OPINIÓN: Bachelet visita México en un momento 'áspero' para Chile

La mandataria celebrará el 25 aniversario del restablecimiento de relaciones entre México y Chile en un momento difícil para su gobierno
La presidenta Bachelet presenta a nuevo gabinete
Autor: Rina Mussali | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional y de la serie 2015: Elecciones en el Mundo, en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de Twitter: @RinaMussali

(CNNMéxico) — Michelle Bachelet, la presidenta chilena, será recibida en visita de Estado en nuestro país. Lazos históricos y culturales entretejen la relación bilateral que ahora busca reajustarse a los acomodos del siglo XXI.

El viaje se inscribe en el 25 aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y Chile, después del rompimiento producto del golpe militar que destituyó a Salvador Allende en 1973. El gobierno de Luis Echeverría fue quien le abrió las puertas a los perseguidos políticos chilenos que huían de los horrores de la dictadura de Augusto Pinochet, el México generoso y solidario que marcó uno de los pasajes más notorios de la relación bilateral.

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El camino andado entre México y Chile teje una relación robusta que se palpa en una agenda multitemática y multifacética. El diálogo político, los lazos económicos y la cooperación científico-técnica y educativa-cultural cubren los puntos más finos de una agenda ambiciosa de colaboración.

Este año se cumplen los 16 años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio y los nueve años del Acuerdo de Asociación Estratégica (AAE), un armazón que ha podido triplicar los intercambios comerciales y establecer un Fondo Conjunto de Cooperación que incluyen un portafolio de 84 proyectos específicos y de los más variados temas, según cuenta Vanesa Rubio, la subsecretaria de América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

Bachelet: su segunda oportunidad

El legado de Michelle Bachelet quedó incompleto. Bajo un segundo mandato, la presidenta promete modernizar a Chile de fondo proponiendo un paquete de reformas que incluye una nueva ley fiscal que aumente la carga tributaria para las grandes empresas y una reforma educativa que termine con el lucro y el endeudamiento impagable de los estudiantes. Este último punto es un firme recordatorio tras las protestas sociales y juveniles que empañaron el gobierno de Sebastián Piñera y que fueron las más enérgicas desde el fin de la dictadura.

Los remanentes de la dictadura todavía se incrustan en la vida política, económica y social. La constitución de 1980 sigue siendo el marcapasos del país y hasta ahora no se ha podido extraer su esencia autoritaria y excluyente, aún cuando se ha dado un paso fundamental: el desmantelamiento del sistema electoral binomial que durante muchos años favoreció a los partidos de derecha. Ahora el nuevo andamiaje electoral ofrece mayor representatividad, más participación femenina y una puerta de entrada a las candidaturas independientes. 

La primera mujer presidenta en Chile visita México en uno de los momentos más delicados de su gobierno y cuando su desaprobación ha alcanzado los 68 puntos porcentuales, igualando el rechazo que Sebastián Piñera obtuvo en agosto del 2011, el punto más álgido de las manifestaciones estudiantiles, según cifras arrojadas por la encuestadora Adimark.

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La convulsión política y empresarial en Chile está marcada por los escándalos de corrupción que han generado una desafección ciudadana y una falta de confianza en las instituciones. La trama se ha centrado en el financiamiento irregular de campañas políticas, a propósito de favorecer a los candidatos de la derecha conservadora y ligados al entramado pinochetista. No olvidemos el caso Soquimich, cuyo dueño es Julio Ponce, exyerno de Augusto Pinochet y patrón de la mayor productora de litio a nivel mundial, mismo que apuntaló dinero para financiar a candidatos demócrata-cristianos.

Y es que la mezcla de irregularidades y tráfico de influencias ha ido mucho más lejos tocando al mismo hijo de Michelle Bachelet: Sebastián Dávalos y a su hijo político Rodrigo Peñailillo, éste último obligado a renunciar a su cartera como Ministro del Interior. Todas estas turbulencias forzaron a la presidenta a tomar una decisión mayúscula y contundente: destituir a casi todo su gabinete en aras de recuperar la confianza perdida y anunciar nuevas medidas anticorrupción.

En medio del repudio ciudadano ha surgido otra paradoja: la designación del nuevo gabinete que ha inclinado el péndulo político más hacia personajes identificados con la derecha chilena que del espectro izquierdista y progresista, un hecho que ha levantado ámpulas en el país sudamericano y que promete descarrilar el paquete de reformas prometidas por Bachelet.

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La visita de Estado de Michelle Bachelet a México será una ocasión importante para refrendar lazos de amistad y cooperación entre ambos países, pero inclusive deberá ser algo más: convertirse en un espacio para el aprendizaje mutuo. Chile se muestra más decidido que otros países de América Latina para castigar la bacteria de la corrupción política y empresarial y regular la necesaria relación entre política, familia y negocios.

Las opiniones de este texto pertenecen exclusivamente a Rina Mussali.

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