OPINIÓN: El crimen de un indocumentado no hace a todos iguales

La muerte de una joven a manos de un inmigrante en San Francisco demuestra el enfoque fallido de los esfuerzos contra la inmigración ilegal
Inmigrantes detenido en Arizona esperan para ser deportados  Sin Pie de Foto
Autor: Raul A. Reyes | Otra fuente: 1

Nota del editor: Raul A. Reyes es abogado y miembro de la junta de colaboradores del diario USA Today. Síguelo en Twitter en @RaulAReyes.

(CNN) — Mientras Estados Unidos se preparaba para su fiesta nacional del 4 de julio, llegaron tristes noticias de San Francisco. El miércoles por la noche, Kate Steinle, de 31 años, murió de un disparo mientras caminaba con su padre por un bullicioso muelle. El incidente fue aislado, aparentemente. Arrestaron por su muerte a un inmigrante mexicano que, según reportes de CNN, estaba en Estados Unidos sin documentos.

Juan Francisco López Sánchez dijo que había vuelto a entrar a Estados Unidos luego de que lo deportaran y tiene antecedentes penales federales. También lo acusaron de un delito horrible y violento. Además, según las autoridades de inmigración, lo han consignado siete veces más, cuatro por narcotráfico.

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Pero no por ello esto representa a los alrededor de 11 millones de inmigrantes indocumentados que están en Estados Unidos. Tampoco es la imagen de la inmigración indocumentada descontrolada en la frontera sur de Estados Unidos (la inmigración desde México está en el punto más bajo en 40 años). No representa a la mayoría de los inmigrantes en este país (sean legales o no) que son miembros productivos de la sociedad.

López Sánchez es simplemente un individuo peligroso que no debería andar libre entre nosotros.

Es falso que el aumento en la inmigración indocumentada provoque más delitos. Las investigaciones del Immigration Policy Center muestran que la tasa de delincuencia cayó en Estados Unidos mientras que la población inmigrante, que incluye a los indocumentados, creció entre 1990 y 2010.

El diario estadounidense The Washington Post analizó los comentarios que Donald Trump hizo recientemente respecto a que los inmigrantes mexicanos era narcotraficantes y "violadores" y descubrió que está equivocado sobre los inmigrantes y la delincuencia. Recuerden que estar en el país sin autorización no es un delito, es una falta civil.

La mayoría de los inmigrantes indocumentados van a Estados Unidos a trabajar para proveer una vida mejor para sí y su familia.

Tengan en cuenta que varias de las matanzas masivas, como las de Aurora, Newtown y Charleston, las cometieron jóvenes blancos. ¿Eso significa que todos los jóvenes blancos son asesinos masivos en potencia? Claro que no.

Los mismos medios de comunicación que anuncian que el asesinato del miércoles es la prueba de que los inmigrantes indocumentados son criminales a menudo pasan por alto o ignoran otras historias de inmigrantes indocumentados que son héroes auténticos. En 2013, un inmigrante indocumentado rescató a una mujer y a su hijo en Staten Island durante la supertormenta Sandy.

En 2011, un inmigrante indocumentado salvó a una niña de seis años de un intento de secuestro en Nuevo México. Uno de los primeros estadounidenses que murieron en Iraq era un inmigrante guatemalteco que llegó ilegalmente a Estados Unidos.

Una de las lecciones que nos deja este episodio es que deportar a la mayor cantidad posible de inmigrantes indocumentados no es la solución a nuestros problemas de inmigración. Habían deportado a López Sánchez cinco veces y seguía en el país sin permiso.

En 2011, el subdirector de la Policía de Inmigración y Aduana dijo a una subcomisión de inmigración del Congreso que deportar a una persona costaba 12,500 dólares (unos 188,000 pesos). Si multiplicas esta cifra por cinco, tendrás la cantidad de dinero de los contribuyentes que se ha gastado en un delincuente que seguía prófugo y que cobró la vida de una joven inocente.

Otra de las lecciones es que Estados Unidos no necesita más leyes sobre inmigración; nuestro país necesita leyes sobre inmigración más inteligentes y eficaces. Hasta ahora, las autoridades de inmigración han perdido tiempo, recursos humanos y dinero en perseguir gente productiva para sus comunidades, tales como los jardineros y las sirvientas, mientras que los delincuentes como López Sánchez se escabulleron por las grietas.

Por eso es buena noticia que el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos anunciara la semana pasada que reevaluará su prioridades de deportación para concentrarse en los recién llegados y en los delincuentes.

Esta medida es un paso en la dirección correcta porque es hora de empezar a perseguir a los inmigrantes que realmente amenazan la seguridad pública. El gobierno centrará sus esfuerzos en tres categorías de personas: criminales convictos, personas que cruzaron la frontera recientemente y amenazas de terrorismo.

Es cierto que López Sánchez no debía haber estado en el país o que cuando menos debía haber estado tras las rejas. Pero la Policía de Inmigración y Aduanas erró al no pedir una orden de aprehensión y lo liberaron en marzo en conformidad con una ley municipal.

Es más, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, propuso un decreto inmigratorio que actualmente es el eje de una batalla legal pero que podría haber hecho la diferencia porque habría liberado los recursos necesarios para perseguir a personas como López Sánchez.

Este decreto habría perdonado la deportación a los padres de los Dreamers, mientras que habría permitido que el Departamento de Seguridad Nacional persiguiera a los criminales. Pero a pesar de que nuestro país gasta más dinero en aplicar leyes de inmigración que todas las demás agencias policiales en conjunto, nuestro sistema le falló a Kate Steinle.

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Aunque la muerte de Steinle fue una tragedia, fue el presunto acto de un hombre. Los inmigrantes indocumentados en general no merecen que los vilipendien por una falsa relación.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Raul A. Reyes.

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