OPINIÓN: Matar animales para salvarlos nunca será conservación

Un grupo de cazadores de EU recibió una fortuna por el derecho a matar a un rinoceronte negro en nombre de la beneficencia
Zoológico busca reproducir rinocerontes en extinción
Autor: Jeffrey Flocken, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: Jeffrey Flocken es director regional para Norteamérica del Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales (IFAW), una organización dedicada a la protección de la fauna.

(CNN) — Matar animales amenazados para salvarlos simplemente es incorrecto.

No tiene sentido moral, económica ni biológicamente, ni como incentivo para la conservación. Es una filosofía que no tiene cabida en la conservación moderna.

Aunque los estadounidenses constituyen la mayor proporción de cazadores por placer en el mundo, este pequeño y acaudalado grupo de aficionados a la caza mayor no adopta los mismos valores que la gran mayoría de los estadounidenses que aprecia los muchos valores no aptos para explotación de los animales salvajes.

Por ejemplo, en una encuesta de SynovateeNation de 2011 se descubrió que el 70.4% de los estadounidenses participantes pagaría para ver leones en un safari en África, mientras que solo el 6.6% pagaría por cazarlos.

La oposición no es solo teórica: en una encuesta que el grupo Beekeeper llevó a cabo para el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales (IFAW, por sus siglas en inglés) en 2014, se descubrió que el 82% de los estadounidenses encuestados apoyaban que se prohibiera hacer trofeos con leones y el 83% respaldó que se prohibieran los de elefantes.

Beneficios exagerados

Se ha descubierto que económicamente, los beneficios que la gente local recibe de la caza se han exagerado o que prácticamente son inexistentes en el caso de la caza deportiva de animales como los osos polares en Canadá, según un reporte que Economists at Large hizo para el IFAW.

En Tanzania, uno de los destinos de caza más importantes de África, se estima que entre el 3% y el 5% de los ingresos por caza se comparten con las comunidades marginadas, según un reporte de Hassanali Thomas Sachedina, del St. Anthony's College de la Universidad de Oxford.

A la inversa, el ecoturismo se ha vuelto componente tan esencial de la economía de algunos países africanos que algunos gobiernos han tomado medidas contra la caza deportiva para proteger este sector económico más benéfico.

Países como Botswana han seguido el ejemplo de Kenia (en donde se prohibió la caza deportiva en 1977) y han implementado prohibiciones a la caza de ciertos animales o de todos, con el argumento de que la población de las especies muestra reducciones considerables y que el ecoturismo es una fuente de ingresos mucho más importante para su país.

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Desde un punto de vista biológico, la supervivencia a largo plazo de una especie amenazada es extremadamente complicada: la caza deportiva no solo contradice el enfoque cauteloso ante la gestión de la vida silvestre, sino que en algunos casos lo socava.

Para ejemplificar: los cazadores no son como los depredadores naturales. Cazan a los ejemplares más grandes; a los que tienen los colmillos, las melenas, las astas o los cuernos más grandes.

La supervivencia del débil

Es parte de una tendencia llamada "evolución a la inversa" o "supervivencia del débil": los científicos señalan que las poblaciones de especies objeto de la caza deportiva, como los borregos cimarrón, ahora tienen cuernos más pequeños que hace 30 años; tras décadas de caza furtiva y de caza deportiva, los elefantes con colmillos gigantes en estado silvestre son una rareza. ¿Esto es positivo para la conservación sostenible? Queda claro que no.

Además, la caza deportiva puede tener un efecto letal, aparte de la muerte de un espécimen. Las investigaciones han demostrado que cuando matan al león dominante de una manada, el grupo social queda perturbado y puede haber como resultado una serie de muertes en la manada: machos jóvenes muertos en la lucha por la posición dominante; cachorros muertos cuando un nuevo macho asume el dominio, y hembras muertas por proteger a sus cachorros.

Finalmente, la idea de que la caza deportiva incita a la gente local a la conservación de una especie no solo es contradictorio, sino una falacia.

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Cuando el mayor valor de una especie es que su cadáver sirva como trofeo, sus días estarán contados inevitablemente, como ocurre cuando el valor de sus partes (colmillos de marfil, pieles de tigre o cuernos de rinoceronte) prácticamente imposibilitan su protección ante los cazadores furtivos.

Ejemplo de esto es el grupo de caza estadounidense Dallas Safari Club, que subastó el derecho a matar uno de los últimos rinocerontes negros por más de un cuarto de millón de dólares en nombre de la conservación.

El cazador Corey Knowlton pagó 350,000 dólares (unos 5.25 millones de pesos mexicanos) por el permiso para cazar y matar a un rinoceronte negro en Namibia.

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El precio de un animal

La subasta dio a entender al mundo que los cazadores jactanciosos pagarán lo que sea por matar algo excesivamente raro, en este caso, una especie a la que ya se está aniquilando por el valor de sus cuernos. Ese mensaje solo sirve para poner un precio más sobre la cabeza amenazada de un animal raro.

¿Qué medidas pueden tomar los gobiernos para reflejar mejor los valores de la conservación y el bienestar de los animales en sus ciudadanos? Pueden empezar por impedir la importación de trofeos hechos con especies amenazadas como el rinoceronte negro y de otras especies amenazadas como los leones, cuya población en las sabanas se ha reducido en un 75% a lo largo de los últimos 50 años.

Australia prohibió hace poco la importación de los trofeos hechos con leones y Estados Unidos está desarrollando un nuevo sistema para someter a revisión las importaciones de leones.

Mientras tanto, la Unión Europea implementó hace poco unas restricciones más estrictas a las importaciones de trofeos hechos con varias especies, entre ellas leones, mientras que el gobierno de Estados Unidos decidió prohibir las importaciones de elefantes (especies a las los cazadores furtivos casi han eliminado) procedentes de Tanzania y Zimbabue.

Parece que estos gobiernos están entendiendo al fin lo que el resto del mundo ya sabía: que matar animales para salvarlos no es conservación, es sencillamente un error.

Lo mejor que los ciudadanos conscientes pueden hacer es dar a entender que estos animales majestuosos y amenazados valen más vivos, prosperando en estado silvestre, que como trofeos muertos montados en un muro.

Esa idea de conservación sí tiene sentido.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Jeffrey Flocken.

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