OPINIÓN: La falsedad de la indignación de Occidente ante el terrorismo

El autor señala que Occidente también ha cometido actos terroristas con el pretexto de defender valores y principios
charlie hebdo
protesta, paris, charlie hebdo  charlie hebdo  (Foto: CNN)
Autor: Noam Chomsky | Otra fuente: 1

Nota del editor: Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Su libro más reciente es Masters of Mankind. Su sitio web es www.chomsky.info.

(CNN) — Tras el ataque terrorista contra la revista Charlie Hebdo, en el que murieron 12 personas, incluido el editor y cuatro caricaturistas, así como el asesinato de cuatro judíos en un supermercado kosher poco después, el primer ministro de Francia, Manuel Valls, declaró "una guerra contra el terrorismo, contra el yihadismo, contra el islam radical, contra todo lo que pretende romper la fraternidad, la libertad, la solidaridad".

Millones de personas se manifestaron para condenar las atrocidades que se amplificaron en un coro de horror bajo el lema "Yo soy Charlie". Hubo elocuentes manifestaciones de indignación, mismas que Isaac Herzog, líder del Partido Laborista de Israel y principal contendiente en las próximas elecciones, asimiló bien. Herzog declaró que "el terrorismo es terrorismo. No hay dos forma de verlo" y que "todas las naciones que buscan paz y libertad [se enfrentan] a un enorme desafío" en la forma de violencia brutal.

Los crímenes también suscitaron ríos de comentarios, de investigaciones sobre la raíz de estos impactantes ataques en la cultura islámica y de exploraciones de formas para contrarrestar la ola asesina de terrorismo islámico sin sacrificar nuestros valores.

El diario estadounidense The New York Times describió el ataque como "un choque de civilizaciones", pero la articulista de Time, Anand Giridharadas, los corrigió en un tuit "no es y nunca ha sido una guerra de civilizaciones ni entre ellas. Es una guerra POR la civilización y en contra de grupos que están del otro lado de ese límite. #CharlieHebdo".

Steven Erlanger, veterano corresponsal en Europa, describió vívidamente la escena en París al New York Times: "fue un día de sirenas, de helicópteros en el aire, de boletines informativos frenéticos, de acordonamientos policiales y multitudes nerviosas; de niñitos a los que sacaban de la escuela para ponerlos a salvo. Fue, como los dos anteriores, un día de sangre y horror en París y sus alrededores".

Erlanger también citó a un periodista sobreviviente que dijo que "todo se derrumbó. No había salida. Había humo por todas partes. Fue terrible. La gente gritaba. Fue como una pesadilla". Otro reportó "una detonación enorme y todo quedó totalmente a oscuras". Erlanger reportó que la escena "era cada vez más familiar: vidrios rotos, muros rotos, vigas retorcidas, pintura quemada y devastación emocional".

Sin embargo, estas últimas citas, como nos recuerda el periodista independiente David Peterson, no son de enero de 2015. Son de un reporte que Erlanger hizo el 24 de abril de 1999 y que recibió mucha menos atención. Erlanger hacía un reportaje sobre la OTAN y "el ataque contra las oficinas de la televisión estatal serbia" que "sacaron del aire a Radio Televisión Serbia" y cobró la vida de 16 periodistas.

"La OTAN y las autoridades estadounidenses defendieron el ataque", reportó Erlanger, "en un esfuerzo por socavar al régimen del presidente de Yugoslavia, Slovodan Milosevic". El portavoz del Pentágono, Kenneth Bacon, dijo en una reunión informativa en Washington que "la televisión serbia era parte de la máquina asesina de Milosevic, igual que sus fuerzas armadas", por lo que era un blanco legítimo.

No hubo manifestaciones ni indignación, nadie cantó somos RTV, no se investigó la raíz del ataque en la cultura y la historia cristiana. Por el contrario, se aplaudió el ataque contra la prensa. El muy estimado diplomático estadounidense Richard Holbrooke, entonces enviado en Yugoslavia, describió el ataque exitoso contra RTV como "un acontecimiento enormemente importante y creo que positivo", sentir que otros compartían.

Hay muchos otros acontecimientos que no piden una investigación sobre la cultura y la historia occidentales, como es el caso de la peor atrocidad que se ha cometido en Europa en los años recientes: la de julio de 2011, cuando Anders Breivik, un extremista cristiano ultrasionista y antiislámico, asesinó a 77 personas, en su mayoría adolescentes.

En la "guerra contra el terrorismo" también se ha ignorado la campaña terrorista más extrema de la historia moderna: la campaña mundial de asesinatos de Barack Obama, dirigida contra personas sospechosas de tener posiblemente la intención de lastimarnos algún día y de cualquier ser desafortunado que pase por allí. También hay otros seres desafortunados, tales como los 50 civiles que presuntamente murieron en un bombardeo que Estados Unidos encabezó en Siria en diciembre de 2014 y del que apenas se ha hablado.

Ciertamente se castigó a una persona en relación con el ataque de la OTAN contra RTV: Dragoljub Milanović, el director general de la estación, a quien la Corte Europea de Derechos Humanos sentenció a 10 años de prisión por no evacuar el edificio, según el Comité para Proteger a los Periodistas. El Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia analizó el ataque de la OTAN y llegó a la conclusión de que no había habido crimen; aunque la cantidad de víctimas civiles había sido "desafortunadamente alta, no parece claramente desproporcionada".

