OPINIÓN: Qué quieren los 'millennials' de los candidatos a la Casa Blanca

CNN pidió a varios jóvenes que hablaran de sus principales inquietudes de cara a los comicios de 2016 en Estados Unidos
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(Reuters) -

CNN pidió a los millennials de diferentes estratos que opinaran si los candidatos a la presidencia de Estados Unidos en 2016 reflejan las prioridades de su generación y qué tan bien lo hacen. Los millennials son el grupo demográfico más numeroso y diverso de la historia estadounidense. Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a los autores.

Elizabeth Elizalde, de 22 años, es periodista en Nueva York y fue pasante en CNN en Español. Síguela en Twitter como @EElizalde5.

Soy una latina de 22 años que vive en la ciudad de Nueva York. Acabo de graduarme de la universidad, así que sé lo que es sufrir para que te salgan las cuentas. Mis gastos estudiantiles me mantuvieron en vela, particularmente esa ocasión en la que pagué 120 dólares (unos 2,000 pesos) por un libro, 116 dólares (unos 1,800 pesos) por mi tarjeta de transporte y 840 dólares (unos 13,500 pesos) por una clase adicional. Tuve varios empleos, pero para el final del semestre, seguía sin dinero. Valió la pena por sacar mi título, pero ¿habría tenido una experiencia educativa mejor si no me hubiera preocupado tanto por el dinero?

Quisiera que cambiaran los costos de la universidad, pero he escuchado poco al respecto hasta ahora. El candidato demócrata Bernie Sanders propone una universidad comunitaria gratuita y el aumento del salario mínimo a 15 dólares (unos 240 pesos). Sin embargo, no estoy segura de que su plan sirva para crear empleos con salarios mejores para los jóvenes. Los empleos son una de las grandes inquietudes.

La reforma inmigratoria es otro tema que se siente cercano. Mi madre es ecuatoriana, mi padre es mexicano y ambos son ciudadanos estadounidenses; sé lo mucho que mis padres se esforzaron para darme una vida mejor. Algunos candidatos como Donald Trump quieren deportar a 11 millones de inmigrantes indocumentados, pero no toman en cuenta el daño que causarán a nuestra economía ni a los bolsillos de los contribuyentes.

Hasta ahora, el senador Marco Rubio de Florida, el candidato más joven, hijo de inmigrantes cubanos, parece identificarse con los millenials como yo porque sabe lo que significa vivir al día. Respecto a este tema, lo entiende.

Conforme se calienta la carrera presidencial, los candidatos siguen concentrados en pelear entre sí por nimiedades. Quisiera que hubiera menos pleitos y que hablaran más de sus políticas. Mi generación y el futuro de nuestros hijos dependen de sus decisiones.

Michael Tubbs, de 25 años, es concejal demócrata del ayuntamiento de Stockton, California. Síguelo en Twitter en @michaeldtubbs.

En 2012 tenía 22 años y decidí regresar a Stockton, un municipio que durante varios años consecutivos registró una cifra récord de homicidios, una tasa de desempleo del 20%, albergaba unos 30,000 niños en extrema pobreza y acababa de declararse en bancarrota. Necesitamos que los candidatos a la presidencia hablen de las estrategias para ayudar a los municipios como el mío que luchan para reinventarse y para iniciar una nueva era de innovación cívica.

Los candidatos a la presidencia han hablado de la violencia urbana, pero no han hablado lo suficiente de la violencia estructural, a la que el sociólogo Jonathan Galtung define como "el impedimento evitable de las necesidades humanas básicas". En este país, todos los días hay niños que se van a dormir con hambre y escuchando disparos, van a escuelas que no les dan una educación de calidad y viven en zonas que a menudo determinan su destino. De esto es de lo que quiero que los candidatos hablen. ¿Qué harán al respecto?

Estos no son problemas aislados, sino que rutinariamente se cruzan y producen profundas desigualdades, tales como la brecha en el aprovechamiento educativo. Soy hijo de una madre adolescente y mi padre está en prisión, soy amigo de muchos que han terminado inevitablemente en prisión y conozco muy bien la urgente necesidad de soluciones.

Si la inestabilidad reciente en las ciudades de todo el país nos ha enseñado algo es que necesitamos enfrentar la pobreza y otros "impedimentos evitables de las necesidades humanas" de forma integral. Nuestro siguiente presidente debe tener un plan; solo así expandiremos las oportunidades y protegeremos la "libertad y la justicia para todos".

Elizabeth Belsky, de 23 años, es escritora, es originaria de California y tiene un título en Estudios Mediáticos. Actualmente vende invitaciones para bodas en Brooklyn, Nueva York, y tuitea como @lizbelsky.

