centrarán en lo que usualmente se centran las elecciones: los candidatos que se postulan y la clase de persona que son. No puedes cambiar eso ni ocultarlo. Al final de cuentas sale a la luz e influye mucho a la hora de decidir quién llega a la Casa Blanca y quién se va con las manos vacías.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ruben Navarrette.

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