La comparación entre estos casos nos ayuda a entender que el abogado especialista en derechos civiles, Floyd Abrams (famoso por su firme defensa de la libertad de expresión) condene al New York Times. "Hay momentos en los que hay que contenerse —escribió—, pero inmediatamente después del ataque más amenazador contra el terrorismo del que tengamos memoria, [los editores del Times] habrían servido mejor a la causa de la libre expresión al comprometerse con ella" y publicar las caricaturas de Charlie Hebdo en las que se ridiculiza a Mahoma que propiciaron el ataque.

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Abrams tiene razón al describir al ataque contra Charlie Hebdo como "el ataque más amenazador contra el terrorismo del que tengamos memoria". Ello tiene que ver con el concepto "del que tengamos memoria", categoría que se construye cuidadosamente para incluir Sus crímenes contra nosotros mientras excluye escrupulosamente Nuestros crímenes contra ellos: estos no son crímenes, sino la noble defensa de los valores más sublimes que a menudo tienen defectos que pasan inadvertidos.

Este no es el lugar para investigar qué se "defendía" cuando se atacó a RTV, pero dicha investigación es bastante ilustrativa (consulta mi libro A New Generation Draws the Line [Una nueva generación pone el límite]).

Hay muchas otras formas de ilustrar la interesante categoría "del que tengamos memoria". Una de ellas es el ataque de los Infantes de Marina de Estados Unidos contra Fallujah, ocurrido en noviembre de 2004; fue uno de los peores crímenes de la invasión de Estados Unidos y Reino Unido en Iraq.

El ataque inició con la ocupación del Hospital General de Fallujah, un grave crimen de guerra sin tomar en cuenta la forma en la que se llevó a cabo. Se dio gran prominencia al crimen en la primera plana del New York Times, al igual que a la fotografía en la que se mostraba cómo "los soldados armados sacaban a toda prisa a los pacientes y a los empleados del hospital y les ordenaban que se sentaran o acostaran en el suelo mientras los soldados les ataban las manos tras la espalda". Se consideró que la ocupación del hospital tenía méritos y estaba justificada: "acalló lo que para los oficiales era un arma propagandística para los militantes: el Hospital General de Fallujah y sus constantes reportes de víctimas civiles".

Evidentemente este no es un ataque a la libre expresión ni cumple con los requisitos para entrar en aquello de lo "que tenemos memoria"

Hay otras preguntas. Uno podría preguntarse naturalmente cómo es que Francia propugna la libertad de expresión y los principios sagrados de la "fraternidad, la libertad y la solidaridad". ¿Es, por ejemplo, a través de la Ley Gayssot, que se implementa repetidamente, que efectivamente da al Estado la facultad de determinar la Verdad Histórica y de castigar las desviaciones de sus edictos? ¿A través de la expulsión de los descendientes empobrecidos de los sobrevivientes del Holocausto (los romaníes) y su persecución en Europa del Este? ¿A través del trato deplorable que se da a los inmigrantes norafricanos en los barrios de París en los que los terroristas del ataque contra Charlie Hebdo se volvieron yihadistas? ¿Lo hizo cuando la valiente publicación Charlie Hebdo despidió al caricaturista Siné con el argumento de que consideraban que uno de sus artículos tenía connotaciones antisemitas? Rápidamente surgen otras interrogantes.

Cualquier persona que tenga los ojos abiertos notará rápidamente otras omisiones sobresalientes. Así, entre quienes se enfrentan al "desafío enorme" de la violencia brutal están los palestinos, como ocurrió una vez más durante el violento ataque de Israel contra Gaza a mediados de 2014, en el que asesinaron a muchos periodistas que a menudo viajaban en autos claramente marcados como transporte de la prensa y a muchas otras personas, mientras que la prisión al aire libre que los israelíes administran quedó reducida a escombros bajo pretextos que colapsan al instante si se examinan.

También se ignoró el asesinato de tres periodistas en América Latina en diciembre de 2014, con lo que la cifra del año ascendió a 31. En Honduras han matado a más de una docena de periodistas desde el golpe militar de 2009 que Estados Unidos reconoció efectivamente (junto con unos pocos países más), con lo que probablemente se concede a la Honduras posterior al golpe de Estado el campeonato de periodistas asesinados per cápita. Pero, una vez más, no es un ataque a la libre expresión del que tengamos memoria.

No es difícil entrar en detalles. Estos ejemplos ilustran un principio muy general que se observa con dedicación y constancia impresionantes: entre más podamos culpar a los enemigos de algunos crímenes, mayor es la indignación; entre mayor sea nuestra responsabilidad por crímenes (y por ende entre más podamos hacer para ponerles fin), menos preocupación hay, con lo que se tiende al olvido e incluso a la negación.

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A diferencia de los pronunciamientos elocuentes, no es cierto que "el terrorismo es terrorismo. No hay dos formas de verlo". Definitivamente hay dos formas: la suya contra la nuestra, no solo como terrorismo.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Noam Chomsky.

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