Antes que nada soy una electora con consciencia de clase. Casi no hay un ámbito de la política interna en el que mis posturas no se basen en la forma en la que las políticas del candidato afectarán a la gente pobre y proletaria. Cuando creces en un parque para remolques como yo, ves las realidades de la pobreza, de la asistencia social y de los programas de beneficios de forma que no bastan las discusiones áridas y distantes sobre los salarios mínimos y los empleos en cadenas de comida rápida. La empatía con la clase proletaria y las experiencias de una vida no privilegiada son para mí lo que realmente define a un candidato.

Fui a universidades bastante buenas, tanto públicas como privadas. La razón por la que finalmente decidí asistir a la Universidad de Brooklyn no es que fuera una de mis primeras opciones, sino que simplemente no pude costear la inscripción en ninguna de las otras universidades a las que asistí, ni siquiera con becas, préstamos y asistencia financiera. La Universidad de Nueva York jura que más del 70% de sus estudiantes se graduaron sin deudas. No fue mi caso: me gradué con una deuda estudiantil considerable porque durante la mayor parte del tiempo que estudié en la CUNY tuve estatus de estudiante externo al estado, así que no era candidata a recibir ayuda estatal y tuve que pedir préstamos para cubrir lo que no podía pagar por mi cuenta, es decir todo.

El costo de la educación universitaria en este país es, para ponerlo de un modo amable, una locura.

Además, encontrar un empleo en el campo para el que estudiaste es un gran desafío: actualmente hago algo totalmente ajeno a lo que estudié y me cuesta encontrar siquiera entrevistas para empleos en mi campo.

¿De qué otra cosa me gustaría que los candidatos hablaran? Del derecho a un control de la natalidad asequible y de la planeación familiar. Mis principios no me permiten apoyar a un candidato cuya política de justicia reproductiva no aborde las necesidades de las mujeres pobres y proletarias.

Claro que hay más: la lucha por un salario mínimo digno es otro asunto decisivo para mí, pero lo que más me importa es la clase proletaria. ¿A alguno de los candidatos realmente le importan los electores que no son posibles donadores millonarios para la campaña?

Wyly Gray, de 33 años, es escritor, defensor de los veteranos y fundador de Soldier On Corps, una organización de servicios para los veteranos que se dedica a preservar y a difundir las historias de los veteranos. Vive en Bristow, Virginia.

Un mes después de graduarme de la universidad, me enlisté como soldado raso en los Infantes de Marina. Era junio de 2000.

Pasé ocho años y medio en servicio activo y salí a misiones en dos ocasiones. Mi despliegue final me llevó al valle de Helmand, en Afganistán, para servir en una batería de artillería.

Al igual que muchos millenials, me fui de casa en una época en la que Estados Unidos tenía un mercado bursátil al alza y un superávit presupuestal; la economía florecía. Al igual que muchos veteranos, regresé en medio de una recesión aplastante. La transición fue desafiante. Los veteranos representan menos del 1% de la población. Si consideramos la creciente agresión en Siria, la inestabilidad civil en todo el mundo y las amenazas internas de los tiroteos masivos en suelo estadounidense, los veteranos no podrían ser de más valor para la seguridad nacional.

Nos han entrenado para reaccionar con calma bajo presión y, si nos dan la oportunidad, para dar muestras de heroísmo y valentía. Los veteranos que regresan se enfrentan a una abrumadora epidemia de suicidios: la tasa es de alrededor del 50% más alta que entre el resto de la población.

A pesar de todo, estamos decididos a ganar lo que hemos llegado a llamar "la guerra en casa". Para lograrlo, necesitaremos un comandante en jefe que se dedique a reformar los asuntos de los veteranos de forma que empodere también a las organizaciones de servicios a los veteranos que muestren antecedentes de ayudar a lograr transiciones exitosas con el fin de seguir logrando avances. Los veteranos necesitan oportunidades, no caridad.

Por suerte, la población actual de veteranos es adaptable. A pesar de los traumas, estamos decididos a que los líderes ciudadanos comprometidos que sirven activamente a nuestras comunidades definan nuestro legado. Muchos regresamos a casa, usamos los beneficios que nos dio nuestra educación, iniciamos familias y queremos hacer la diferencia.

Al igual que muchos de mis colegas veteranos, soy elector registrado. Sabemos que los medios de comunicación están atentos y, aunque los veteranos suelen votar por los conservadores, la comunidad de veteranos necesitará más que palabras si uno de los candidatos quiere ganarse nuestro voto masivo. Necesitamos saber que están comprometidos a que regresemos a casa. Para el grupo actual de candidatos a la presidencia, ganarse el voto de los veteranos en 2016 es todo menos seguro.

