OPINIÓN: ¿Sirven las cuotas de género en los procesos electorales?

Las cuotas de género siguen siendo uno de los instrumentos más eficaces para reforzar la presencia de mujeres en órganos de representación
La participación de las mujeres en la política
Autor: Yuri Beltrán | Otra fuente: 1

Nota del editor: Yuri Beltrán es Consejero Electoral en el Instituto Electoral del Distrito Federal. Es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, y licenciado en Economía por la UNAM, además ha sido funcionario en el IFE y el TEPJF. Síguelo en su cuenta de Twitter:@yuribeltranm

A la luz de los resultados de las elecciones pasadas, hay quienes comienzan a preguntarse ¿sirven las cuotas de género? Aquellos que generaron expectativas de que el principio de paridad incorporado a la Constitución se traduciría automáticamente en un 50% de diputadas mujeres, hoy se sienten decepcionados ante la evidencia de que los congresos que fueron electos no tendrán tal composición.

Si se revisan con cuidado, los datos de las elecciones del 7 de junio nos permiten demostrar – nuevamente – que las cuotas de género sí sirven y continúan siendo uno de los instrumentos más eficaces para reforzar la presencia de mujeres en los órganos de representación. Habrá más mujeres en los congresos.

Desde su primera aparición en Argentina (1991) las cuotas han incrementado significativamente la proporción de mujeres en las cámaras legislativas en todo el mundo. En veinte años ese país logró multiplicar por ocho (para llegar a 38%) la cantidad de representantes mujeres en su Congreso.

No es casual que instrumentos internacionales especializados, como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW) sugieren a los países"adoptar medidas especiales de carácter temporal encaminadas a acelerar la igualdad entre el hombre y la mujer".

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No se equivocan los instrumentos internacionales en proponer ese tipo de medidas. Las cuotas de género obligatorias (en Europa se estila que éstas sean asumidas voluntariamente por los partidos) logran fortalecer la presencia política de las mujeres a partir de tres efectos.

  • Incremento de la cantidad de candidatas. Es el rasgo más evidente. En la elección federal de hace tres años, cuando la cuota era del 40%, los partidos postularon por el principio de mayoría relativa 42% (547) fórmulas encabezadas por mujeres. Para la elección actual, ya con el principio paritario, la cantidad de mujeres propuestas por los partidos para ser diputadas uninominales de sus distritos aumentó al 50% (1,320).

Aquí, es importante recordar que el incremento de mujeres candidatas deriva no solo del aumento en las cuotas, sino también de que éstas son asumidas plenamente. Antes de la sentencia 12624 del Tribunal Electoral que erradicó las excepciones, cuotas del 40% alcanzaban apenas un 31% de candidaturas femeninas.

  • Para poner las cosas en perspectiva. En cuanto a las candidaturas a presidencias municipales, este año la paridad horizontal no fue obligatoria en estados como Nuevo León, donde los partidos postularon un 13.3% de candidatas mujeres. En contraste, en el Distrito Federal donde la paridad es exigible también para las Jefaturas Delegacionales, cada partido postuló ocho candidatas mujeres y ocho candidatos hombres.
  • Incremento en la cantidad de mujeres electas.- Las cuotas sí aumentan el número de mujeres que acceden a cargos de elección popular, aunque no lo hacen en la misma proporción en la que crecen las mujeres postuladas. Esto es así porque los partidos no necesariamente postulan mujeres en los distritos que consideran ganadores y porque algunos liderazgos de mujeres son menos visibles que los de los varones.

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Con respecto a la elección anterior, el aumento de la cuota de género del 40% al 50% logró incrementar el número de mujeres diputadas electas en los distritos uninominales en 28%, al pasar de 91 a 117 representantes femeninas.

En el caso de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, el mismo incremento en la cuota consiguió aumentar el número de mujeres ganadoras en sus distritos uninominales en un 13%.

  • Visibilización de liderazgos.- A mi modo de ver, el rasgo más impactante de las cuotas es que fortalecen los liderazgos de mujeres y los hacen visibles. Electas o no, aquellas mujeres que hicieron campaña en esta elección habrán fortalecido su interlocución con sus comunidades para el futuro. Serán líderes más visibles.

Mejor todavía. Las mujeres que resultaron electas tendrán oportunidad de mostrar sus capacidades legislativas. Muchas de ellas serán postuladas por sus partidos políticos para la próxima elección sin siquiera apelar a cuota alguna. Su liderazgo político en un territorio determinados será visible y, por ende, un incentivo para que los partidos los postulen.

Para muestra, el botón del Distrito Federal. Una de cada tres diputadas electas en 2012 consiguió este año ser postuladas como candidatas a Jefas Delegacionales.

Así, el efecto de la fórmula paritaria asumida por primera vez en el 2015 no debe medirse exclusivamente en términos de cuántas mujeres accedieron inmediatamente a una diputación. Es necesario incorporar a la balanza la visibilización de liderazgos, el empoderamiento de mujeres y el fortalecimiento de capacidades políticas, entre otras. La combinatoria de todos esos elementos hará que, como ha ocurrido en otras naciones, el perfeccionamiento en las cuotas reditúe en congresos cada vez más representativos de la sociedad, sin sesgos de género. Al tiempo.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Yuri Beltrán Miranda.

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