OPINIÓN: Por una libertad de expresión en todo el mundo

Cada 26 horas se hostiga a un periodista en México; 52% de las agresiones son realizadas por narcos, delincuentes y la sociedad civil
Más allá de Aristegui, ¿y el periodismo en México?
Autor: Fernanda Diez-Torres | Otra fuente: 1

Nota del editor: Fernanda Diez es autora, economista y abogada por la Universidad de la Américas; es Directora de Relaciones Institucionales del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

(CNNMéxico) — Cada 26 horas se agrede a un periodista en México. El 48% de las agresiones fueron realizadas por funcionarios públicos; de éstas, 80% fueron cometidas por funcionarios municipales.

Estos datos fueron publicados por "Article 19" (organización independiente que protege y promueve el derecho a la libertad de expresión en diversos países del mundo) en su informe anual Estado de Cuenta. Informe sobre violencia contra los periodistas 2014.

Son vidas perdidas, voces calladas. En los últimos dos años han sido asesinados 10 periodistas y cuatro más, se encuentran desaparecidos. Terribles cifras, cuando las vejaciones a periodistas han aumentado en este sexenio. Verdades incómodas donde el porcentaje de agresiones realizadas por funcionarios públicos no disminuye. Resulta gravísimo que quien es el garante de la seguridad de la sociedad, sea uno de los entes que agrede con el mayor porcentaje a uno de los gremios que más debería cuidar.

Sin embargo, el 52% de las agresiones no realizadas por funcionarios públicos fueron por delincuentes, narcos, y otros miembros de la población civil.

Lee: Agresiones contra periodistas crecen en el mandato de Peña: Artículo 19

Agresiones cuyo inicio puede originarse en redes sociales y que se tornan de amenazas contra los periodistas y sus familias, en violencia contra su persona, allegados y pertenencias.

Ezra Shabot, podría ser el último caso con estas características. Él mantiene una columna de opinión en El Universal y tiene su espacio radiofónico de lunes a viernes en la tarde por MVS. Cabe mencionar que su espacio es objetivo al presentar los temas de actualidad y sus opiniones nunca habían causado mayor revuelo. Todo cambió en el momento que decidió defender su trabajo y comentar de forma abierta el por qué él no pensaba renunciar a su trabajo en MVS, destacando también el que su contrato con dicha empresa era completamente diferente al que tenía Carmen Aristegui con dicha empresa.

¿La respuesta de la sociedad “informada” que le escucha? Vandalizar su casa pintarrajeando una suástica en su puerta. Él y su familia recibieron amenazas y fue llamado “cochino judío”, entre otras bajezas. Las redes sociales se inflamaron de un odio mezquino y tanto Ezra Shabot como la libertad de expresión recibieron una durísima agresión sólo por explicar su decisión de mantenerse en un empleo.

En México, la comunidad judía comprende menos de 70,000 personas, muy pequeña comparada a la argentina (casi 600,000) o la de Nueva York (2 millones). Sin embargo, al igual que en otros países, han dado grandes mentes a nuestra patria y su poder económico se basa en su trabajo honesto y constante.

Por ende, si en ningún caso es válida la agresión a quienes dedican su vida a informar, tampoco es válido insultar a quien profese una religión distinta o por pertenezca a un determinado grupo étnico.

Podemos no estar de acuerdo con las decisiones u opiniones de una persona determinada, pero eso no da ningún derecho a agredirle. Debemos tenerlo en cuenta, las cifras de “Article 19” no sólo acusan a los funcionarios públicos, son también una severa amonestación a los ciudadanos quienes hostigan a los periodistas.

Si cada 26 horas se hostiga a un periodista en nuestro país, hoy Ezra Shabot es parte de los 79 periodistas violentados en lo que va del año, formando parte de la estadística y porcentaje agredido por la sociedad civil.

Tristemente, los funcionarios públicos son reflejo de la sociedad en su conjunto. Así que si queremos mayor libertad de expresión, si demandamos que el gobierno respete y cuide al gremio periodístico, seamos ejemplo del trato que demandamos. Permitamos el disenso de opiniones, la diversidad de voces, las ponencias encontradas. Sólo así, no importará si el periodista se apellida “Aristegui” o “Shabot”, no importará su religión ni su ideología, sólo importará que todos cuenten con el derecho inalienable de la libertad de expresión.

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Se extraña en las mañanas a Carmen Aristegui. Avergüenza conocer la serie de improperios y amenazas lanzados a Ezra Shabot y a muchos otros periodistas. La libertad de expresión, tan frágil en este país ha vuelto a ser vulnerada.

Las opiniones de Fernanda Díez Torres son a título personal y no representan necesariamente el criterio o los valores del CEEY o de CNNMéxico. 

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