Nomiki Konst, de 31 años, es fundadora y directora ejecutiva del Accountability Project, una organización de periodismo de investigación. Síguela en Twitter como @NomikiKonst.

Cuando era niña, mis padres (al igual que la mayoría de los padres) me prometieron que si me esforzaba y estudiaba, me iría mejor que a su generación. Pero henos aquí, dos guerras después, siete años después de la Gran Recesión, en una época de gran influencia del dinero en la política… y la generación más grande, diversa y preparada de la historia está fracasando.

Escuchen, candidatos a la presidencia: nos estamos ahogando. Estamos sumidos hasta las orejas en deudas estudiantiles, apenas logramos sobrevivir con nuestros salarios base (si es que tenemos empleo) y no somos capaces de pagar las rentas astronómicas (en las ciudades a las que nos hemos visto obligados a mudarnos para tener empleo). El término "salario discrecional" nos suena a chino. Mientras los candidatos hablan de la seguridad social, de Medicare y del mercado accionario, nosotros cortamos nuestras tarjetas de crédito y rentamos nuestros sofás para pagar las cuentas.

Aunque la recesión haya terminado, aunque la economía se haya recuperado, los millenials no pueden abordar su futuro y han perdido la confianza en los partidos políticos que les prometieron el cielo y las estrellas. Mientras los partidos dan prioridad a los ricos, parece que la mayoría ha olvidado que se necesita un líder que inspire a los electores.

No obstante, una de las cosas notables es que el auge de las redes sociales y el cambio en la composición demográfica podrían haber logrado que al menos algunos de los candidatos estén más conscientes de las necesidades de los millenials. El socialista Bernie Sanders se dirige directamente a nuestra generación cuando habla de proteger el empleo, recortar el gasto en defensa y proteger a los maestros, todo sin grandes donantes que lo respalden.  Donald Trump, a quien al parecer controlan los grandes intereses, habla de temas de los que los republicanos nunca hablan: critica a quienes explotan los fondos de inversión y habla de colmar las lagunas fiscales.

Lo que podría concluirse de todo esto es que aquellos políticos que no dan prioridad a las necesidades de las minorías, de los millenials y de los trabajadores de salarios bajos, no sirven para nada. Pero tal vez hayamos llegado a un punto de inflexión. La generación más grande de la historia está atrofiada… y eso es malo para el futuro de Estados Unidos. Los candidatos a la presidencia harían bien en adoptar las prioridades de esta generación.

Bakari Sellers, de 31 años, es colaborador de CNN; fue diputado demócrata en la Asamblea de Representantes de Carolina del Sur de 2006 a 2014. Es abogado y trabaja en el bufete Strom en Carolina del Sur. Síguelo en Twitter como @Bakari_Sellers.

Imagina que tratas de mantener a tu familia mientras pagas un préstamo estudiantil de 1,300 dólares al mes (unos 20,000 pesos), más de lo que cuestan la mayoría de las hipotecas. Imagina que tratas de enseñar a tu hijastra de diez años que puede ser lo que ella quiera al mismo tiempo que uno de los principales candidatos a la presidencia se burla en vivo del ciclo menstrual de una reportera. Imagina que entierras a uno de tus amigos, el reverendo Clementa Pickey, y a ocho personas más que murieron por su raza mientras rezaban en la iglesia metodista episcopal africana Mother Emanuel en Charleston, Carolina del Sur.

Estas no son preguntas retóricas ni situaciones hipotéticas. Esta es mi vida. Es más frustrante aún (más irritante) porque yo soy uno de los afortunados.

Quiero candidatos que reconozcan estas cosas porque tengo demasiados amigos que hicieron lo que les dijeron que hicieran: se esforzaron, gastaron mucho dinero en escuelas buenas y obtuvieron títulos avanzados… y siguen trabajando de meseros. He conocido a demasiadas mujeres que no pueden trabajar porque su salario anual no alcanza para cubrir el costo de las guarderías. He visto demasiada desesperanza en mi estado. He sentido mucha ira. He asistido a demasiados funerales y sé que no soy el único.

He estado esperando a que los candidatos a la presidencia hablen de estos temas que yo he vivido, pero hasta ahora no he escuchado gran cosa. Los demócratas no han dicho lo suficiente y los republicanos no han entendido nada.

Pero sigo esperando, presionando y orando.

Robby Soave, de 27 años, es originario de Detroit, vive en Washington y escribe sobre educación superior para la revista libertaria Reason. Síguelo en Twitter como @robbysoave.

