OPINIÓN: Una gran victoria de EU y de las mujeres en el Mundial

La escuadra femenil estadounidense consolidó el legado de las mujeres en los deportes de Estados Unidos, aún sin reflectores
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Autor: Amy Bass | Otra fuente: 1

Nota del editor: Amy Bass es profesora de Historia del College of New Rochelle y ha escrito muchos textos sobre la historia cultural de los deportes, entre ellos el libro Not the Triumph but the Struggle: The 1968 Olympics and the Making of the Black Athlete. Es supervisora de la Sala de Investigación Olímpica de la cadena NBC y ha trabajado en ocho Olímpicos; ganó el Emmy en 2012. Síguela en Twiter en @bassab1.

(CNN) — ¿Lo vieron? Fue asombroso.

El triunfo de la selección nacional estadounidense sobre el equipo de Japón en la final del Mundial femenil, que se jugó en el BC Place en Vancouver, Canadá, pasará instantáneamente a la historia.

No cabe duda de que la aparentemente impenetrable defensa de Estados Unidos, a cargo de la arquera dos veces ganadora del Guante de Oro, Hope Solo, llevó al equipo hasta aquí tras jugar 513 minutos rumbo a la final. Pero una vez que llegaron, jugadoras como Carli Lloyd (ganadora del Botín de Plata y del Balón de Oro) lo hicieron divertido.

Fue demasiado rápido. El triplete de Lloyd, el más rápido de la historia de los Mundiales femeniles, ocurrió antes del minuto 16. Jugó como si estuviera en un videojuego y su tercer gol, un tiro largo desde la media cancha, tal vez sea uno de los más espectaculares del deporte.

Lloyd se volvió la segunda jugadora de la historia en anotar tres tantos en una final de un Mundial. El primero fue el inglés Geoff Hurst, quien lo hizo en 1966.

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Este fue futbol de lo más sublime; el partido terminó 5-2, marcador que igualó al marcador combinado más elevado de la historia de las finales de los mundiales.

Japón quedó atónito; el equipo solo había recibido tres goles a lo largo de todo el torneo, entre ellos un penal que la portera rozó pero no alcanzó a detener. Parecía que las estadounidenses estaban destinadas a llevarse el triunfo.

Esta final ejemplificó de muchas formas lo que la selección nacional femenil estadounidense ha llegado a significar en el escenario deportivo mundial. Cuando Christie Rampone salió a la cancha en los últimos minutos del partido, una cosa quedó clara: cuando se trata del futbol estadounidense, es hora de dejar de comparar a las mujeres con los hombres.

¿Cuáles son las razones obvias de esto?

El equipo varonil estadounidense palidece al compararlo con los logros de las mujeres, quienes indiscutiblemente han sido el mejor equipo femenil de futbol del mundo. Consolidó la reputación gracias a la trayectoria de Rampone, que con 40 años es la jugadora de más edad en la historia de los Mundiales femeniles y la única miembro de la recién coronada selección que vio la victoria en 1999.

Se ha dicho mucho sobre los índices de audiencia de este Mundial femenil y ciertamente son increíbles. Pero los índices de audiencia no lo son todo.

Mientras Estados Unidos sigue saliendo de su apatía por el futbol, tanto en los grandes partidos en escenarios internacionales como en las canchas locales, aún está rezagado respecto al resto del mundo que cada cuatro años prácticamente se detiene en seco para disfrutar de un mes de partidos.

En el caso de los hombres, claro está.

Como ocurre en casi todos los ámbitos de la sociedad, las mujeres quedan en segundo plano en el mundo del futbol. Por ejemplo, a diferencia de los hombres, juegan en pasto artificial. El atribulado jefe de la FIFA, Joseph Blatter, propuso que usar "shorts más ajustados" sería una forma de popularizar el deporte femenil. Ganan menos dinero y la cobertura de los medios es mucho menor a la de los hombres.

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Cuando se trata de colgarles una medalla al cuello en BC Place, un grupo de rubias despampanantes vestidas con vestidos negros ajustados y tacones altos hacen los honores; ciertamente están agradecidas de que el pasto artificial impida que sus tacones se entierren mientras dejan en claro que se puede cosificar a las mujeres en casi todas partes, incluso en una cancha de futbol.

Cuando Estados Unidos derrotó a Noruega en la final del primer Mundial femenil que se jugó en China, en 1991, se marcó un parteaguas en los deportes femeniles de equipo.

Ese año calificaron doce equipos y Suecia y Alemania llegaron a las semifinales. Ahora, 24 equipos jugaron en Canadá; ocho de ellos lo hicieron por primera vez y se jugaron 52 partidos a lo largo de un mes.

Además de ser el evento deportivo femenil más importante que el mundo haya visto, los juegos en sí mostraron lo rápido que ha evolucionado el deporte femenil, cosa que suele ocurrir con muy poco apoyo. Ya no hay un puñado de contrincantes. Inglaterra sorprendió al terminar en tercer lugar. Camerún llegó a las finales. Tailandia logró una victoria. Australia envió a Brasil de vuelta a casa.

Pero como lo demuestra la carrera de Rampone, la marcha de Estados Unidos hacia el tercer título histórico es muy importante para los deportes en Estados Unidos, la consolidación de un legado que inició con el Título IX [una enmienda a una ley que garantiza la igualdad de género en la educación] a principios de la década de 1970. En los Olímpicos de Atlanta 1996, los efectos de esta ley empezaron a materializarse y las mujeres estadounidenses se llevaron el oro en basquetbol, softball y, desde luego, futbol.

De algunas formas, el poco entusiasmo que despierta el futbol en Estados Unidos implica que la selección femenil ha podido crecer sin que el dominio de una selección varonil le haga sombra. No han perdido el oro olímpico desde que se llevaron la plata en Sydney 2000. No han terminado abajo del tercer lugar en los Mundiales femeniles.

Ahora, con esta tercera corona mundialista, son únicas.

Tras ver esta final, las dudas sobre la apatía de Estados Unidos por el futbol deberían volverse irrelevantes porque si este partido, si esta final no provocó que la gente mirara, probablemente nada lo haga (además, para los aficionados del futbol americano que se quieren quejar de los pocos tantos que se anotan en los partidos, en su mundo este marcador habría equivalido a 35-14, ¿Ok?).

Cuando Abby Wambach (quien cuenta con la mayor cantidad de goles en partidos internacionales varoniles o femeniles) y Rampone alzaron ese trofeo sobre sus cabezas, los cimientos de los deportes femeniles en Estados Unidos se fortalecieron aún más.

Como un usuario llamado Scott Smith tuiteó en pleno partido: "Signo de progreso social: mi esposa y mis dos hijas están en la sala viendo el partido y yo estoy en la cocina, descalzo, preparando una tarta".

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Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Amy Bass.

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