OPINIÓN: La falsa indignación por Donald Trump

Los republicanos deber sortear el desafío que representa el empresario y sus polémicos comentarios sobre los inmigrantes
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Autor: Ana Navarro | Otra fuente: 1

Nota del editor: Ana Navarro es estratega y comentarista republicana; fue presidenta de la campaña hispana de John McCain en 2008, copresidenta de la campaña nacional hispana de Jon Huntsman en 2012 y apoya la candidatura de Jeb Bush para 2016. Síguela en Twitter en @ananavarro.

(CNN) — Tal vez sea la única en Estados Unidos, pero estoy harta de la cobertura mediática constante y de la hipocresía relacionada con Donald Trump. Déjenme empezar por decir que me parece que sus comentarios recientes sobre los mexicanos son odiosos, racistas, insultantes e ignorantes. Alabo a los individuos, a las organizaciones y a las empresas que lo han denunciado y han cortado lazos con él. Pero tengo una pregunta: ¿por qué tardaron tanto?

Por favor dejemos de fingir que Trump empezó a ser escandaloso y ofensivo de repente, el 16 de junio de 2015, cuando anunció su candidatura a la presidencia. Ha sido líder del movimiento relacionado a los datos de nacimiento del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y ha atacado a los inmigrantes desde hace años. Todo lo que tienes que hacer es darte una vuelta por su perfil de Twitter. Ha recurrido a todas las plataformas disponibles para atacar personalmente a casi todo el mundo.

Que Donald Trump te insulte es un rito iniciático. He escuchado sus peroratas muchas veces a lo largo de muchos años, ha criticado a agrupaciones políticas como la CPAC (la Conferencia de Acción Política Conservadora) y la Primera Cumbre Nacional de Dirigentes Republicanos. La mayor parte de las veces se ha transmitido en vivo y los medios han hablado abundantemente de ello. Otras personas podían quedarse sin empleo, perder respaldos, sufrir el rechazo de la sociedad por haber dicho algo ofensivo o por haber publicado un tuit lleno de odio. Pero hasta ahora, nada le había pasado a Trump.

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Muchos se han reído de su comportamiento o lo han ignorado porque, ya saben, porque tiene dinero y es divertido, es una celebridad y es parte de su acto. Las empresas han vendido sus productos (Macy's, te estoy hablando).

Televisoras como Univisión y la NBC han transmitido sus programas y sus concursos. Los funcionarios electos le han dado las llaves de sus ciudades. Los políticos han aceptado sus donativos. Todo esto ha contribuido a darle popularidad, ego y recursos.

Ahora, de repente, la gente y las empresas estadounidenses están atónitos y asqueados por lo que él representa. ¿En serio? Donald Trump no ha cambiado. Lo que cambió fue que ha habido una cobertura mediática masiva y un fuerte llamado a la acción de parte de una comunidad hispana unida. Los líderes hispanos están pidiendo a otros candidatos republicanos a que condenen los comentarios de Trump.

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Algunas personas no creen que los republicanos hayan denunciado con la intensidad suficiente a Trump. Con ciertas excepciones, eso tiene algo de cierto.

También es cierto que de todos los principales candidatos a la presidencia de ambos partidos, el candidato que al parecer tiene la relación más cercana y amistosa con él es nada menos que Hillary Clinton. Ella recibió varias contribuciones políticas de parte de Trump. Donald Trump dio un donativo de cinco cifras a la Fundación Clinton.

Ninguno de los republicanos que se están postulando asistió a la boda de Trump. Sin embargo, Hillary Clinton estaba sentada en el banco delantero de la iglesia durante la ceremonia y Bill Clinton la alcanzó en la recepción para celebrar las terceras nupcias de Trump.

Este fin de semana, en New Hampshire, le pidieron a Clinton que hiciera comentarios sobre Trump. Ella declinó hacerlo y optó por comer un poco de tarta.

Lo último que se supo es que Jeb Bush, Marco Rubio, Rick Perry, Lindsey Graham y Chris Christie se han distanciado de los comentarios de Trump. Dijeron que está equivocado, que no representa los valores republicanos y que sus comentarios provocan divisiones. Marco Rubio es hijo de inmigrantes. Jeb Bush se enamoró de una mexicana cuando tenía 17 años y ha estado casado con ella desde hace más de 41 años. Dijo que los comentarios de Trump le parecían personalmente ofensivos.

Es indignante que ellos tengan que responder a los comentarios racistas y antiinmigrantes de Trump. Pero ¡ay!, deben hacerlo.

Los candidatos republicanos no han pedido a Trump que ofrezca disculpas. El problema es que enfrentar a Trump solo le daría más relevancia. Se alimenta de la publicidad. Los candidatos creíbles y sensatos no quieren dedicar tiempo a hablar de Donald Trump. ¡Están buscando la presidencia! Deberían estar hablando de asuntos políticos de relevancia nacional.

Sin embargo, esta bola de nieve se ha estado formando desde hace tres semanas y no va a desaparecer; Donald Trump tampoco va a desaparecer, o al menos no es probable que lo haga antes de que venza el plazo para presentar su declaración patrimonial completa. Desafortunadamente, eso no ocurrirá sino hasta después de los primeros debates presidenciales.

Para complicar más las cosas para el Partido Republicano, Donald Trump ha tenido un desempeño inexplicablemente aceptable en varias encuestas estatales y nacionales. En algunas va en segundo lugar, detrás de Jeb Bush (yo estoy a favor de Jeb Bush, así que lo agradezco. Pensaría en salir de mi casa con la cabeza metida en una bolsa de papel si estuviera apoyando a un candidato que estuviera por debajo de Trump).

Pero tomando las encuestas en contexto, estar en segundo lugar es lo que habría que esperar en un grupo de 16 aspirantes republicanos, lo que significa que tienes el 12% del apoyo. No lleva una ventaja exorbitante. Es irónico que las encuestas también muestren que de todos los aspirantes, es el que más les desagrada a los electores republicanos. Un 52% de los republicanos tiene una opinión poco favorable de él y el 59% dice que nunca votaría por él. Pueden contarme en ese porcentaje.

Me estremezco tan solo de escribirlo, pero es muy probable que Trump participe en al menos algunos de los debates republicanos. Inicialmente habría recomendado a los otros candidatos que no muerdan el anzuelo y que ignoren a este tipo. Pero como sus comentarios indignantes se han vuelto tan públicos y como está postulándose como republicano, es importante que los otros candidatos que participen en el debate muestren liderazgo y rechacen inequívocamente los comentarios ofensivos de Trump.

Donald Trump está dañando más la imagen de los republicanos, no solo entre los hispanos, sino entre todos los estadounidenses que buscan civismo y soluciones. Tener que lidiar con Trump en un debate indudablemente será una distracción molesta para la mayoría de los candidatos, pero también puede ser la oportunidad de mostrar liderazgo al oponerse firmemente al discurso divisivo, ofensivo y polarizador de Trump.

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Espero que la mayoría de los candidatos de ese escenario aprovechen la oportunidad. Pero, por si acaso, tendré a la mano una bolsa de papel.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ana Navarro.

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