OPINIÓN: Unidad, la apuesta de los partidos políticos con miras al 2018

El PRI y el PAN cerraron filas en torno a su líder de partido, con el fin de evitar divisiones y una posible derrota en los comicios de 2018
manlio anaya
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Autor: Pablo Majluf | Otra fuente: 1

Nota del editor: Pablo Majluf es periodista y maestro en Comunicación por la Universidad de Sydney, Australia. Escribe sobre comunicación y cultura política. Es coordinador de información digital del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). Las opiniones de Majluf son a título personal y no representan el criterio o los valores del CEEY. Síguelo en su cuenta de twitter @pablo_majluf

(CNNMéxico)– El PRI y el PAN ya tienen presidentes nacionales y, a reserva de lo que suceda en sus respectivos mandatos, parece que fueron nombramientos escrupulosos y concienzudos, con miras a 2018.

La breve historia de nuestra democracia demuestra –y al parecer ambos partidos lo han entendido- que la unidad partidista no garantiza victorias; pero la división, sí derrotas. Le sucedió al PRI en el año 2000 cuando perdió por primera vez en 71 años; otra vez de manera notoria en 2006, cuando quedó en una dolorosa y lejana tercera posición. Después de 12 años en el poder también le sucedió al PAN, inquilino de la ingrata tercera silla en 2012. En los tres casos, la división partidista fue letal.

Los analistas más serios han calificado de impecable la elección de Manlio Fabio Beltrones al frente del PRI, artífice legislativo de las reformas estructurales y uno de los políticos más importantes de ese partido desde la transición, si no es que el más. Se considera de hecho principal unificador tras la debacle priista de 2006.

No sin críticas –sobre todo que fue una elección subrepticia y discrecional a la vieja usanza–, los que saben concuerdan que el presidente sacrificó a su círculo cercano en pro de la unidad partidista, prueba de que es un político estudioso. Si Beltrones repite su estilo legislativo y nadie se rebela, el PRI llegará unido y fuerte a 2018. Él mismo es, por supuesto, un posible candidato.  

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En el PAN las cosas no son tan claras, aunque la elección del joven Ricardo Anaya con 80% de los votos indica ya cierta unidad, o por lo menos algunas miras comunes. El partido, es cierto, lleva dividido desde 2011, cuando el expresidente Calderón no pudo imponer a su candidato Ernesto Cordero. Por eso el PAN perdió en 2012 y llegó en pugna a las elecciones intermedias de 2015, donde se volvió a demostrar el aforismo de la división, previsión certera de la derrota.

Sin embargo, una victoria tan abrumadora como la de Anaya no se hubiera dado sin cierta avenencia de las principales fuerzas. Aunque el grupo calderonista ya destapó a Margarita Zavala como su candidata, y Anaya es del grupo adversario, la aplastante victoria de éste podría ser señal de nuevos acuerdos. En todo caso, es claro que la mayoría ya tiene líder.

Por el momento el rumbo es claro para estos dos grandes partidos.

El que se encuentra en serios aprietos sin alguien de la estatura de Anaya o Beltrones en sus filas es el PRD. Desde luego los hay –se ha mencionado a Fernando Belaunzarán y a Armando Ríos Píter– pero los sabios del Sanedrín perredista, a su vez divididos, aún no les dan su venia

La mejor señal de penuria es la extraña propuesta de traer alguien externo a dirigir el partido, como si se tratara de una empresa trasnacional. Según algunos testimonios, uno de los posibles era el eminente José Woldenberg, quien les negó la solicitud y les instó a buscar adentro.

El panorama es tanto más sombrío en cuanto a que la división no sólo es del partido, sino de la izquierda entera, misma que apenas suma el 26% de votos; cantidad que, como sabemos, es insuficiente para una elección presidencial (Peña Nieto ganó con 38%).

El año que viene se renovarán 12 gubernaturas en entidades emblemáticas para los tres partidos: Aguascalientes, Puebla, Oaxaca, Tlaxcala, Veracruz, Sinaloa, Hidalgo, Quintana Roo, Chihuahua, Tamaulipas, Zacatecas y Durango; de tal suerte que ya corre la primera prueba de fuego para los nuevos dirigentes. Lo anterior no solo por la presión de obtener resultados, sino de conservar la delicada unidad en el caso del PRI, consolidarla en el caso del PAN, y alcanzarla en el caso del PRD.

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Después vendrán las precandidaturas hacia 2018, donde el incontenible deseo de poder volverá altamente volátil el ambiente y serán la prueba de fuego número dos.

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El camino por delante será sombrío para todos, pero si el pasado es prólogo, podemos vislumbrar que el próximo presidente saldrá de un partido unido… por ahora sólo el PRI y, parcialmente, el PAN.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Pablo Majluf.

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