Presupuesto Base Cero, el gran reto para México

Ante un difícil escenario económico, el Gobierno optó por un presupuesto `cero´, dice Félix Boni; este modelo exige el repleantamiento de existencia departamentos y programas de gobierno, explica.
pemex empleado resulta  (Foto: Reuters)
Félix Boni*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Ante la caída de los precios del petróleo, el gobierno de Peña Nieto anunció en marzo de 2015 una serie de medidas para reducir los gastos para este año y el siguiente.

La situación fiscal para el 2016 se está volviendo crítica, ya que el gobierno difícilmente recibirá compensaciones similares por los bajos precios petroleros a través de coberturas, como ha sido el caso de este año.

Además, cualquier rebote significativo de los precios petroleros en la segunda mitad del año, de los US$40 que se vieron a principios de 2015, se vuelve cada vez más improbable. Las razones de este diagnóstico es el continuo debilitamiento económico de China y las expectativas que se tienen de que Irán aumente sus exportaciones petroleras por el acuerdo nuclear celebrado recientemente.

No solo eso, Pemex, además de haber sido afectado por los bajos precios petroleros, ha sido golpeado por los decrementos continuos en la producción de crudo. Durante los primeros seis meses del año, la producción bajó 8.76% a comparación del mismo periodo en 2014.

Esto ha reducido la posibilidad de que Pemex sea capaz de reducir su necesidad de importar productos petroleros refinados sacrificando producción que antes hubiera sido exportada. En el mismo periodo de enero-junio, el volumen de las importaciones de productos petroleros refinados aumentó 15.55%.

La depreciación anual del peso en julio, que fue mayor a 20%, en teoría podría compensar parte de este efecto negativo con el incremento del valor de las exportaciones en pesos. Sin embargo, el valor de las exportaciones netas de Pemex ha bajado aproximadamente 78.19% hasta junio dejando muchos menos dólares netos para convertir en pesos.

A todo esto, la única compensación parece ser que se perciben mayores ingresos por un impuesto especial en gasolina y diésel. No obstante, probablemente esto solo tiene el efecto de lastimar la demanda doméstica y también los ingresos de otras fuentes.

Frente a este difícil escenario, el gobierno además anunció que el proceso de gasto de 2016 será cambiado dramáticamente, pasando de un proceso “inercial” a un presupuesto cero.

Típicamente, los gobiernos (y otras entidades también) basan sus planes presupuestales en los gastos del año anterior. Es decir, el gasto del año anterior se ajusta hacia arriba o hacia abajo por un monto o montos en específico con algunas áreas que se desempeñan mejor o peor que otras para el año que se va a hacer el presupuesto.

En cambio para el presupuesto base cero, la idea es que todas las áreas parten de una base limpia o cero, y de ahí van justificando sus requisitos de gasto en base a sus metas y otros recursos necesarios para alcanzar dichas metas (o por lo menos un porcentaje de ellas, asumiendo que estas no pueden ser precisamente calculadas).

Por sentido común, este sistema parece ser mucho mejor que el presupuesto “inercial”. Sin embargo, el mundo real, especialmente el mundo político, no es precisamente guiado por su racionalidad.

Después de años, incluso décadas, de gasto “inercial” es ciertamente más probable que varias áreas gasten hoy basándose en necesidades y programas de antaño. Los objetivos de sus necesidades o programas, y el dinero que necesitan para alcanzarlos, seguramente han cambiado sustancialmente a través del tiempo.

No obstante, dada la naturaleza inherente de las burocracias abundantes en todo el mundo, es probable que las metas y financiamientos ya fijados han pasado por una metamorfosis que pueda justificar presupuestos cada vez mayores. Por supuesto, esto es la antítesis del programa base cero.  

Aunque es loable, especialmente como un objetivo a largo plazo, el presupuesto base cero enfrentará varios retos, y más si la idea es pasar a un sistema así en tan solo un año.

El primer reto recae en la necesidad de reformular los objetivos de cada área de gobierno, y no solo en términos del presupuesto del año pasado, sino también en términos de la naturaleza de lo que cada área quiera alcanzar. Al haber establecido estas metas, se tendrá que pensar objetivamente en cuánto les va a costar cumplir dichos objetivos.

Todo esto requiere replantearse fundamentalmente la razón de existir de cada departamento, además de todos los programas individuales que ha recreado a lo largo de los años.

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Es sumamente probable que este proceso incinere discusiones y debates intensos dentro de las áreas, y entre ellas y sus “clientes”, es decir los individuos que resultan beneficiados por los programas sean funcionarios públicos o no. He aquí donde la racionalidad y el fuerte egocentrismo político chocarán, por lo cual no se piensa que este proceso terminará en un solo año.

*Director General de Análisis de HR Ratings

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