OPINIÓN: El revés de Pakistán en Yemen

Que Pakistán se mantenga neutral en el conflicto yemení puso en el centro de los reflectores las tensiones geopolíticas en Medio Oriente
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Autor: Rina Mussali | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional y de la serie 2015: Elecciones en el Mundo, en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de Twitter: @RinaMussali

(CNNMéxico) –La decisión de Pakistán de mantenerse neutral en el conflicto yemení ha vuelto a poner en el centro de los reflectores las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. Arabia Saudita se ha quedado helada por la negativa pakistaní de apoyar con soldados, armamento y equipo aéreo los bombardeos contra el grupo de rebeldes hutíes que progresivamente han ganado terreno gracias a la ayuda de Irán, el enemigo regional de Arabia Saudita. No obstante es Irán quien ató a Pakistán a la neutralidad, pues requiere mantener una buena relación para poder cubrir sus necesidades energéticas. La decisión de Pakistán –un país con capacidad para producir armas nucleares- es tan sólo una muestra de la difícil partida de ajedrez que se está librando en torno a Yemen.

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Yemen tiene una configuración histórica y particular que el mundo occidental le cuesta trabajo entender. Es un país de historia tribal donde los conflictos étnicos, las divisiones sectarias y las agrupaciones armadas están presentes de forma cotidiana. Son los arreglos tribales y los acuerdos de lealtades los únicos capaces de garantizar los mínimos estándares de gobernabilidad. Hay un proverbio yemení que ha sido citado en numerosas ocasiones por el expresidente Saleh "Gobernar Yemen es como bailar sobre cabezas de serpientes".

Yemen es un país con sus propias costumbres y tradiciones que se hilan a través del islam y la religión, un modelo de civilización que no está basado en los conceptos eurocentristas de la democracia, secularismo y capitalismo. A este país de inestabilidad crónica hay que agregarle la preocupación de la comunidad internacional por la proliferación de armas, pues 6 de cada 10 habitantes poseen un arma de fuego, siendo así el segundo país del mundo con pistolas por habitante, después de Estados Unidos, esto de acuerdo a la Encuesta de Pequeñas Armas del Instituto Superior de Estudios Internacionales y de Desarrollo de Ginebra.

En territorio yemení se han generado los determinantes para levantar un polvorín, la lucha intestina entre diversos grupos que encuentran ventaja en la existencia de un Estado no consolidado: los chiitas al norte bajo la rebelión de los llamados hutíes, quienes están apoyados por el régimen de Teherán,el gobierno sunita representado por el actual gobierno del presidente Abd-RabbuMansourHadi, cuyo aliado principal es Arabia Saudita y a quien se le acusa de seguir estrechando lazos con el expresidente Saleh, derrocado como producto de la Primavera Árabe, las facciones que apoyan el movimiento separatista del sur, así como las dos células terroristas, rivales y antagónicasde Al Qaeda en la Península Arábiga y el Estado Islámico (EI).

La fractura chiita y sunita es teatro de operaciones en Yemen. Arabia Saudita y los países que conforman el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) decidieron lanzar ataques aéreos, desde finales de marzo, como una forma de frenar el expansionismo de los rebeldes hutíes. Washington también le dio su bendición a esta coalición, desde la retaguardia y evitando implicarse en la primera línea de fuego para golpear a Irán a través del debilitamiento de los rebeldes hutíes. Cabe señalar, que Washington dio apoyo logístico y de inteligencia, en un momento delicado cuando todavía no se alcanzaba un acuerdo preeliminar sobre las negociaciones nucleares con Teherán.

Yemen: la guerra entre Irán y Arabia Saudita

La crisis en Yemen ha dejado de ser un problema local para convertirse en una conflictiva de dimensiones regionales e internacionales. Esta guerra intraislámica es una guerra religiosa y étnica pero también es una guerra de posiciones geopolíticas que se ancla en la rivalidad maestra entre dos potencias regionales en ascenso: Irán y Arabia Saudita.

No olvidemos el posicionamiento regional e internacional de Arabia Saudita, el país sede del nacimiento de la fé islámica y de dos sitios sagrados como La Meca y Medina, cuna de la interpretación del islam sunita que se contrapone con Irán, la otra potencia en ascenso y máximo exponente de la religión chiita que ha expandido su poder hacia Siria, Líbano, Irak y Yemen. No perdamos de vista que entre Arabia Saudita e Irán se cruzan Estados Unidos e Israel; el primero, aliado incondicional saudí, mientras que el segundo ha sido el gran enemigo de Irán.

Esto muestra que Yemen está justo en medio de los juegos geopolíticos regionales y globales, especialmente por su paso fundamental al Canal del Suez y su ubicación inmediata en el Cuerno de África. El factor geográfico, más sus recursos petroleros lo hace un punto clave para los suministros mundiales del petróleo y para los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) que exportan el oro negro hacia Europa y otros continentes. El miedo se apodera de Estados Unidos y las monarquías del Golfo Pérsico precisamente ante la amenaza de que la ruta marítima de Yemen caiga sitiada por los terrorismos que practica Al Qaeda en la Penísnula Arábiga y Al Shabab en Somalia.

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Como resultado de los tirones geopolíticos, las relaciones entre Arabia Saudita e Irán se complican aún más sabiendo que Estados Unidos logró pactar un acuerdo nuclear con Teherán. La percepción de muchos es que Washington le ofreció mucho a Irán con este pacto que está invitando a una nueva escalada nuclear de corte regional, tomando vuelo en Arabia Saudita. Para Riad, un alto a las sanciones económicas, financieras y diplomáticas contra Irán significaría la expansión del radio de acción de su enemigo regional: Teherán.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Rina Mussali.

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