Mi segundo año en la Universidad de Michigan coincidió con el surgimiento de Barack Obama como candidato preferido de los jóvenes durante la campaña de 2008. Fui testigo de cómo este senador joven de Illinois inspiró a mis compañeros.

Es fácil olvidar, particularmente tras varios años de intervenciones ininterrumpidas en Medio Oriente, que el único tema que atrajo a tantos jóvenes fue la promesa de Obama de acabar con las guerras en Iraq y Afganistán. Es una promesa que no ha cumplido del todo; uno de mis amigos que hizo campaña intensamente a favor de Obama quemó sus materiales de campaña en protesta a la campaña de bombardeos que el presidente hizo en Iraq a mediados de 2014.

Aunque los jóvenes electores sientan menos entusiasmo que hace seis años por la vida con una dirigencia demócrata, es difícil imaginar que muchos se alineen con el Partido Republicano si sus candidatos a la presidencia siguen enfatizando la paranoia por la seguridad nacional como tema predominante de las elecciones de 2016.

Los millenials son más escépticos antes la política externa intervencionista que los estadounidenses de más edad. Según un ensayo reciente del Cato Institute, los millenials "perciben menos amenazas en el mundo que sus mayores" y apoyan menos la guerra.

Aunque los estadounidenses jóvenes se sienten astutamente seguros de las amenazas externas, les preocupa su situación económica. Cualquier candidato que quiera provocar niveles de dedicación como ocurrió con Obama debe dejar de obligar a los millenials a aceptar más guerras interminables (guerras en las que los obligarán a participar) y concentrarse en lo que harían para expandir las posibilidades de empleo para la gente menor de 30 años.

Jamia Wilson, de 34 años, es escritora y activista femenil; vive en Nueva York. Es directora ejecutiva de Women, Action, and the Media, una organización dedicada a promover la justicia de género en los medios de comunicación. También escribe en la revista Rookie.

Como parte de los 40 millones de estadounidenses que tienen deudas estudiantiles y parte del 45% de la población de Estados Unidos que vive con una enfermedad crónica, busco un presidente que valore la justicia social y la igualdad. Particularmente me concentro en los candidatos que tienen antecedentes de apoyar la atención médica para las mujeres y el acceso a una atención médica asequible e integral en general.

Es más, como mujer afroestadounidense que está pensando en crear una familia, me preocupa que las mujeres negras de este país se ven desproporcionadamente afectadas por las muertes relacionadas con el embarazo. Quiero escuchar que los candidatos planeen cómo abordar esta crisis con servicios asequibles y soluciones políticas.

Al igual que muchos de los millenials de más edad, estoy superconcentrada en las posturas de los candidatos sobre los temas de la asistencia para el pago de los préstamos estudiantiles, la atención médica, los derechos reproductivos y la brecha salarial por raza y género. He escuchado muy poco al respecto, lo cual es extraño dado su efecto enorme. Sí, también deberían concentrarse en el acceso a las universidades y a la reforma de las deudas estudiantiles para los estudiantes actuales y futuros, pero soy parte de una generación que sigue pagando un precio elevado por buscar esa educación superior. Espero que los candidatos den el ejemplo al ayudar a los nuevos estudiantes universitarios, así como a todos los estadounidenses que cargan con la deuda estudiantil.

 Por eso es que los candidatos que buscan atraer a los jóvenes deben poner atención a las "electoras Beyoncé". Aunque Jesee Watters, de Fox News, haya acuñado el término peyorativo para menospreciar a las chicas solteras que según él probablemente votarían por la igualdad salarial, la atención médica y los anticonceptivos, algunas mujeres (entre las que me incluyo) han reclamado el término para representar el poder político de uno de los sectores demográficos de más rápido crecimiento en el país.

A pesar de la afirmación sexista de Watters, el presidente Barack Obama ganó a una cuarta parte del electorado al reunir casi el 70% del voto de las mujeres solteras. Los candidatos pagarán caro si desprecian a las electoras negras ya que constantemente representamos el sector que más vota entre las mujeres de color, además de que representamos a una de las poblaciones de más rápido crecimiento entre las mujeres solteras de todo el país.

La brecha salarial, los préstamos estudiantiles, la atención médica. Los electores jóvenes (como las electoras Beyoncé) tienen interés en temas que los afectan directamente y muchas veces son diferentes de los temas que se han tocado en los debates presidenciales hasta ahora.

Raiyan Syed, de 33 años, trabaja como consultor en la promoción de los derechos civiles de las comunidades de indigentes e inmigrantes. Trabaja en temas como la reforma educativa, la lucha contra el fanatismo y el odio. Vive en Boston. Síguelo en Twitter como @raiyansyed.

Durante mi niñez en Bangladesh me rodearon la incertidumbre y la desesperanza. La violencia política perpetua, la corrupción y el sistema fallido de "justicia" penal mantenían al país al borde del desastre.

Mis padres emigraron a Estados Unidos cuando yo tenía siete años con la esperanza de tener un futuro mejor y lo hicieron a pesar de que ignoraban las realidades que enfrentaríamos. Venimos a Estados Unidos porque era la tierra de las oportunidades. Mis padres sacrificaron todo lo que tenían para darme la oportunidad de tener éxito y, gracias a su esfuerzo, tuve la oportunidad de tener una educación adecuada que podía usar para ascender.

Como inmigrante que creció en Estados Unidos, aprendí a apreciar y a amar a mi país porque nuestros valores nos obligan a cumplir estándares más altos. Veinticinco años después, soy testigo de cómo el acceso a las oportunidades se desvanece, no solo para las comunidades de indigentes e inmigrantes (ya sea en el corazón de Estados Unidos, en el Cinturón Bíblico o en sus ciudades), sino también para nuestra clase media. Tengo un hijo de dos años y me pregunto si la generación de mi hijo tendrá la oportunidad de vivir el sueño estadounidense.

Las políticas económicas fallidas que favorecen a los estadounidenses más ricos y el sistema de justicia penal deficiente que encarcela a una cantidad desproporcionada de gente de color perpetúan la pobreza y las injusticias raciales, además de que afianza un estatus quo que favorece a las élites privilegiadas.

Esto tiene que cambiar. Necesitamos a un candidato presidencial que esté dispuesto a enfrentar al estatus quo de formas nunca antes vistas (dejando a un lado las tácticas tradicionales) y que desafíe audazmente a los centinelas de un sistema arreglado que sirve a los intereses de las élites a costas de la clase media estadounidense. La administración de Obama ha defendido los derechos de los proletarios pobres, pero incluso sus mejores intenciones se han quedado cortas.

¿Es posible tomar las ideas y la pasión de Elizabeth Warren y combinarlas con el carácter y las habilidades de un Colin Powell para obtener un líder que pueda generar la clase de políticas que necesitamos para levantar a nuestras comunidades olvidadas? ¿Habrá un líder que dé prioridad a la transformación de un sistema educativo roto que está provocando el profundo rezago de demasiados niños negros y morenos, que reforme el código fiscal con el fin de ayudar a los estadounidenses ordinarios y que arregle el sistema de justicia penal que les está arrebatando el futuro a demasiados jóvenes mientras sigue teniendo fe en la clase media estadounidense?

Sigo luchando por encontrar a ese candidato, pero no pierdo la esperanza.

Saba Ahmed, de 30 años, vive en Washington. Síguela en Twitter como @SabaAhmed1.

Los candidatos a la presidencia deberían dar un mensaje unificado e incluyente a todos los estadounidenses. Como musulmana estadounidense, me preocupa la situación de la seguridad nacional. Sin embargo, no me gusta que me hagan revisiones de seguridad adicionales en los aeropuertos solo porque llevo la cabeza cubierta.

No me gusta que vigilen nuestras mezquitas y nuestros hogares. No me gusta que las agencias de seguridad pública vigilen a nuestros jóvenes musulmanes. Soy republicana, pero me gustaría que los candidatos a la presidencia escucharan a los musulmanes y aborden nuestras necesidades.

Por ejemplo: recientemente tuve la oportunidad de conocer a Ted Carson y a Ted Cruz y al principio me desconcertaron sus sentimientos antiislámicos. Pero entre más hablaba con ellos, más claro me quedaba que yo era una de las primeras mujeres musulmanas con la que hablaban durante su campaña. Tenían que conocer lo básico del islam para poder entablar una conversación inteligente con los musulmanes estadounidenses, sin mencionar a los diplomáticos y a los líderes de los países islámicos.

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Los musulmanes, incluidos los musulmanes estadounidenses pueden ayudar a ganar la guerra contra el terror al brindar una narrativa que contrarreste el extremismo. Nos deben tratar con respeto y dignidad.

Me gustaría que los candidatos a la presidencia visiten las mezquitas de los estados clave para las elecciones y que entren en contacto con los electores indecisos de esos lugares. Pero sería asombroso que también viajaran al mundo islámico y dieran esperanzas a la gente de países mayoritariamente musulmanes como Pakistán, Afganistán, Iraq, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Turquía, etc. Necesitamos que ayuden a recuperar el estatus de Estados Unidos como faro de esperanza para el mundo. Inshallah (¡Dios quiera!).

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